opinión

El progresismo con rostro de mujer indígena es invisible al mono-nacionalismo

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Podremos o no compartir la forma en la cual se ha manifestado este gran descontento social, pero debemos al menos convenir en que el mono-nacionalismo, herencia del colonialismo eurocéntrico, ha sido el espejismo que imposibilitó a la ciudadanía de aprender a reconocer y validar el actuar de la mujer indígena de cara a la modernidad.

Se instala la demanda de cuotas de género en el contexto de una nueva Carta Fundamental e incidencia en la política. Este imponderable responde a la fuerza del movimiento feminista que busca, entre otras exigencias, la transformación de las estructuras mentales cuestionando la ‘herencia cultural’ de la desigualdad. En el mundo político mapuche, los nombres de Zoila Quintremil y Herminia Aburto Colihueque resuenan en los discursos de mujeres mapuche que han decidido disputar los espacios que la política debe. En el año 2012 la candidata mapuche a concejala Isabel Cañet, interpelaba al propio partido político Wallmapuwen a cerca de la participación activa de las mujeres en los roles dirigenciales en vez de los domésticos, puesto que la proyección política de un pueblo-nación también pasa por la liberación de sus prácticas machistas (García, Elisa 2017 “Zomo Newen”).  Similar postura se advierte en la dirigenta y candidata a consejera nacional de Conadi 2020 Ana Llao, quien manifestó recientemente «no más mujeres mapuche haciendo sopaipillas y perdiéndose la discusión» . La primera diputada mapuche Emilia Nuyado, se pronuncia respecto de la coherencia en política -una mujer mapuche que ha transitado por las mismas limitaciones de su gente, podrá entonces trabajar en soluciones políticas de cara a la urgencia de sus demandas- (Encuentro nacional de mujeres indígenas, Galvarino, 2019).

En materia de salud, Chile se instala como el país con mayor obesidad entre los OCDE, una enfermedad que aqueja al 74% de la población. Desde los años 90’ la cocinera mapuche Anita Epulef viene planteando la autonomía alimenticia como respuesta al masivo consumo de comestibles altos en azúcares, grasas y harina refinada, los que, lejos de ser una solución, nos dejan cifras alarmantes. Epulef apuesta por la toma de conciencia y responsabilidad a través del autocuidado, pero además lo hace interpelando al indiscriminado saqueo territorial, ya que, salvaguardar los recursos naturales es indispensable para generar alimentos que sanen; «yo estoy implicada en la lucha por el medio, porque va asociada a la cocina y a mi vida. Hemos luchado por los ríos libres y no ha servido para parar las amenazas, pero al menos ha servido para alargar estos procesos (..) voy a dar la lucha para lograr que las personas cultiven su tierra y que se hagan huertos comunitarios’» (García, Elisa 2017 “Zomo Newen”).

La cámara de diputados discute respecto de legislar sobre un nuevo proyecto de Ley de Patrimonio Cultural 2020, el cual menciona el Convenio 169 OIT y pese a que afecta el Patrimonio Cultural Indígena, omitió la participación originaria mediante el debido proceso de consulta. Juana Paillalef desde el año 2001 dirige el único Museo Mapuche con plena participación y donación de piezas patrimoniales por parte de las comunidades; ‘el conversar con gente muy sabia, a nosotros nos ha abierto un campo de otras miradas y opiniones, donde por ejemplo nos hace reflexionar acerca del descanso interrumpido que tuvieron las osamentas producto del trabajo ‘científico’ de los arqueólogos’.

Hemos visto entre la multitud flamear la bandera mapuche como nunca antes, sin embargo, coexistimos más de 9 pueblos originarios en Chile. La visión y acción de la mujer indígena aguarda en la Plurinacionalidad los puentes para una sociedad intercultural en auto-reparación.

*El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la Fundación Base Pública.

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