Estoy en Huelga de Hambre para Salvar a mi Hijo

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Mi hijo tiene 23 años. Y es adicto a la pasta base.

Empezó consumiendo marihuana  a los 14 años y después derivó en la cocaína y hasta que llegó a la pasta.

Antes de las drogas mi hijo era una hermosa persona, tranquila. Dormía con nosotros hasta los 12 años, le gustaba salir a subir cerros, era sociable y tenía amigos. Ahora es un energúmeno que sólo piensa en su adicción.

Empezamos a darnos cuenta como familia que cuando no consumía drogas se ponía violento: pataletas, gritos, quebrazones de vidrios, loza y puertas. Alguien me dijo que esas reacciones eran por falta de droga. Y así era.

Él ha vulnerado todo, porque sin la droga se pone agresivo al máximo. No es él, no es mi hijo.  Está enajenado completamente. Ha  atacado a sus hermanos. Yo tengo un dedo quebrado por él. Y llegó al punto que a su madre la intentó estrangular. Nos agrede como familia. Porque en este tema de la droga, es la familia la que sufre todo. Tuvimos que poner seis órdenes de alejamiento. Y no ha cumplido ninguna. Hemos llegado al punto de tenerle miedo.

Estamos viviendo un infierno.

Nosotros queremos salvarlo. Pero si él usa medios violentos para la convivencia con sus  tres hermanos, con una nieta que vive con nosotros, no podemos tenerlo en la casa. Mi hijo tiene dos hijos de los cuales nos hacemos nosotros cargo de las dos pensiones, porque no razona.

Cuando nos dimos cuenta de que tenía un problema de drogas hablamos con él, que lo reconoció. Le pusimos una pistola en el pecho, como se dice, y accedió a que lo lleváramos a un primer centro de desintoxicación privado. Costaba 1 millón 300 mil pesos semanales. Estuvo ahí tres meses. Sólo porque pagábamos logramos que tuviera un chaperón día y noche.

Los centros de desintoxicación a cargo del Estado son insuficientes: sólo hay 18 camas para toda la región en el hospital  antiguo de Rancagua.

Tras la desintoxicación empezó un tratamiento terapéutico con el fin de modificar conductas. Pero sólo estuvo dos meses, porque es voluntario.

En Chile hoy lo único que es forzoso es la etapa de la desintoxicación, si es derivada por un psiquiatra que tiene que ser de la salud pública o por tribunales. Pero eso es para desintoxicar y puede durar entre 15 días y dos meses. Después de eso, se le pregunta al enfermo si quiere hacerse un tratamiento. Si dice que no, se va para la casa y vuelve a recaer.

En eso nosotros como familia nos hemos llevado cuatro años.

Cuatro años gastando todo el recurso que tenemos. Todo. Mi hijo ha estado en 3 centros de desintoxicación y dos veces en el Instituto Psiquiátrico José Horwitz, para desintoxicación.

Así de dura es esta realidad.

Hace dos semanas empecé una huelga de hambre. Me aburrí de pagar porque ya no queda plata. Me aburrí de la inoperancia de la policía, de la justicia y del ministerio de Salud. Y de una ley de salud mental que no existe. Me aburrí de la indolencia del sistema de salud mental de este país.

Así que voy a continuarla hasta que en casos como el de mi hijo, que tiene un consumo crítico de droga, exista la obligatoriedad de hacerse un tratamiento no por voluntad de él, sino que por voluntad de los padres respaldados por la aprobación de un psiquiatra.

Esto se hace así en países como Uruguay, Noruega, Suecia, Francia. Incluso algunos estados de Estados Unidos.

El proyecto de ley de Salud Mental hace tres años se está discutiendo en el Congreso. El martes se le presentó al ministro Secretario General de la Presidencia, Gabriel de la Fuente, una indicación al proyecto de ley que tiene que ver con drogas, que apunta a la internación forzosa para el tratamiento de personas conflictivas con su uso.

En estos momentos, mi hijo tiene una medida precautoria puesta del 23 de noviembre de alejamiento de mi persona por violencia intrafamiliar y también tiene una medida precautoria de dormir desde las 10 de la noche hasta las 7 de la mañana en su domicilio particular que yo le arrendé. No lo ha cumplido.

Me  duele, pero es la única fórmula de sacarlo de la casa y que asuma que está cometiendo errores. Es la única forma que tengo de que la justicia se allane a escucharme.

Nosotros somos los padres y hemos hecho esta lucha solos. El Estado no ha garantizando en ningún momento nuestro derecho humano a vivir bien. Solamente le da todo el pase al consumidor, a la persona que está enferma por la dependencia de una droga. Él es dependiente de una droga dura. No tiene voluntad de discernir si está bien o está mal.

Frente a esto ¿qué me está diciendo la justicia? que mi hijo tiene que delinquir para que recién tome conciencia la justicia de que tiene que hacer un tratamiento contra las drogas forzadamente. Si delinque tiene la posibilidad de hacer un tratamiento en estos nuevos centros que hay ahora para jóvenes infractores. Existen centros privados, pero también son voluntarios.

Como nosotros, hay otras familias que tocaron fondo. Miles en todo el país.

Por eso junto con la huelga empezamos a promover la Agrupación de Familiares Angustiados (AFA).

La misma angustia que sufre una persona drogo dependiente, nosotros también la pasamos angustiados como familia todo el día: ¿dónde está mi hijo? ¿qué pasa con mi hijo? ¿va a despertar? ¿Será violento en la casa?

La AFA se está constituyendo formalmente en San Fernando y en Santiago se está formando. Estamos en Valparaíso, Concepción, Talca. Está prendiendo en todas partes. Se va a formar con una 800 familias. Al menos en San Fernando tenemos inscritas para sacar la personalidad jurídica 60 familias. Acá en los cuatro puntos cardinales venden droga y alrededor de eso tienes casos sociales extremos.

Y así como nuestro caso hay otros peores, que nos han dado varios testimonios: prostitución, abandono de hijos que terminan en el Sename. Nosotros no queremos eso.

Este país no se da cuenta o hay un tabú. Yo rompí el tabú. No quiero más. Porque mi hijo encuentra la droga en la calle y el que cuida y vigila la calle es el Estado, con sus policías a cargo y su sistema de salud y Justicia. Y eso está haciendo agua. 

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