“El Allegamiento no es Exclusivo de las Familias Pobres”

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En esta entrevista

Consuelo Araos es socióloga por la Pontificia Universidad Católica de Chile, magíster en Sociología por la misma casa de estudios y es cursante del doctorado en Ciencias de la Sociedad por la École Normale Supérieure de Paris. Como investigadora se ha enfocado en los temas de parentesco y residencia, políticas habitacionales, además de teoría sociológica y antropológica. Actualmente participa en el proyecto Modes de Gouvernement et pratiques économiques ordinaires (EHESS-UFRJ).

La académica se ha acercado al fenómeno del allegamiento desde una mirada cualitativa, “sin ninguna pretensión de representatividad” desde el punto de vista estadístico, como ella misma lo precisa. Sus investigaciones dan cuenta de que esta realidad es transversal en las clases sociales debido a que, más allá, existe la necesidad de cuidar prácticas de vida que permiten mantener activos en la cotidianidad los lazos afectivos. Así, lo que define el ser allegado o no son las posibilidades de cada estrato para resolver esa proximidad familiar. 

Se entiende que el allegamiento se da cuando personas con vínculos familiares ocupan un mismo espacio para vivir, sin embargo, ¿qué otros elementos de orden social o psicosocial caracterizan esa realidad?

Yo creo que la característica bastante determinante del allegamiento es la asimetría de la relación entre las familias emparentadas que comparten una misma casa, en tanto que generalmente son vínculos por filiación: padres, hijos, nietos, bisnietos. Así, puedes llegarte a encontrar hasta cuatro generaciones, aunque también podemos encontrarnos formas más específicas con un vínculo colateral: grupos de hermanos, por ejemplo.

Es interesante considerar las asimetrías, y otra de sus expresiones es la interdependencia, porque hay una familia que acoge y otra que es recibida. Esto a veces estructura relaciones complejas que pueden tomar rasgos positivos (solidaridad, apoyo) o negativos (tensiones en la convivencia). 

¿Hay una identidad del allegado?, ¿qué características tienen?, ¿la persona que vive en esa situación se siente como parte de una categoría?

Esta pregunta es compleja porque tiene muchos niveles.  Esa constitución de una identidad es bien inseparable de la política pública y de la lógica con la que opera todo este tratamiento público del allegado.

Por un lado, está el nivel político: cuando conoces gente que está en comités de allegados, entiendes que hay todo un proceso de identidad que se produce en torno a esta participación. Entonces, aquí, ser allegado tiene que ver con toda una identidad de pobladores con una idea de reivindicación de ciertos derechos, a la vez que también, en cierta medida, deja claro una condición de vida deficiente que requiere una reparación.

En esta línea, también la política pública introduce elementos en esa identidad, imponiendo una visión del allegamiento como una situación en principio transitoria que resulta negativa y que es algo que impide el desarrollo digno.

Por otro lado, he notado en mis investigaciones dos niveles discursivos: de quienes se sienten cómodos porque están ahí producto de una decisión ante otras alternativas, y porque la relación con el receptor es de interdependencia explícita y no problemática. Con respecto a esto, me ha pasado mucho que cuando les he preguntado directamente si se consideran allegados me dicen “no, porque yo soy hijo. No soy allegado porque estoy en mi casa”. Así, el que dice que está en su casa con toda la legitimidad del mundo, y es donde quiere estar, y quiere seguir estando, no se considera como allegado porque sería como declarar que no es su casa.

En cambio, el que dice que es allegado es porque en algún punto reconoce que está en un lugar que no es su casa. Igual, esta diferencia es el ideal tipo (en casos de estudio) porque en la realidad se mezcla mucho: o sea, te puede pasar con una persona que en ciertos momentos se reivindica como allegado asumiendo que pudo haberse ido pero decidió no hacerlo, pero en otros momentos te dice “pero en realidad la casa de mis padres es mi casa”.

En suma, yo te diría que el estatus de allegado es súper ambiguo como identidad porque se le reconoce como un aspecto positivo y a la vez negativo.

Hay una idea de que el allegamiento es una estrategia que usan las familias en situación de pobreza para resolver los problemas económicos. ¿Esto es cierto o tal situación se extiende a otros sectores sociales?

No se da sólo en contextos de pobreza, datos actualizados muestran que está significativamente presente en sectores medios. En los sectores medios y ricos ocurre que también se puede querer la proximidad intergeneracional, o entre hermanos, pero tienen los recursos para hacerlo de tal manera que cada uno tiene su casa. En ese sentido, si lo piensas ampliamente, se asume que el allegamiento es una estrategia de las familias pobres porque en el fondo no tienen otra posibilidad, tienen que maximizar recursos, apoyo del otro, etc. Pero lo que no se ve es que hay otro aspecto del allegamiento, que es la búsqueda de una proximidad residencial entre familias emparentadas, y la construcción de grupos domésticos o grupos de parentescos (más complejos que la familia nuclear), que yo llamo residenciales familiares, y que también puedes observar en clases socioeconómicas medias y altas, sólo que no se va a dar bajo la forma predominante del allegamiento, salvo excepciones, sino que se desarrolla bajo otras morfologías: condominios familiares, compartir edificios, vivir dentro de la misma calle o grupo de calles, pero en casas distintas. ¿Por qué?, porque tienen un abanico de posibilidades mucho mayor, y pueden elegir cómo realizar esa búsqueda de proximidad que sigue incluyendo todos esos aspectos del allegamiento, como: mutualización de servicios, formas de solidaridad, cuidado de hijos, pero también simplemente el compartir día a día, almorzar en la casa de otro… Mantenerse cerca, por así decirlo.

En sí mismo, el fenómeno que está detrás del allegamiento en términos de formas de construir y entender la vida familiar, no es algo exclusivo de las familias pobres, sino que lo es la manera de realizarlo, los recursos para poder llevarlo a cabo son específicos de las familias pobres porque la única alternativa que tienen es: o el allegamiento o la dispersión radical con las políticas de vivienda que tenemos. O vives de allegados o te tienes que ir a la periferia.

Desde allí puedes entender ciertos fenómenos como el por qué de una familia que es candidata a vivienda social que vive allegada en la casa de los padres de la mujer, por ejemplo, en vez de postular al subsidio solicitan una mediagua para seguir allí. Así, desde afuera uno puede pensar que el allegamiento es pura estrategia de sobrevivencia, pero eso no muestra la complejidad de esa realidad. En ese sentido, considero que las políticas públicas que permitan acceder a otras formas de proximidad pueden ser más interesante para una familia, que postular a una vivienda social tal como se les está ofreciendo.

¿Qué variables necesitan ser consideradas para que pueda hacerse un diagnóstico real sobre la situación de viviendas en Chile y así construir políticas públicas de cara a la realidad?

Mira, sin dejar de ver los aspectos problemáticos como las deficiencias en calidad de vida, los problemas patrimoniales, las relaciones conflictivas; los estudios que he hecho de comparar las morfologías residenciales de proximidad entre clases sociales muy distintas, me han permitido ver del allegamiento una dimensión relacionada con algo que sí se valora, que es la forma de hacer familia donde el modelo no es necesariamente el clásico: la autonomía residencial de la familia nuclear. En ese sentido, vemos nietos que ven a las abuelas o a las tías como mamás, por ejemplo. Entonces, llegar y romper esos vínculos es muy fuerte. A esas familias le gustaría acceder a una casa, pero manteniendo los vínculos y dinámicas que configuran sus vidas cotidianas.

Otro ejemplo, es que vi en la página de Base Pública una entrevista a la líder del movimiento Ukamau, que plantea que ellos lo que quieren es decidir dónde y cómo vivir, en su misma comuna. La razón detrás de eso, aparte de que es una comuna súper bien ubicada en términos de servicio, probablemente es que existen todas estas redes de parentesco que la gente no está dispuesta a romper porque es su forma de constituir la vida familiar y de constituirse como persona.

Todo esto, además, pone en evidencia la desigualdad en el acceso a alternativas intermedias de proximidad manteniendo la intimidad que está entre el allegamiento y el total distanciamiento residencial. Las familias de estratos medios altos y altos sí cuentan con esas alternativas. En ese sentido, la política tiene que avanzar a que esa gama de posibilidades se amplíe para las personas que son potenciales beneficiarios de las políticas de vivienda, lo que tiene que ver con densificar, radicar en vez de erradicar, como lo propone el modelo de pequeños condominios o hacer efectivos los subsidios de arriendo. Se trata de incorporar las lógicas y decisiones efectivas con las que las personas ya construyen su vida; ponerlas en valor e incorporarlas en el diseño de una política, porque actualmente la oferta de vivienda que están dando no tiene nada que ver con la forma de vida que las personan quieren, porque, probablemente, compartir un espacio residencial con familiares cercanos, estar cerca intergeneracionalmente tiene un valor para muchas de las personas que viven en Chile hoy.

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