Archive for abril 2020

Organizaciones solicitan al gobierno reconocer la bicicleta como servicio básico

Este martes, diferentes organizaciones de la sociedad civil, mediante una carta, solicitaron al gobierno la incorporación de la bicicleta a la categoría de servicios básicos de utilidad pública y de alta valoración social.

El documento está dirigido a los ministros de Interior, Salud, Hacienda y a la Ministra de Transportes, suscrito por Red Nacional de Convivencia Vial, la Red de Movilidad del Nuevo Pacto Social, y el patrocinio del Consejo de la Sociedad Civil (COSOC) de la Subsecretaría de Transportes. La iniciativa busca reconocer el aporte natural de la bicicleta en su capacidad de movilizar personas, transportar pequeñas cargas, y mantener el distanciamiento social, tal como lo recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS)

La carta detalla dos puntos esenciales:

  1. Al Ministerio de Hacienda solicitamos ampliar la Resolución Exenta Número 88, fechada 6 de abril y publicada en el diario oficial, el 8 de abril de 2020, incorporando a la bicicleta, sus tiendas, talleres y servicios asociados de biciestacionamiento y reparto, entre los bienes de uso esencial.
  2. Al Ministerio del Interior solicitamos enriquecer el Instructivo del 23 de marzo de 2020, incorporando a la bicicleta, sus tiendas, talleres, servicios asociados de biciestacionamiento y de reparto a la lista de servicios considerados críticos. 

Lo anterior busca otorgar a su personal esencial salvoconductos colectivos, guardando todos las medidas exigidas para evitar la propagación de la Covid-19. Esto permitirá igualar las condiciones que ya hay en China, Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Ecuador, México, Bélgica, Checoslovaquia, Polonia, Perú, Colombia, Canadá, por nombrar a algunos países donde la autoridad sanitaria recomienda moverse a través de la caminata o usar la bicicleta.

¿Cómo ha sido la recepción por parte de las autoridades?

Las oficinas de partes no están funcionando presencialmente, los correos electrónicos no están publicados en los sitios web, asegura Amarilis Horta, directora de Bicicultura, no obstante “al llamar por teléfono a las instituciones, pudimos ir hablando con algunos jefes de gabinete para tener una primera impresión y en general, la recepción ha sido muy buena” añade la también miembro del Nuevo Pacto Social

 

 

Horta también hace énfasis en que a la mayoría de las personas les parece positivo que se reconozca a la bicicleta con este estatus especial debido a su utilidad pública y esencial en medio de este tipo de crisis, así como que es un vehículo de cero costo, que permite respetar la distancia social, y no contamina.

Desde Bicicultura, aseguran que reciben constantemente inquietudes vía correo electrónico y redes sociales de personas que necesitan trasladarse a comprar alimentos o dejarlos a familiares y no tienen transporte público, y la única manera en que pueden llegar es en bicicleta. Esas personas no tienen donde llevar su vehículo a reparar o reacondicionar para poder moverse en ella, junto con ello, las redes de servicios que han detenido su funcionamiento por estar en cuarentena, como talleres y estacionamientos con custodia.

 

Iniciativas ciudadanas son esperanza en tiempos de crisis

Para enfrentar esta crisis sanitaria sin precedentes en el último siglo, necesitamos más cercanía humana que física. Y esto lo han entendido los ciudadanos que mediante iniciativas de apoyo han sido el motor de la solidaridad y la empatía.

Ya van más de 2 millones de personas en el mundo que se han contagiado de coronavirus, lo que ha desembocado en el colapso general del sistema de salud. Frente a esto, una de las principales medidas que han adoptado los países, incluyendo Chile, es la  cuarentena, sea obligatoria o voluntaria. En medio de esta crisis, con distanciamiento físico como contexto, se han levantado iniciativas ciudadanas que han permitido fortalecer el tejido social. Así, hemos visto desde apoyo de vecinos organizados, profesionales voluntarios para prestar ayuda en violencia de género; asistencia y acompañamiento vía telefónica para adultos mayores o personas con problemas de salud mental; pasando por la entrega de canastas con insumos básicos para las familias más vulneradas; hasta conciertos virtuales de reconocidos artistas, entre otras expresiones de solidaridad.  Incluso, el solo hecho de hacer cuarentena voluntaria es un acto de responsabilidad social, al entender que prevenir el contagio propio, previene el de los demás y sobre todo el de los grupos de riesgo.

Dentro de estas iniciativas de la sociedad civil están aquellas que tienen como objetivo apoyar al colapsado sistema público. Una de ellas es la organización de un grupo de vecinos de Peñalolén que está confeccionando mascarillas quirúrgicas para el personal médico del Hospital Luis Calvo Mackenna. 

Son 20 vecinos que a pesar del distanciamiento físico que ha implicado la pandemia, han aprovechado la tecnología, y a través de la aplicación Whatsapp se coordinaron para buscar materiales, dividir la cantidad de mascarillas que pueden hacer cada uno, y entregar al hospital. Uno de los logros de este trabajo en equipo fue haber conseguido una máquina para cortar tela, lo que permitió aumentar su producción. Estamos hablando de que en los primeros 3 días funcionando habían confeccionado más de 1.000 mascarillas.

Manuela Garretón es diseñadora de vestuario independiente, y dada la contingencia, su taller en Providencia se encuentra cerrado y su negocio en pausa. Esta iniciativa la volvió a activar. “Por vivir bajo privilegio -vivo en mi casa materna- no tengo que generar dinero para pagar ningún servicio. He estado con muchas ganas de hacer cosas, pero al mismo tiempo superdesanimada, con mucha incertidumbre, y quizás lo que me hizo poner en plan de activarme fue poder ayudar a otros», expresó.

Manuela es quien se encarga de buscar los materiales y distribuirlos, tomando las estrictas medidas para evitar el contagio. Además junto a otras dos vecinas coordina el uso de la máquina que corta los pliegos, y gracias a su experiencia, puede automatizar mejor el proceso. “Aunque estamos hablando de miles de productos, yo creo que nunca había trabajado cortando ni cosiendo más de 100 productos», contó. Luego de cortar las telas, distribuyen los materiales y cada designada por zona geográfica reparte a las demás voluntarias.

Esta actividad ha estrechado lazos entre las vecinas, pero Manuela se lo atribuye a  otro hito histórico. “Desde el 18 de octubre nos salimos de nuestras individualidades y hemos empezado también a conocer nuestros barrios más cercanamente, por lo menos yo por ejemplo me empecé a congregar en una agrupación feminista en Peñalolén».

 

Por ti, por mí  y por todos mis compañeros

No sólo es la confección de mascarillas la única iniciativa ciudadana. Techo-Chile junto a Hogar de Cristo, Fondo Esperanza, Movidos por Chile, Red de Alimentos y Servicio Jesuita a Migrantes, con el apoyo del Ministerio de Desarrollo Social, lanzaron la campaña “Chile Comparte” orientada a recolectar insumos básicos como comida y productos de higiene para entregar a las familias más vulneradas.

En esta línea también está la iniciativa de  la Secretaría de Mujeres Migrantes que busca financiamiento para armar canastas básicas de alimentos para la población migrante, afectada por el creciente desempleo dado el contexto actual.

La Covid-19 también ha obligado a otras cooperativas a cambiar su sistema colaborativo, como le pasó a  “La Canasta”, una organización sin fines de lucro que hacía ocho años venía trabajando con productos amigables con el medio ambiente, alimentos sin agrotóxicos, y orgánicos, en alianza con pequeños productores agrícolas, beneficiando a sus socios. Pero, cuando partió la cuarentena voluntaria, decidieron abrir sus puertas para que cualquier persona (socia o no) pudiera hacer pedidos. El trabajo se ha triplicado, por lo que son muchas las manos que se han necesitado en este último tiempo.

Son 100 voluntarios que trabajan rotándose semanalmente en equipos de 20. “Definimos tres cosas centrales para poder operar en esta contingencia, la primera es que vamos  a abrir a todo el mundo; la segunda que vamos a repartir, cosa que nosotros nunca habíamos hecho; y la tercera nos dimos cuenta de  que nuestra oferta tiene la limitación relacionada al cambio de estación y es que teníamos muy poca fruta y que la gente igual iba a salir a comprar a otro lado. Entonces resolvimos un acuerdo con la feria de Peñalolén para traer frutas, y así  venderlas acá a precio costo” detalla Jossie Escárate, socia de La Canasta.

#TodosJuntos

No todos los actos de solidaridad tienen detrás un aparataje, ni una gran logística, hay otros más cotidianos que de igual manera son invaluables: vecinos que se ofrecen para hacer el aseo de sus edificios o el cuidado de los jardines comunes, de manera que los conserjes puedan cumplir su cuarentena, sobre todo aquellos que son adultos mayores; aquellos que dejan libros en la entrada de sus casas para que alguien más  pueda leerlos; los músicos que tocan su instrumento desde el balcón; otros que se ofrecen a hacer las compras de personas pertenecientes a grupos de riesgo; ciudadanos que reparten comida en las largas colas que se hacen para cobrar el seguro de cesantía, o al personal de la salud que se expone día a día para enfrentar la pandemia. Todo esto nos dice que el contacto físico es importante, pero lo que mantiene el tejido social son la solidaridad y la empatía.

«Quizás esta crisis nos enseñe de una vez que no somos tan diferentes y que nuestra humanidad podría tener entre manos un destino común de empatía y cuidado por los otros. Y hoy como nunca en nuestra historia hemos experimentado esa certeza» reflexiona Nicolás Cruz, director ejecutivo de la Fundación base Pública.

Conoce más sobre estas iniciativas en nuestra Cápsula BP.

 

La cuarentena no garantiza la integridad de las mujeres

En medio de la pandemia, se ha hecho urgente establecer cuarentenas para neutralizar la propagación del virus, pero ¿qué pasa en los hogares donde está presente la violencia como una constante? Estar tanto tiempo en casa ha aumentado el peligro para las mujeres, así lo demuestran cifras de diferentes países como  China, Corea, Italia, Francia. En Chile la situación no es diferente.

 

 

Durante el primer fin de semana en cuarentena, en nuestro país las denuncias por violencia intrafamiliar al fono 1455 del Ministerio de la Mujer aumentaron en un 70%, además, Fiscalía Nacional informó de un aumento de un 250% en los femicidios frustrados en marzo 2020, al compararlos con el mismo período 2019.

 

 

ONU Mujeres ya advirtió sobre esta situación: Para muchas mujeres y niños la casa puede ser un lugar de miedo y violencia y la situación se agudiza en tiempos de cuarentena total”. Realidad que se planteó en una reunión organizada por CEPAL y ONU Mujeres sobre Mecanismo de Adelanto de las Mujeres de América Latina y el Caribe de los efecto de la Covid-19, bajo la presidencia de Chile.  

Desde las organizaciones de la sociedad civil como la Red Chilena contra la Violencia hacia la Mujer y Abogadas Feministas, se habló de la falta de interés gubernamental por prevenir el alza de estos indicadores, debido a la oportunidad única de prepararse con anterioridad a los hechos al ver lo que pasaba en el mundo.

 

 

Yoselin Fernández, Vocera de la Red Chilena contra la Violencia hacia la Mujer, hace énfasis en que no solo se debe contar este tipo de mecanismos, sino también con otros más robustos como que el sistema judicial pueda realmente proteger a las mujeres del peligro.

Conoce más sobre esta realidad del encierro, en esta nueva Cápsula BP.

 

 

Encuentro y comunidad en tiempos de Covid

Con o sin coronavirus la realidad de cientos de barrios de nuestro país es que no tienen una plaza en la que jugar, encontrarse, respirar o leer. Muchas personas no echan de menos su plaza sencillamente porque no la tienen o, peor aún, porque no son espacios seguros, tranquilos ni agradables para estar.

Probablemente vivir una pandemia no estaba en los planes de nadie, es difícil imaginar cómo se podría estar bien preparado para algo así. Seguramente también es imposible dimensionar cómo cambiaremos como sociedad y como personas. Nuestras prioridades se han visto trastocadas, casi todo lo que parecía importante, de un minuto a otro dejó de serlo y pequeños actos cotidianos se transformaron en placeres invaluables en tiempos de cuarentena. Hoy las ciudades están vacías, todos esos espacios que eran parte de nuestro paisaje parecen lejanos y están inhabitados. Al verlos así los valoramos aún más. Valoramos la plaza, la banca, el camino al trabajo, los árboles y el cemento. Y sobre todo valoramos encontrarnos con otros.

Y es en ese encontrarnos con otros, donde se redefine el concepto de comunidad. La comunidad es la cualidad de lo común, de lo compartido, es la búsqueda del bien común para un grupo en particular y para el colectivo. Y hoy día la mejor manera de ser comunidad es cuidarnos entre nosotros. Para eso el llamado es uno solo: quedarse en la casa, no salir, teletrabajar. Para la mayoría es un gran desafío con distintos niveles de complejidad, para algunos es armonizar el trabajo y los niños sin colegios, para otros la complejidad de las labores domésticas o de la esfera del cuidado, para muchos otros puede ser la soledad.

Pero también hay un porcentaje importante de chilenos y chilenas para quienes es absolutamente inviable quedarse en la casa porque es igual a dejar de comer, o bien, el hogar implica muchos más riesgos que el propio coronavirus. No sólo eso, sólo en la Región Metropolitana hay cerca de 185 mil viviendas que presentan indicadores de hacinamiento. Y en comunas como La Pintana o Puente Alto el promedio de tamaño de las viviendas es aproximadamente de 40 m2. Es así, como la pandemia también nos obliga a mirar la ciudad y la justicia con otros ojos.

Muchas personas no echan de menos su plaza sencillamente porque no la tienen o, peor aún, porque no son espacios seguros, tranquilos ni agradables para estar. Y de hecho según la última Encuesta de Percepción de Calidad de Vida Urbana del Minvu, un 40% de las personas no usa sus plazas y parques, y las razones probablemente se vinculen a los factores anteriormente mencionados.

Hoy día la ciudad no nos puede acoger en sus espacios tradicionales sin suponer un riesgo. Esa ansiedad por volver a ocuparla domina buena parte de nuestra energía. Hoy no es tiempo de ir a la plaza ni de usar los espacios públicos como estamos acostumbrados, es tiempo de aprender a encontrarnos, cuidarnos y acompañarnos de maneras que jamás nos imaginamos. Cuando llegue el tiempo de volver a las plazas, las miraremos de otra forma, porque todos y todas vamos a ser distintos y en el mejor de los casos, la falta de espacios de encuentro de calidad se transformará en una prioridad a la hora de planificar ciudades y de tomar decisiones.

 

*El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la Fundación Base Pública.

 

«El déficit habitacional está agudizando la pandemia»

Base Pública entrevistó a Sergio Baeriswyl, Presidente del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano, con el fin de analizar los dinámicas urbanas enmarcadas en la crisis sanitaria del Covid-19. Así, Desde una mirada de planificación urbana, Baeriswyl habla sobre las enormes dificultades para enfrentar la pandemia. 48.000 hogares que hoy día viven en campamentos, de ellos más de un 30% no tiene agua potable ni alcantarillado, por ejemplo.

Además, el arquitecto y urbanista consideró necesario dar respuestas provisoria para paliar la crisis. “Habrá que ensanchar veredas, aunque sea provisoriamente, tener más ciclovías, la distancia física es muy importante”.

Conoce en detalle las apreciaciones de quien fue reconocido con el premio Alfredo Johnson del Colegio de Arquitectos de Chile en el año 2008, además de haber desempeñado cargos como asesor en la administración pública en diferentes instituciones del país.

Revisa acá: Cuarentena en nanodepartamentos: cuando nuestro único resguardo no lo es

Revisa acá: Coronavirus y la escasez hídrica en los territorios

 

 

«Mi héroe eres tú»: El libro de la OMS que explica la pandemia a niños y niñas

La Organización Mundial de la Salud lanzó un libro para niños y niñas llamado «Mi héroe eres tú. ¡Cómo pueden los niños luchar contra la Covid-19!”, que busca explicar esta pandemia y cómo podemos vencerla si todos ponemos de nuestra parte.

Dirigido a niños de entre 6 y 11 años, da cuenta de las emociones que surgen en niños y niñas en medio de la cuarentena y da tips acerca de cómo sobrellevarlas. Esta publicación de 26 páginas contó con la participación de más de 1.700 niños, padres, cuidadores y profesores de 104 países, así como con expertos mundiales de los Organismos Miembros del Grupo de Referencia del Comité Permanente entre Organismos sobre Salud Mental y Apoyo Psicosocial en Situaciones de Emergencia (GR IASC SMAPS). 

El libro está contado desde la perspectiva de una niña pequeña que con la ayuda de un amigo imaginario que la protege del virus, va a explicarle al mundo cómo podemos mantenernos seguros en cuarentena voluntaria.

Conoce más al respecto en esta nueva Cápsula Base.

Presidente y organizaciones se reúnen para hablar de la actual crisis

Con el fin de conversar sobre la crisis que se vive, y sobre cómo avanzar en la agenda social, este 22 de abril, el presidente  se reunió con distintos representantes de la sociedad civil: Benito Baranda de América Solidaria, Rodrigo Jordán de Comunidad de Organizaciones Solidarias, Matías Vallejos de Nuevo Pacto Social, Alejandra Sepúlveda de Comunidad Mujer, miembros de nuestra Alianza Ciudad y Territorio: Sebastián Bowen de Techo-Chile, Catalina Littin de Superación de la Pobreza-Servicio País y Gonzalo Vial de Huella Local (vía remota).

Comunidad Mujer aprovechó el espacio para entregarle al mandatario un documento que revela los preocupantes aumentos en los niveles de violencia intrafamiliar.

Por su parte, Sebastián Bowen consideró importante la reunión para potenciar el trabajo intersectorial, sobre todo en tiempos de pandemia, y resaltó la necesidad de incorporar a otros actores como “las organizaciones comunitarias de aquellas familias y comunidades más vulnerables de nuestro país”. Asimismo hizo énfasis en que la problemática debe enfrentarse desde todas sus dimensiones: “La sanitaria, la económica y también la habitacional”.

Rodrigo Jordán, presidente de Comunidad de Organizaciones Solidarias (COS), calificó el encuentro como una buena iniciativa a la crisis, “que no es una, sino varias: la sequía, la Covid-19, la social -que está pospuesta de alguna forma-”, precisó.

Para Benito Baranda, el encuentro fue necesario para poner al presidente al tanto de la situación de las fundaciones. “Nos ha escuchado, lo que estamos viendo desde las organizaciones, lo que estamos sufriendo. Y ha tomado varias propuestas para hacer modificaciones en la política pública y acelerar lo que viene”.

 

¿Se llegó a algo concreto?

El presidente de la COS explicó que no hubo acuerdos. “Básicamente el Presidente nos escuchó”. En este sentido, la instancia sirvió para que cada representante expusiera durante cuatro minutos lo que está haciendo para contribuir a paliar las consecuencias de la crisis, “y también algunas necesidades y ajustes que le estamos pidiendo al gobierno, que no son precisamente recursos sino modificaciones legales, administrativas otras, durante la crisis”, agregó. Según los asistentes, el  presidente solicitó que le fuese enviado un compendio de estas  peticiones 

Sobre una nueva reunión no hay formalidad de fechas pero sí hay interés en tomarle el pulso a lo conversado este miércoles.

«CoronApp expone a las personas a riesgos innecesarios relativos a los datos»

El jueves 16 de abril, el Presidente Sebastián Piñera anunció el lanzamiento de CoronApp, la aplicación que servirá para tener un mayor control y prevención del COVID-19, además de entregar ayuda remota a quien pueda estar contagiado.

Para usarla, las personas deben registrarse ingresando su número de cédula de identidad, teléfono, correo electrónico, comuna de residencia y edad, pero también se puede ingresar con Clave Única, misma utilizada para la Comisaría Virtual. La aplicación permite al usuario monitorear hasta 8 personas al mismo tiempo, informando sus síntomas al sistema: temperatura corporal, presencia de tos o flema, o problemas respiratorios agudos.

Para analizar la nueva aplicación “CoronApp”, Base Pública entrevistó a Vladimir Garay, Director de incidencia de Derechos Digitales, organización que tiene como objetivo fundamental el desarrollo, la defensa y la promoción de los derechos humanos en el entorno digital.

Expertos en tecnología han señalado que el “CoronApp”, tiene fallas de usabilidad y de privacidad. ¿Qué factores se deben considerar para que las aplicaciones sean eficientes y den confianza a los usuarios?

En primer lugar, es importante mencionar que, si bien la tecnología puede ser una herramienta muy útil en el manejo de la crisis, una aplicación —cualquiera que sea— no va a solucionar el problema por sí misma. En ese sentido, una aplicación o cualquier otro desarrollo tecnológico va a ser útil en la medida en que sea coherente con una estrategia mayor y omnicomprensiva de las distintas aristas problemáticas que el COVID-19 hace coincidir. Y por ello, es fundamental que las autoridades cuenten con el respaldo y la confianza de la ciudadanía; de otra forma, cualquier medida propuesta va a ser recibida con suspicacia. Y esto evidentemente sobrepasa la capacidad de una app, es previo.

Así, una herramienta técnica correctamente desarrollada para hacerle frente al COVID-19 debería estar al servicio de la respuesta médica, que considere las capacidades y necesidades del sistema de salud, a la luz del desarrollo científico. Y en ese sentido, las posibilidades son muchas: quizás una comunidad requiere un buen sistema que ayude a mantener a la población informada sobre las distintas medidas que está tomando el Ministerio de Salud. Con esto quiero decir que la trazabilidad no es la única respuesta, más todavía si la autoridad no tiene la capacidad de recolectar información de forma precisa y, consecuentemente, procesar esa información para tomar decisiones. En esos casos, la aplicación no va a resultar útil y, por el contrario, puede aportar a la confusión, la desinformación y un falso sentido de seguridad, que puede terminar siendo fatal.

¿A dónde pueden ir a parar los datos introducidos en la aplicación?; ¿qué comparaciones hace con aplicaciones similares que se han desarrollado en otros países?

En aquellos casos en los que se opte por intentar generar información de trazabilidad del contagio, es importante además que las reglas que rigen la utilización de esta tecnología sea clara respecto a la excepcionalidad de su uso, estrictamente circunscrito al contexto de emergencia; claridad respecto al tipo de datos que se van a recabar, que deben ser aquellos estrictamente necesarios para monitorear al virus y no a las personas que lo portan, y los usos que se les darán a estos datos; especificar quiénes están a cargo del sistema, quiénes pueden acceder a los datos y las medidas que se tomarán para restringirlo a los motivos y las personas señalados; además establecer medidas que permitan terminar el acceso a los datos y su eventual eliminación, superada la crisis o cuando no sean necesarios.

 

 

Junto con ello, es súper importante contar con mecanismos de control externo y rendición de cuentas que permita fiscalizar y sancionar fuertemente la desviación de finalidad en el acceso y uso de los datos. Esto último en particular para proteger a los titulares de los datos de futuras discriminaciones arbitrarias en materia laboral, de salud, previsión o beneficios sociales, ya sea por el Estado o por agentes privados, por haber sido portadoras de COVID-19.

En ese sentido, los desarrollos que hemos visto en Chile y América Latina de “coronapps” es que son en general problemáticas, precisamente por no considerar estas medidas fundamentales.

Pensando en las ciudades y territorios, ¿CoronApp puede ayudar a la descentralización de la información y atención?

Por un lado, el problema con la atención es que los centros de salud facultados para poder realizar los testeos son los mismos con aplicación o sin aplicación; y, al igual que los tests disponibles, son limitados. En ese sentido, la posibilidad de hacer un autodiagnóstico a través de la aplicación plantea el potencial peligro de ayudar a saturar los servicios de salud, en la medida en que más gente va a ser dirigida a ellos, quizás con una sintomatología leve. Evidentemente, si es que hubiese tests suficientes para analizar a la mayor cantidad de población posible, sería de gran ayuda. Parece ser que las mejores respuestas van en esa línea. Pero eso es algo en lo que, lamentablemente, una app no puede ayudar.

Por otro lado, la posibilidad de entregar información actualizada y confiable es interesante como alternativa, y sumada a los otros canales de información podría ser una buena opción. Lo que habría que ver ahí es en qué medida las personas que tengan el interés por descargar esta aplicación son realmente las que necesitan ser informadas y no aquellos que están más atentos a los eventos noticiosos relativos al COVID-19. En ese sentido, la pregunta es precisamente cómo informar a ese sector de la población que probablemente ni siquiera sabe que hay una aplicación disponible.

¿Cómo esta iniciativa garantiza la entrega de información en los territorios más rezagados?; ¿qué pasa con la brecha digital?

Ese es un problema muy importante tanto en Chile como en el resto de la región a la hora de dar respuestas tecnológicas al COVID-19. Los más recientes estudios científicos en la materia establecen que para que una app tenga utilidad en la contención de la pandemia, su nivel de adopción debe ser cercano al 60%. Y eso es muy difícil de lograr en el continente, donde tanto los dispositivos como el acceso a internet son muchas veces privativos. Entonces, nuevamente la pregunta es: ¿cuál es el objetivo de la aplicación?; ¿cómo se condice con la realidad y los recursos del país?; ¿cómo se complementa con el resto de la estrategia desplegada por el gobierno?.

Finalmente, ¿ayuda o no en la lucha contra el Coronavirus?

Nuestro análisis es que la utilidad de la aplicación es bastante reducida. Sus funcionalidades son problemáticas, no solamente porque exponen a las personas a riesgos innecesarios relativos a los datos que recaban, sino también por cuestiones como la posibilidad de reportar conductas o eventos de riesgo, que se presta para ser utilizada de forma indebida o derechamente abusar de esta vulnerabilidad, para molestar a alguien. 

El control de la cuarentena descansa en tecnología que no es suficientemente confiable, pero además en la voluntad de los usuarios y usuarias en usar la app como es debido. Claramente, alguien que busque romper la cuarentena no va a usar la aplicación.  Y junto con ello, los problemas de infraestructura y conectividad que reducen de manera importante el universo de posibles usuarios, por mencionar algunos de los grandes problemas que tiene la aplicación.

Superar la crisis exige remar todos para el mismo lado

La tecnología y el bienestar material nos ha transformado como especie en pocas décadas. En nuestro país habíamos dejado atrás, de cierto modo, la pobreza en sus formas más extremas. Queríamos vivir en una cierta seguridad, con acceso a ciertos medios de vida e incluso, meses atrás, se impulsó un importante movimiento exigiendo una sociedad más justa y sin abusos. Un nuevo Pacto Social.

Y vino la pandemia. Y con ella una circunstancia inédita que nos obliga a renunciar al encuentro tal cual lo conocíamos y reemplazarlo por nuevas dinámicas de hacer comunidad a pesar del distanciamiento físico, para poner en práctica el autocuidado y la corresponsabilidad en el cuidado de la vida colectiva.

Junto con todo lo que debemos comprender y aprender de esta inédita experiencia de incertidumbre y a la vez de solidaridad, creemos importante destacar tres aspectos que nos parecen fundamentales para enfrentar los desafíos que vienen. 

1.- LA SALUD DEPENDE DE TODOS

La salud y con ella la vida, es el primer bien que estamos resguardando. No saber si un día más es un día menos de distanciamiento, nos ha hecho aprender con mucha humildad que el trabajo, la educación, la economía, la sociedad, no son nada si no tenemos salud. Acá la clave es cuidarse y cuidarnos a todos manteniendo las recomendaciones de las autoridades y especialistas, y utilizar de la mejor manera posible los servicios de salud. 

Sabemos que en Chile existen graves brechas sociales en salud, y sabemos también que las personas en situación de pobreza y vulnerabilidad hoy son aún más pobres y más vulnerables. Las condiciones que agravan el comportamiento del virus en el cuerpo humano se dan con más intensidad en este sector de la población porque son quienes más sufren de enfermedades de base y quienes reciben peores tratamientos o acompañamiento médico en sus vidas. Ellos tienen menos salud “acumulada” en sus ciclos de vida. 

La cuarentena tiene también efectos negativos que se experimentan con mayor intensidad en los sectores vulnerables, producto del tamaño de las viviendas, del hacinamiento, del consumo problemático de alcohol y drogas y del aumento de la violencia intrafamiliar. 

Esta pandemia adelantó el teletrabajo y la teleeducación. A pesar de la voluntad y esfuerzos, se ha develado la brecha digital en el acceso que niños, niñas y jóvenes tienen a la tecnología para aprender y trabajadores a realizar parte de sus labores. Estas diferencias generan una tremenda frustración que tenemos que enfrentar.

2.- LA POBREZA Y LOS MEDIOS DE VIDA 

Para miles de familias, la «normalidad» es muy hostil. El país ha avanzado, pero paradójicamente las brechas sociales, económicas y culturales no han disminuido. En el actual contexto, se profundizan.

Vivir la pandemia sin agua para el consumo humano en una vivienda a la que le faltan varios metros cuadrados para acercarse a una vivienda digna, enfrentarse hoy a la pérdida de las precarias fuentes laborales, volver a vivir necesidades de alimentación que vuelven con fuerza y que pensábamos superadas, es una realidad preocupante que debemos superar con la colaboración de todos. 

No podemos permitir que la sobrevivencia de las familias más vulnerables esté en juego. Si antes había que nivelar la cancha con apuro, ahora lo debemos hacer con extrema urgencia. No podemos permitirnos como sociedad que esta crisis sanitaria signifique un retroceso económico y social irremontable para comunidades enteras. Aquí el esfuerzo del Estado, el sector privado y la sociedad civil, debe ser urgente y mayúsculo. 

Desde nuestro trabajo en territorios vulnerables y aislados sabemos que la clave está en la colaboración y cooperación que permiten construir un desarrollo inclusivo movilizando los recursos propios y acercando las oportunidades disponibles. La respuesta a la actual crisis y la fase de reactivación-recuperación que deje esta pandemia requerirá buscar y trabajar en soluciones de manera cooperativa como nunca antes. 

Quienes cooperan en un esfuerzo colectivo son capaces de pasar por momentos estrechos, innovar y prosperar permitiendo que las crisis pasen. Sabemos que las soluciones individuales funcionan muy limitadamente. Hoy ansiamos que lo positivo que nos deje esta experiencia, sea el valor de lo comunitario y la solidaridad, en formatos y dinámicas distintas a las que conocemos hasta ahora. 

3.- LA COORDINACIÓN DE LAS INSTITUCIONES 

Hoy más que nunca necesitamos que nuestras instituciones estén plenamente articuladas y disponibles para implementar una estrategia integral en el marco de la fase de asistencia a las personas más vulnerables y las ayudas disponibles, así como en la fase de recuperación que vendrá en el mediano plazo. Actuar sin un plan maestro y articulado es el peor escenario que podemos construir. Y como lo que vivimos es inédito, nadie tiene todas las respuestas. Las instituciones del Estado tienen un rol preponderante en la emergencia, pero el sector privado y la sociedad civil no pueden quedar fuera de la colaboración de conectar y generar oportunidades y asistir con soluciones de primera necesidad. 

Tiempos difíciles, nos ponen el desafío de remar todos para el mismo lado y mediar nuestras diferencias. Esto que parece obvio, no lo es. Lo vemos a diario en el debate público, en la información que muchas veces genera ansiedad y confusión en la ciudadanía. Tenemos que coordinarnos de la mejor manera posible, generando la capacidad de dirigir certeramente los esfuerzos hacia los más temas críticos. Solo así saldremos de esta crisis sin dejar a nadie atrás. 

Hoy desde SERVICIO PAÍS, nuestros jóvenes profesionales están ocupando la tecnología disponible, para que no decaiga el bien más importante con el que contamos: el vínculo y la confianza con las agrupaciones sociales y comunidades con las que trabajamos. Adicionalmente y de manera cooperativa, estamos a disposición de las necesidades de los 100 municipios con los que colaboramos, como de todos los gobiernos regionales y ministerios aliados para conectar los recursos disponibles con las comunidades que más los necesitan.   

*El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la Fundación Base Pública.

La práctica deportiva comunitaria a la luz del Covid-19

Ante un escenario de pandemia y confinamiento, queda a la vista el importante rol , ahora interrumpido, que cumplía la actividad deportiva en barrios vulnerables, así como la necesidad de remediar la desigual distribución de áreas verdes e infraestructura deportiva.

La pandemia del COVID-19 ha puesto en jaque no sólo al sistema de salud y económico mundial, sino también a varias actividades de la vida colectiva, como el deporte. Para prevenir el creciente contagio del virus, se han suspendido o aplazado desde torneos de fútbol y campeonatos de Fórmula 1, hasta los Juegos Olímpicos. En Chile la ANFP suspendió todos los encuentros del Torneo Nacional de Fútbol Profesional, demostrando que nuestro país no queda ajeno a la situación. 

La crisis que experimenta el mundo del deporte en sus diferentes continentes y disciplinas a nivel profesional, también se traduce a los  clubes amateurs y academias gratuitas (o pagas) para niños y niñas, ¿qué está pasando con los clubes deportivos de barrios en nuestro país?

La práctica deportiva en barrios vulnerables ha servido históricamente a estas vecindades para proteger a sus niñas, niños y jóvenes, alejándolos de factores de riesgo. Dichas actividades abren espacios de recreación y cuidado personal a mujeres, y generan lazos de reciprocidad entre vecinos y vecinas, identidad local y sentido de pertenencia, además de mejorar la condición física y de salud de sus habitantes. Estos beneficios en la actualidad se ven paralizados por el azote del virus, en barrios que hoy se encuentran en una notoria decadencia de acciones de vecinas y vecinos, que se ven confinadas en sus viviendas , muchas veces en condiciones mínimas de habitabilidad. 

A pesar de la ajetreada actividad social que se puede ver en las áreas verdes y equipamientos deportivos en la zona urbana de la Región Metropolitana, esta realidad no se presenta de forma equitativa. Según datos de Fundación Vivienda y el Centro de Inteligencia Territorial de la Universidad Adolfo Ibáñez, hasta el 2018 las comunas de las zonas sur y poniente de la RM no sólo presentan grandes deficiencias en materia de infraestructura básica y de vivienda, sino que también en la accesibilidad de áreas verdes, equipamientos deportivos, culturales, servicios públicos, entre otros.

Las comunas en las que Fundación Barrabases desempeña su labor presentan grandes brechas en términos de bienestar territorial. Por ejemplo el sector de Carrascal en Cerro Navia y el sector de Santa Adriana en Lo Espejo tienen cerca de 2,5 mts2 de áreas verdes por habitante; una cifra baja con respecto al promedio del Gran Santiago (3,83 mts2 por habitante) y muy lejana a la realidad  de comunas de la zona oriente de la región como Lo Barnechea y Vitacura, con índices de hasta 20,87 Mts2 por habitante.

En materia de acceso a equipamiento que permita realizar actividad deportiva, la realidad para los sectores de Carrascal y Santa Adriana es de 0,33 mts2 y 0,39 mts2 de equipamiento deportivo por habitante respectivamente, mientras que el promedio de la región es de 0,52 mts2 por habitante. En comunas de la zona oriente mencionadas anteriormente los índices varían entre 0,91 y 2,72 mts2 de zonas con equipamiento deportivo por habitante.

La brecha que estos indicadores solo reafirma la gran necesidad de invertir física y socialmente en estos sectores, más aún en el contexto actual que exacerba las condiciones de baja calidad de vida de estas personas.  

El ejemplo de Cerro Navia

“Antes la población era muy peligrosa, siempre había balazos y personas tomando (alcohol) en la calle. Esas personas tenían tomada una de las dos canchas de la población, pero con un grupo de vecinas salimos a recuperar la sede y la cancha para entregar más seguridad a los hijos y a las hijas hace unos años atrás (…) Ahora que no podemos realizar actividades hay gente que se ha vuelto a portar mal en el sector, entonces si dejamos de hacer nuestras actividades, estas personas se vuelven a tomar el lugar (…) pero tenemos miedo por el virus, entonces preferimos que se la tomen mientras esto dura”, señala Claudia, dirigente de un club social cultural y deportivo de Cerro Navia.  

Claudia, junto a otros vecinos y vecinas, logró rescatar el espacio, no solo de forma física sino también social; organizando jornadas muralistas, de serigrafía, partidos de fútbol, campeonatos, cuadrangulares para niñas y niños, clases de zumba y más. 

El club que lidera Claudia realizó una alianza con la Fundación Barrabases en el año 2019 para ejecutar con cotidianeidad entrenamientos de fútbol y karate enfocados en la infancia, con acompañamiento kinesiológico y psicológico, entregando un servicio de calidad para quienes más lo necesitan. Sin embargo, como menciona la dirigenta en su relato, en la actualidad esta alianza y todas las actividades del barrio se han paralizado, dejando en evidencia la fragilidad del sistema deportivo y recreacional de barrios vulnerables.

La crisis actual pone en relieve la discusión sobre el rol del Estado y los privados en la salud, la economía y la fuerza laboral, pero también en las condiciones básicas de habitabilidad en los barrios. Sobre todo en aquellos donde una de las pocas alternativas para mejorar la  calidad de vida a la vecindad es la práctica deportiva, que hoy se ve interrumpida, producto del confinamiento, impidiendo a las familias realizar actividades físicas que ayuden a su desarrollo cognitivo, físico y relacional.     

¡Nivelar la cancha es tarea de todos y todas!

*El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la Fundación Base Pública.