Archive for junio 2018

Drogodependencia y Salud Mental

La drogadicción es una enfermedad que no afecta a una sola persona, sino que también a toda su familia y entorno. Especialistas y grupos de la sociedad civil se han organizado para que en Chile exista una ley de Salud Mental que contemple la adicción como una de estas dolencias. El siguiente especial se acerca a una realidad compleja y multidisciplinaria que sigue siendo un tabú en la sociedad chilena.

Crianza con Ternura: La Nueva Forma de Educar del Sename

Uno a uno fueron llegando los diferentes funcionarios del Sename de la Región Metropolitana para escuchar a Anna Christine Grellert, médico de nacionalidad brasilera y asesora del Área Internacional de la ONG World Visión, invitada a exponer y enseñar una de sus más actuales investigaciones: “La ternura como un enfoque de desarrollo humano y social a partir de la crianza”.

Grellert, con especialidad en pediatría, explica que científicamente la ternura (caricias y diálogo acogedor) reduce la carga emocional que traen los niños que ingresan al Sename y ayuda a que los infantes puedan enfrentar y hacerse responsables de sus propios actos. “Cada una de esas experiencias de ternura ayuda a reducir de un 30 a 40% riesgos de salud física y emocional. La ternura es protectora y a la vez estimulante del desarrollo del niño”, asegura Grellert.

Por su parte, el Jefe del Departamento de Protección de Derechos del Sename, Juan Ignacio Carmona, sostuvo que es muy importante instruir a los trabajadores para que ayuden a los niños a bajar la cantidad de violencia con la que vienen y mantienen durante su estancia en los centros de protección. Opinión muy similar es que la tiene Mirella Cáceres, cuidadora en el Centro Residencial de Pudahuel, quien con su propia experiencia explica la importancia de tratar con cariño a los niños para que puedan salir adelante en sus vidas.

El psicólogo familiar del Programa de Acogida de Familias Especializadas, Óscar Contreras, apunta a la necesidad de mejorar el trato hacia los niños, pero también entre los mismos trabajadores para sacar adelante el Sename.

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Los Inicios del Proyecto de Salud Mental

Entre los cientos de proyectos de ley que hay para discutir en la Comisión de Salud del Senado, hay uno en específico que tiene la etiqueta de “suma urgencia” impuesta por el Gobierno de Michelle Bachelet días antes de terminar su mandato. Se trata del documento que regula los derechos y deberes de las personas diagnosticadas con problemas de Salud Mental. El proyecto actualmente está compuesto por la información de tres personas: La Diputada Marcela Hernando (PRSD), el ex Diputado Sergio Espejo (DC) y la ex Ministra de Salud, Carmen Castillo, quien accedió a una de las demandas de un padre que este verano estuvo en huelga de hambre para que esta ley incluyera la internación involuntaria de personas drogadictas. Desde la Cámara de Diputados, la Diputada Hernando cuenta cómo este proyecto nació de una cruzada personal y la importancia de concientizar sobre la salud mental de los chilenos.

 

¿Cómo nació la idea de hacer este proyecto de ley?

Tengo dos proyectos de ley respecto al tema. El primero es reformar el artículo 19 de la Constitución para declarar la salud mental como un derecho. El segundo se fusionó con otro que presentó el ex diputado Sergio Espejo y que es específicamente de garantizar derechos y deberes a las personas que sufran de alguna enfermedad relacionada a la salud mental.

La idea nace de mi experiencia como médico. En ese tiempo (principio de los 90), se estaba instalando la salud mental en atención primaria. Yo participé elaborando las normas y siempre he sido sensible respecto al tema, ya que es una de las principales patologías que uno ve en atención primaria y que se reflejan en otros síntomas, como el estrés. Además, fueron aumentando las tasas de suicidios, lo que para cualquier persona que esté en contacto con la ciudadanía, da cuenta que esta es una de las principales consecuencias del sector salud mental. La falta de especialistas y lo caro de atenderse en forma privada son algunos de los factores que inciden en el pocos tratamientos que hay para estas personas. 

 

“Siempre he sido sensible respecto al tema salud mental, ya que es una de las principales patologías que uno ve en atención primaria”.

 

¿Considera usted la drogadicción como una enfermedad mental?

Sí.

 

¿Y porqué en su proyecto de ley no está considerado la drogadicción como un problema de salud mental?

Es que dentro de las enfermedades AUGE las adicciones están consideradas, pero solo en la división de jóvenes y con muchas restricciones en términos de financiamiento. Muchas veces la drogadicción es un síntoma de una enfermedad psiquiátrica que sí es tratada en el sistema público.

 

Su proyecto de ley se encuentra en discusión en la Comisión de Salud del Senado. ¿Qué opina del artículo que incluyó el Gobierno anterior de incluir la drogadicción como un problema de salud mental y por lo tanto poder internar involuntariamente a un paciente?

Una vez que uno envía el proyecto a la otra Cámara, tiene que esperar a que vuelva  para saber los cambios que se hicieron. Sé que el tema de la internación involuntaria lo han puesto asociaciones de padres por la dificultad que tienen las personas adictas de internarse voluntariamente. Pero respecto a este tema también se requiere la opinión de otros profesionales y ver qué opinan sobre este tipo de internación.

La Urgencia de la Salud Mental de un Adicto

El Dr. Juan Maass, director del Instituto Psiquiátrico Dr. José Horwitz Barak, participó en la presentación de la primera ley de salud mental, aún cuando reconoce que las leyes muchas veces no resuelven todas las problemáticas y se transforman en letra muerta si no hay una discusión ciudadana previa. Maass, con especialidad en psiquiatría, explica que los adictos son un grupo particularmente vulnerable, y más si son de sectores populares. En esta entrevista aborda la complejidad de los tratamientos voluntarios a los drogodependientes y plantea la posibilidad de que en una primera instancia la internación de un adicto pueda ser, de forma regulada, en contra de su voluntad.

Hay diferentes y contrapuestas opiniones sobre la internación voluntaria e involuntaria de una persona adicta.

– Existe la idea de que las drogas deben ser tratadas exclusivamente cuando la persona adicta voluntariamente decide suspender su adicción. Esto naturalmente es muy excepcional, porque los adictos normalmente no deciden, ya que están fuera de su plena conciencia, por eso se les exige a las familias que los ayuden a recapacitar. Los sectores que han perdido las redes sociales o que tienen pocos espacios sociales son los más vulnerables y los que definitivamente jamás van a encontrar esta solución.

¿Cual es la crisis o el drama más complejo que viven las familias vulnerables con relación a un integrante con consumo problemático de drogas?

– En primer lugar, las familias se hacen codependientes en cierta medida de estos pacientes. Entonces estos empiezan de a poco a abusar y no saben (la familia) hasta dónde ponerle límites. Llega un punto en que los pacientes son violentos y agresivos, les roban los pocos bienes que tienen, les roban la pensión a las personas ancianas y se va transmutando hacia una psicopatología bastante antisocial, porque justamente quieren recursos para obtener drogas. Esto hace que las familias que ya tienen fragilidades en este punto se hagan tremendamente frágiles y se derrumben. He visto muchas separaciones de mujeres abnegadas versus maridos que ya no soportan, se retiran y dejan la embarrada económica.

«Los sistemas de salud rechazan permanentemente a las familias de sectores populares porque la persona no quiere internarse voluntariamente».

 En sistemas familiares vulnerables resulta muy complejo convencer o motivar a los adictos a que se sometan a tratamientos. ¿La internación involuntaria puede ser una alternativa viable?

– Tenemos que hacer algún esfuerzo para preservar un acápite especial para situaciones con esta magnitud, conservando los deberes y derchos habituales de un paciente. Yo veo que los sistemas de salud rechazan permanentemente a las familias de sectores populares porque la persona no quiere internarse voluntariamente. De hecho, hay un caso muy emblemático de Rancagua donde un padre se encadenó y exigió que se le hiciera tratamiento a su hijo.

Pero muchos especialistas plantean que para un mejor resultado en el tratamiento, es indispensable la voluntad del adicto.

– Efectivamente el tratamiento tiene un mejor pronóstico si hay voluntad de sanar. Pero una posibilidad, que el proyecto de ley que actualmente se discute podría contemplar, sería permitir aclarar la conciencia del paciente que está normalmente bajo los efectos de las drogas. Entonces, una vez aclarada, la persona estaría apta para iniciar un tratamiento. Pero hoy día se parte del momento en que se sorprende al individuo en su dependencia y habitualmente está en forma tóxica, de modo que es muy complejo tomar una decisión.

 

¿Hoy no hay ningún argumento legal o médico en el sistema público y privado de salud para someter involuntariamente a un familiar a algún  tratamiento contra la drogadicción?

– Existe la opción, pero es muy complejo, sobre todo para estos pacientes, porque tendría que haber una red familiar suficiente que haga una solicitud una en la Seremi o en la justicia. Pero aún así no es fácil porque el sistema pone en primer lugar a personas con problemas psiquiátricos o enfermedades graves.

 

¿Usted tiene alguna idea de cómo debiera ser el mecanismo?

– Debería ser un mecanismo que permitiera que la persona se desintoxicara, y una vez desintoxicada, eligiera si quiere seguir siendo un adicto.

 

¿Usted está planteando que involuntariamente, por vía familiar, administrativa o legal, se pueda someter a un tratamiento hasta que «despierte» un poco, se desintoxique, y nuevamente someta su voluntad a determinación?

– Claro, porque la primera parte, al no estar consciente pleno, nos enfrentamos a lo que legalmente se llama locura o demencia transitoria. Al despejarse de la adicción, y hay que tener gente con ese concepto en la cabeza, a tratantes me refiero, porque hoy día el concepto predominante es que si no es voluntario pues chao. Entonces no hay ninguna etapa que permita convencer a estas personas de buena forma, no convencerlo a través de forma coercitiva. La hospitalización sería coercitiva, pero requiere todo una acogida y un apoyo.

 

¿Lo coercitivo sería un  tiempo breve?, ¿un par de semanas?, ¿un mes?

– Hasta que se desintoxique. Normalmente dura entre 10 y 15 días en promedio. También hay adicciones más graves como morfina, que pueden ser de más tiempo.

 

En el caso de que la ley determine lo que usted está diciendo, ¿están los sistemas de salud preparados con los especialistas y camas de hospitalización necesarias?

– No, no lo está. Y en el caso de especialistas, más que eso, aquí se necesita gente con los suficientes criterios y conductas hospitalarias para aceptar a estas personas, cuidarlas y preocuparse de hacerles ver la realidad. Por eso yo digo que la discusión de especialistas a veces me choca un poco, ya que aquí se necesita gente con visión psicosocial, que tenga una visión de las drogas como un fenómeno sistémico y social.

 

¿Es este hospital, cuántas personas hay en tratamientos ambulatorio o permanente y cuántos son por adicciones?

– Es difícil decirlo en cifras absolutas, porque las adicciones hoy día se han combinado en forma muy frecuente con la mayoría de las enfermedades mentales, entonces cuando uno habla de un adicto puro, la cifra es baja, estamos hablando de un 2% a 3%. La mayoría son adicciones duales (adicción más enfermedad mental).

 

¿Cómo se explica que hasta ahora los parlamentarios no hayan metido mano a esto?

– Las cosas van evolucionando. Por diversas razones los parlamentarios han tenido un doble mensaje, porque por un lado han promovido un tipo de droga y por otro han restringido otras, lo que es muy maldito en acciones públicas. Pero ese doble mensaje es complejo, porque al bajar la percepción de riesgo de por ejemplo la marihuana, se produce el concepto de que no es tan mala, pero es un fármaco cada vez más concentrado que produce en los adolescentes una detención en el desarrollo de maduración del cerebro. Aquí nos damos cuenta de que el mensaje está siendo equívoco.

Las Víctimas Invisibles de la Drogadicción

Fue en 2013 cuando mi hijo me contó que era adicto a la pasta base. En todos esos 19 años, no me había dado cuenta de lo que estaba sucediendo en mi casa, ya que Felipe no era una persona sociable, consumía a escondidas en nuestro hogar.

Hasta entonces, éramos felices: teníamos buena situación económica, viajábamos todos juntos y teníamos una casa en la playa y otra en el campo, donde solíamos arrancarnos de vez en cuándo. Mis dos hijos mayores estudiaban y mi esposo, que sufre de bipolaridad hasta el día de hoy, se había jubilado por esta enfermedad. Yo era la que manejaba toda la vida en la casa, y a pesar de que trabajaba todo el día como enfermera, siempre fui una madre presente.

Hasta que de un momento a otro tuve una trombosis y me obligó a estar seis meses en el hospital. Para Felipe esto fue lo peor que le pasó en la vida. Intentando superar su pena, se acercó a un familiar quien lo metió en la marihuana y luego en la fatal pasta base.

Al enterarse de que nuestro hijo era drogadicto, mi marido se descompensó. Me convertí en el sostén de él y mi hijo, dejando de lado mi trabajo. Le dijimos a Felipe que debía internarse, pero no quería. Luego de nuestras constantes súplicas, accedió.

Vimos a los mejores especialistas que había en el país para poder curar a nuestro hijo. Fue internado tres veces en el Hospital de la Universidad de Chile, donde gastamos más de $30 millones en su rehabilitación, sumado a los cuidadores que tenía que tener 24/7 para que no se arrancara o golpeara a alguien. Pero Felipe no mejoraba, cada vez que salía del tratamiento volvía a consumir pasta base.

Mi hijo nos empezó a robar para poder consumir. A veces yo llegaba a la casa y cuando veía que faltaban cosas, me daba cuenta de que había recaído. Incluso nos sacaba el sueldo completo del mes que guardábamos en efectivo, dejándonos sin dinero para pagar las cuentas o comer. Tuvimos que vender todo lo que teníamos, incluso fui a la feria a vender nuestras cosas para costear los tratamientos y remedios de Felipe.

Todo esto empezó a empeorar y mi familia se empezó a alejar. Ya no estaba el apoyo constante de mis otros hijos, ya que ellos se agotaron de la situación de su hermano, de los robos, de la violencia. Eso como madre duele mucho, sobre todo cuando además tienes que soportar la discriminación de los demás por tener un hijo drogadicto.

Pero lo peor estaba por venir. El mundo se me vino abajo cuando Felipe, debido a la ansiedad que sentía al no consumir la droga, intentó suicidarse varias veces. Y lo hizo de las peores formas, que jamás imaginé: se hacía cortes en los brazos y la cabeza, intentó ahorcarse y hasta se enterró una tijera en el pecho. junto a mi marido tuvimos que socorrerlo en varias oportunidades. A pesar de que muchas veces en sus ataques de furia rompía todo lo que veía en la casa, nunca me golpeó. Felipe mide más de 1.80 y cada vez que salía a la calle, yo lo abrazaba y le pedía llorando que por favor parara todo esto.

Vivimos tres años con estos episodios, hasta que supimos otra mala noticia. A mi esposo le diagnosticaron cáncer de pulmón y yo debía acompañarlo en todo ese proceso. Pero si dejaba solo a mi hijo, él iba a seguir consumiendo aún más pasta base y nos iba a vender lo poco que quedaba en nuestra casa. Decidí hablar con él y le dije que si no iba a colaborar con la enfermedad de su padre dejando la droga, tomara todas sus cosas y se fuera. Le dije: yo siempre te voy a querer pero no puedo seguir aguantando que sigas consumiendo algo que te está matando.

Yo generalmente me considero una mujer fuerte, pero dos días después de echar a Felipe no pude más y me puse a llorar en un banco en la Alameda de Rancagua. En ese momento vi al actual alcalde Eduardo Soto, a quien me acerqué y le pedí ayuda. A los pocos días me consiguió un cupo en un centro de rehabilitación de la ciudad, donde el primer mes sería gratis.

El único problema es que yo ya no sabía dónde estaba mi hijo. A través de un llamado de mi hermano menor, supe que Felipe estaba durmiendo afuera de la casa de mis padres, quienes no lo dejaban entrar porque anteriormente les había robado algunas cosas. Fui a buscarlo, me reencontré con mi hijo, lloramos juntos y él se comprometió a ir al centro de rehabilitación. Aunque recayó algunas veces, ya van más de cinco meses que ya no está consumiendo drogas, lo que me tiene muy feliz y con mucho ánimo para ayudar a otras familias que por culpa de esta enfermedad llamada drogadicción están viviendo un infierno. Porque la droga es el infierno.

Después de todo lo que mi familia ha vivido, decidí unirme a AFA (Asociación de Familiares Angustiados) para poder cambiar la realidad sobre la drogadicción en Chile. Uno de nuestros primeros propósitos es que se apruebe una ley que incluya a las adicciones como un problema mental. La droga es una enfermedad que no solo destruye al que la padece, sino que también a las personas que más amas.

¿Cómo se Soluciona el Problema de la Drogadicción?


Médico Cirujano de la Universidad de Chile, experto en políticas de drogas y medicina cannábica, y presidente de la ONG Latinoamérica Reforma

“La solución política es intervenir la vulnerabilidad social con programas educacionales, preventivos y terapéuticos a diversa escala. También se debe contar con una ley que no criminalice el consumo ni las faltas menores asociadas al consumo, sino que se preocupe integralmente del ciudadano, asegurando su capacidad de sobrevivir, trabajando con una salud mental razonable”.

 

Médico psiquiatra, director del Instituto Psiquiátrico Dr. José Horwitz Barak

“Existe la idea de que las drogas deben ser tratadas exclusivamente cuando la persona adicta voluntariamente decide suspender su adicción. Esto naturalmente es muy excepcional, porque los adictos normalmente no deciden esto, más bien están fuera ellos, de su plena conciencia. Por eso debe existir una posibilidad de internación involuntaria que permita aclarar la conciencia del paciente que está bajo los efectos de las drogas. Entonces, una vez aclarada, la persona estaría apta para iniciar un tratamiento voluntario”.

 

Presidente Fundación Dimas, que ayuda a la reinserción social y rehabilitación de personas privadas de libertad

“Empezar la prevención en los colegios es lo primordial, ya que los mismos profesores pueden identificar a los niños que están teniendo problemas en sus casas. Luego se debe abordar a la familia para prevenir que este niño caiga en las drogas. Además, el Gobierno debe realizar un trabajo con las poblaciones, ya que ahí es donde se instala el tráfico de drogas, afectando a todas las personas que viven en el lugar”.

 

Director de la Fundación Cristo de la Noche, que ayuda a rehabilitar a personas en situación de calle

“El Estado está equivocado respecto a la rehabilitación de las personas, ya que solo los toman como un número. Se deben hacer centros de rehabilitación de día para que las personas vengan y conozcan otras realidades. El problema de drogadicción es mental y con un cambio propio se puede solucionar”.

 

 

Representante de la Asociación de Familiares Angustiados (AFA)

“Se necesita una ley integral de drogadicción que contemple los ámbitos social, familiar, judicial y sanidad mental. Además, se necesitan lugares de internación y rehabilitación obligatoria en cada región para tratar las adicciones y asegurar tratamiento mental a las familias de las personas enfermas”.

 

 

Directora Ejecutiva ONG Psicólogos Voluntarios de Chile

“El Estado debe regular de mejor manera las drogas que entran al país, ya que hay sustancias que generan mayor adicción, como la pasta base. Las organizaciones de la sociedad civil también tienen que participar de esta solución, levantando la problemática para que se pueda legislar al respecto”.

Migrantes: Una Doble Condena

Aunque siempre está el temor a que te pillen, nunca pensé que caería en Chile. Soy Fabiola, tengo 28 años y hace siete estoy presa en el Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín por tráfico de drogas.

Antes de convertirme en una burrera, mi vida en Bolivia era muy normal. Trabajaba en una empresa de alimentos, vivía con mis padres y mis cuatro hermanos. Pero de un momento a otro mi papá se buscó otra mujer y nos dejó en la calle. No teníamos casa dónde vivir, ni nada para comer. Ahí fue que mi mamá, en la desesperación por tener un techo donde estar, se acercó a uno de mis tíos que traficaba cocaína para pedirle ayuda. Ella se transformaría en una burrera para llevar la droga hacia Brasil, Perú, Argentina y Chile.

De un día para otro mi mamá desapareció y me enteré que estaba en Brasil, vendiendo drogas. Viajé inmediatamente para allá y le dije que yo tomaría su lugar, que ella ya se había sacrificado lo bastante por nosotros y que necesitaba descansar. Así fue como me convertí en burrera.

Estuve casi dos años en el negocio, hasta que me tocó llegar a Chile y me atraparon. Primero estuve unos meses en la Cárcel de Arica, donde obtuve beneficios por buen comportamiento, ahí me iba a visitar mi madre quien se sentía culpable por todo lo que me estaba pasando, por eso ella quedó al cuidado de mi hijo que dejé en Santa Cruz con solo dos añitos. Desde ese día, y por más de siete años, lo he visto por fotos y videollamadas.

A nosotras las extranjeras nos afecta más estar lejos de nuestra familia, ya que no nos pueden visitar como lo hacen los hijos o madres de las chilenas. Para superar mi pena, decidí hacer cosas dentro de la cárcel; primero comencé como cocinera en el casino, luego fui la ayudante del director del recinto y después me dieron la libertad condicional.

Aún me quedan dos años de encierro, pero por mientras pedí permiso para trabajar en un taller de costura. Espero postular a rebajar mi condena y luego irme a mi país, ya que tengo una orden de expulsión de Chile. Estoy pagando un doble castigo, no poder ver crecer a mi hijo y estar vetada de por vida en este país. Sé que se me va a apuntar con el dedo de por vida: por ser mala madre, mala mujer y mala persona, tal como me han dicho dentro y fuera de la cárcel. Pero al menos tengo la conciencia tranquila, de que todo lo hice por el bienestar de mi familia.

 

La realidad del tráfico de drogas por mujeres en Chile el año 2016

FUENTE Gendarmería, 2016.