Ciudad Sostenible, Ciudad Inteligente

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Nos provoca admiración una persona inteligente, con capacidad de comprender asuntos complejos y que tiene respuestas novedosas y creativas.  Hoy también entendemos que quien es hábil para adaptarse al entorno, aprende de las experiencias de los demás, usa su ingenio para superar obstáculos es inteligente de un modo diverso. Y hablamos de inteligencia emocional si la persona es empática, sensata y se conoce a si misma.

Pero ¿puede ser inteligente una organización o una ciudad?

Nueve de cada 10 chilenos vivimos en ciudades. Por “ciudad inteligente” se entiende un tipo de desarrollo urbano basado en la sostenibilidad, en equilibrio entre producción económica responsable, respeto social y cultural a las comunidades humanas, y cuidado del medio ambiente.

Las ciudades modernas, basadas como deben estar en infraestructuras eficientes de agua, electricidad, telecomunicaciones, energía, transportes, servicios de salud y policía -por ejemplo- pueden hacerse aún más listas aprovechando los recursos que hoy ofrece la tecnología, la robótica y los algoritmos informáticos.

Millones de viajes ya son administrados por los softwares de los semáforos, el metro y las pantallas de las autopistas, y una enorme mayoría logra llegar de su casa al trabajo y de regreso, más o menos con éxito.

Ese mismo ejemplo esconde en su reverso el sufrimiento que larguísimos viajes en bus, con sus tiempos de espera, provocan a las familias. Y también los peligros de la convivencia regulada sin inteligencia de automóviles, peatones, ciclistas, scooters, camiones, etc.

El promedio del traslado en Santiago es de 84 minutos, el mismo que en Londres, una ciudad 3 veces más grande. Usar aplicaciones digitales de movilidad inteligente podría reducirlo hasta en un 20%.

Es poco astuto que no usar la inteligencia -y todas las herramientas que crea- para resolver mejor los complejos problemas (energía, contaminación, buena distribución de las áreas verdes, basura, ruido, en fin) de una metrópolis. La tecnología y la gestión de colosales cantidades de información deben ser capaces de mejorar el confort de los ciudadanos, y brindar nuevos servicios de calidad a la vez que respetan al máximo la naturaleza y aprovechan con sabiduría los recursos naturales no renovables.

Otras herramientas que hacen más inteligente una ciudad son la participación, la densificación de las redes de organizaciones sociales y comunitarias, la vinculación estrecha de los servicios y del gobierno con la sociedad civil. Un sistema de gestión que escucha y atiende a su gente es más inteligente que uno que gobierna sordo.

Muchas de las ideas que han aumentado la eficiencia y sustentabilidad de las smart cities alrededor del mundo -Singapur, Tokio, Frankfurt o Gdansk- son destellos de genialidad de personas, comerciantes, emprendendores, pequeñas organizaciones o simplemente el fruto del diálogo de quienes compartían un mismo problema o desafío. Una ciudad que colabora, donde sus comercios, sus calles, autoridades, organizaciones y ciudadanos dialogan, es una ciudad más inteligente, más sustentable y seguramente más vivible.

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