opinión

Un Lugar en la Ciudad

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on linkedin
En esta columna, el director ejecutivo de Fundación Vivienda hace un diagnóstico del actual déficit habitacional y plantea soluciones para enfrentar el creciente fenómeno del allegamiento.

Durante las últimas décadas, hemos sido testigos de grandes avances en materia de superación de pobreza y de los requerimientos de vivienda en nuestro país. Sin embargo, si analizamos la composición del déficit habitacional actual, podemos constatar que el fenómeno del allegamiento se ha mantenido e incluso incrementado desde la última medición de la encuesta Casen 2015.

Una de las razones que podría explicar esta tendencia tiene que ver con la priorización de la localización y la preferencia de las familias por mantenerse cercanas a sus redes, en áreas centrales y pericentrales, a pesar de vivir hacinados y en forma precaria.

Entre 2013 y 2017, en el Programa de Emergencia Habitacional de Fundación Vivienda hemos recibido a 10.849 familias y entregado 6.950 viviendas transitorias. Para comprender mejor su situación y el contexto en el que viven estas familias, decidimos mapear la localización de sus domicilios y determinar las zonas donde existe mayor concentración de familias, constatando la tendencia antes descrita en el sentido de la preferencia por la buena localización vs la utilización de subsidios disponibles en la periferia de la Región Metropolitana (RM).

Estas familias habitan en un contexto de precariedad, caracterizado por vivir en situación de allegamiento (77,7% de los casos) y altas tasas de hacinamiento (46,2% de las familias).

A lo anterior se suma una situación de alta vulnerabilidad al poseer bajas posibilidades de desarrollo: bajos niveles de escolaridad (55,4% no terminó su enseñanza media), bajo acceso al trabajo (solo un 30,6% posee un empleo formal), encontrarse en situación de pobreza por ingresos (69,1% de las familias viven bajo la línea de la pobreza), y situaciones de mayor complejidad, como que el 56,7% de las familias con hijos son monoparentales y lideradas por una mujer.

A partir de nuestra experiencia, quisimos saber dónde habitan en la ciudad todas las familias que también viven en situación de allegamiento o en viviendas con altas tasas de hacinamiento. Para lograrlo, decidimos localizar todos los hogares que son parte del déficit habitacional cuantitativo, basándonos en la metodología desarrollada en la Casen y utilizando datos del Censo 2012.

El déficit habitacional cuantitativo corresponde al total de viviendas requeridas para suplir las necesidades de las personas que son parte de los hogares allegados, núcleos allegados hacinados y viviendas irrecuperables. Según cifras de la encuesta Casen 2015, este déficit alcanza a las 391.546 unidades de vivienda, lo que afecta a cerca de 1.150.000 personas que necesitan una vivienda con extrema urgencia.

Actualmente en la RM estimamos que hay un déficit de 207 mil viviendas por construir, de las cuales 195 mil serían para familias que viven allegadas o hacinadas, lo que beneficiaría a más de 570 mil personas.

Por otra parte, según cifras oficiales del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu), sabemos que desde el año 2007 hasta la fecha, el programa del Fondo Solidario de Elección de Vivienda ha concretado 688 proyectos habitacionales, beneficiando a 48.551 familias de la región. Sin embargo, tamaño esfuerzo no ha sido capaz de dar solución a este gran problema.

Frente a este gran grupo de familias que requiere una vivienda digna, nos preguntamos dónde existen terrenos disponibles para la construcción de nuevas viviendas. Es fundamental considerar que estén en las comunas donde ya residen estas familias, para así mantener los vínculos con otros familiares y vecinos, y evitar la migración hacia la periferia y comunas más lejanas. Así, no se constituyen “comunas dormitorios”, que conlleva largos tiempos de viaje hacia el trabajo o centros de estudio. A esto se suma el alto costo que debe asumir el Estado para proveer dichos lugares con nuevos equipamientos urbanos (centros de salud, áreas verdes y otros espacios públicos).

Esto se ve complejo por la falta de suelo urbano disponible: según estudios de la Cámara Chilena de la Construcción (2012), en Santiago solo quedarían 1.893 hectáreas de suelo disponible, el cual al ser un recurso escaso y con elevada demanda tiende a sufrir importantes alzas de precio. La producción de nuevas viviendas sociales se ve muy limitada por los altos valores del suelo, provocando la migración hacia comunas más lejanas y con suelo más económico.

A pesar de lo anterior, en Fundación Vivienda creemos que sí es posible encontrar nuevos espacios para la construcción de viviendas sociales, manteniendo a las familias en sus comunas de origen, sin sacrificar los lazos sociales y generando una importante regeneración del suelo urbano.

Según nuestros estudios, en conjunto con la Pontificia Universidad Católica de Chile, en Santiago existen más de 3.152 hectáreas de suelo urbano bien localizado y con un gran potencial de ser densificado a mediana altura, el que podría dar cabida a más de 700 mil nuevas viviendas.

Estos terrenos corresponden a los “lotes 9×18” desarrollados por la Operación Sitio durante la década de los 60, y se encuentran en prácticamente todas las comunas pericentrales de la ciudad, donde se concentra un importante porcentaje del déficit habitacional.

Una vivienda digna también debe estar inserta en un barrio que tenga todas las condiciones de entorno mínimas que garanticen el acceso a diversos bienes y oportunidades para todas las familias. En concordancia con esto y lo planteado por el Consejo Nacional de Desarrollo Urbano, identificamos todos aquellos sectores de la ciudad donde existe el acceso a cinco diferentes tipos de bienes públicos urbanos (BPU) correspondientes a; educación pública (inicial, básica y media), salud pública (hospitales, centros de urgencia y salud primaria), seguridad pública (Carabineros y Bomberos), áreas verdes (plazas y parques) y transporte público (buses y red de Metro).

Mapeamos nuevamente todos los sectores de la ciudad que cumpliesen dichos requerimientos e identificamos cerca de 8.014 hectáreas de suelo urbano que tienen acceso a los cinco BPU descritos anteriormente, de las cuales cerca de 2.046 corresponden a lotes 9×18, abriendo una gran oportunidad de regeneración de suelo urbano a través de la densificación a mediana altura para las más de 207 mil familias de Santiago que necesitan una vivienda digna.

Para permitir y garantizar el acceso a la ciudad a las más de 390 mil familias que forman parte del déficit habitacional cuantitativo y asegurar el desarrollo armónico y equitativo del territorio, debe existir un mayor compromiso estatal con la ciudad, con fuerte énfasis en planificación y gasto público, además de contar con personal altamente calificado en todos los niveles para liderar la implementación de las dististas soluciones.

Asimismo, se requiere de una agenda normativa que facilite e incentive la densificación, radicación, regeneración e integración de barrios bien localizados junto con un mayor porcentaje de financiamiento en inversión social en los proyectos (ex ante, durante y ex post).

Es necesario cambiar el enfoque de cómo construimos ciudad y, en consecuencia, el Minvu debe atreverse con una política urbano-habitacional que apueste a un desarrollo más integral y visionario de nuestras ciudades y de quienes vivimos en ella. Solo así podremos alcanzar el tan anhelado desarrollo, sin dejar a nadie atrás, y construir ciudades mas humanas, inclusivas, equitativas y sostenibles.

 

El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la fundación Base Pública.

Otras opiniones

Scroll to top

Contáctanos

Envíanos tus consultas o comentarios

Estamos en:

Victorino Lastarria 90
Santiago de Chile

Suscríbete y recibe nuestro Newsletter