Guarderías de barrio: mujeres que se apoyan para volver al trabajo

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No es posible hablar de impulso al empleo femenino sin poner sobre la mesa el cuidado de los niños. Hoy nos enfrentamos al nivel más bajo de participación femenina en el empleo de los últimos 10 años, acentuado por el COVID y sus consecuencias en el cierre de colegios y jardines infantiles, lo que genera un tremendo desafío para las mujeres que son madres.

Sin embargo, con o sin reapertura de escuelas y jardines, hay niños que no asisten a establecimientos educacionales, pues las madres de los quintiles de menores ingresos (1° y 2° quintil) consideran que cuidan a sus hijos “mejor en casa”. Y es allí donde las guarderías de barrio surgen como una opción con externalidades positivas para apoyar a las madres que quieren volver a emplearse contando con el cuidado de sus hijos.

¿Cómo funcionarían?

Nuestra propuesta es partir con un piloto en la Región Metropolitana, en comunas con altos índices de desempleo femenino, como Cerro Navia y Renca, con un sistema de 10 cuidadoras para cuatro niños cada una.

Se trataría de mujeres que ya han participado en el programa Padre-Hijo en casa de nuestra Fundación Niños Primero, donde han sido capacitadas en el desarrollo de habilidades cognitivas, sociales, emocionales y en la formación de vínculos afectivos familiares, todo lo cual aplicarían como cuidadoras. Esto, al tiempo que son apoyadas por un equipo multidisciplinario: una jefa del piloto, sicólogas, nutricionistas, además de una monitora de la Fundación para sesiones lectivas diarias de manera remota por una hora. Adicionalmente, el piloto, contempla la instalación de cámaras de seguridad en las casas de las cuidadoras, de manera que la mamá trabajadora pueda ver a su hijo en todo momento.

Como herramienta adicional de control, se utilizaría EKID, la aplicación de monitoreo en línea desarrollada por nuestra fundación, que registraría la entrada y salida de los niños de las casas y, a la vez, controlaría las sesiones online de las monitoras.

El costo de este programa es de alrededor de $80 millones al año, incluyendo las remuneraciones para las mamás cuidadoras, el material educativo e internet, entre otros aspectos. Su valor anual es inferior al de países que ya implementaron las guarderías de barrio, como EE.UU., Reino Unido y Australia.

Hoy es más necesario que nunca abrir puertas para que las mujeres puedan conciliar trabajo y familia, y qué mejor que hacerlo a través de guarderías de barrio, que no son otra cosa que una red sólida de mujeres que se apoyan y cuidan entre sí.

Por Anne Traub, directora ejecutiva Fundación Niños Primero

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