Iniciativas ciudadanas son esperanza en tiempos de crisis

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Para enfrentar esta crisis sanitaria sin precedentes en el último siglo, necesitamos más cercanía humana que física. Y esto lo han entendido los ciudadanos que mediante iniciativas de apoyo han sido el motor de la solidaridad y la empatía.

Ya van más de 2 millones de personas en el mundo que se han contagiado de coronavirus, lo que ha desembocado en el colapso general del sistema de salud. Frente a esto, una de las principales medidas que han adoptado los países, incluyendo Chile, es la  cuarentena, sea obligatoria o voluntaria. En medio de esta crisis, con distanciamiento físico como contexto, se han levantado iniciativas ciudadanas que han permitido fortalecer el tejido social. Así, hemos visto desde apoyo de vecinos organizados, profesionales voluntarios para prestar ayuda en violencia de género; asistencia y acompañamiento vía telefónica para adultos mayores o personas con problemas de salud mental; pasando por la entrega de canastas con insumos básicos para las familias más vulneradas; hasta conciertos virtuales de reconocidos artistas, entre otras expresiones de solidaridad.  Incluso, el solo hecho de hacer cuarentena voluntaria es un acto de responsabilidad social, al entender que prevenir el contagio propio, previene el de los demás y sobre todo el de los grupos de riesgo.

Dentro de estas iniciativas de la sociedad civil están aquellas que tienen como objetivo apoyar al colapsado sistema público. Una de ellas es la organización de un grupo de vecinos de Peñalolén que está confeccionando mascarillas quirúrgicas para el personal médico del Hospital Luis Calvo Mackenna. 

Son 20 vecinos que a pesar del distanciamiento físico que ha implicado la pandemia, han aprovechado la tecnología, y a través de la aplicación Whatsapp se coordinaron para buscar materiales, dividir la cantidad de mascarillas que pueden hacer cada uno, y entregar al hospital. Uno de los logros de este trabajo en equipo fue haber conseguido una máquina para cortar tela, lo que permitió aumentar su producción. Estamos hablando de que en los primeros 3 días funcionando habían confeccionado más de 1.000 mascarillas.

Manuela Garretón es diseñadora de vestuario independiente, y dada la contingencia, su taller en Providencia se encuentra cerrado y su negocio en pausa. Esta iniciativa la volvió a activar. “Por vivir bajo privilegio -vivo en mi casa materna- no tengo que generar dinero para pagar ningún servicio. He estado con muchas ganas de hacer cosas, pero al mismo tiempo superdesanimada, con mucha incertidumbre, y quizás lo que me hizo poner en plan de activarme fue poder ayudar a otros”, expresó.

Manuela es quien se encarga de buscar los materiales y distribuirlos, tomando las estrictas medidas para evitar el contagio. Además junto a otras dos vecinas coordina el uso de la máquina que corta los pliegos, y gracias a su experiencia, puede automatizar mejor el proceso. “Aunque estamos hablando de miles de productos, yo creo que nunca había trabajado cortando ni cosiendo más de 100 productos”, contó. Luego de cortar las telas, distribuyen los materiales y cada designada por zona geográfica reparte a las demás voluntarias.

Esta actividad ha estrechado lazos entre las vecinas, pero Manuela se lo atribuye a  otro hito histórico. “Desde el 18 de octubre nos salimos de nuestras individualidades y hemos empezado también a conocer nuestros barrios más cercanamente, por lo menos yo por ejemplo me empecé a congregar en una agrupación feminista en Peñalolén”.

 

Por ti, por mí  y por todos mis compañeros

No sólo es la confección de mascarillas la única iniciativa ciudadana. Techo-Chile junto a Hogar de Cristo, Fondo Esperanza, Movidos por Chile, Red de Alimentos y Servicio Jesuita a Migrantes, con el apoyo del Ministerio de Desarrollo Social, lanzaron la campaña “Chile Comparte” orientada a recolectar insumos básicos como comida y productos de higiene para entregar a las familias más vulneradas.

En esta línea también está la iniciativa de  la Secretaría de Mujeres Migrantes que busca financiamiento para armar canastas básicas de alimentos para la población migrante, afectada por el creciente desempleo dado el contexto actual.

La Covid-19 también ha obligado a otras cooperativas a cambiar su sistema colaborativo, como le pasó a  “La Canasta”, una organización sin fines de lucro que hacía ocho años venía trabajando con productos amigables con el medio ambiente, alimentos sin agrotóxicos, y orgánicos, en alianza con pequeños productores agrícolas, beneficiando a sus socios. Pero, cuando partió la cuarentena voluntaria, decidieron abrir sus puertas para que cualquier persona (socia o no) pudiera hacer pedidos. El trabajo se ha triplicado, por lo que son muchas las manos que se han necesitado en este último tiempo.

Son 100 voluntarios que trabajan rotándose semanalmente en equipos de 20. “Definimos tres cosas centrales para poder operar en esta contingencia, la primera es que vamos  a abrir a todo el mundo; la segunda que vamos a repartir, cosa que nosotros nunca habíamos hecho; y la tercera nos dimos cuenta de  que nuestra oferta tiene la limitación relacionada al cambio de estación y es que teníamos muy poca fruta y que la gente igual iba a salir a comprar a otro lado. Entonces resolvimos un acuerdo con la feria de Peñalolén para traer frutas, y así  venderlas acá a precio costo” detalla Jossie Escárate, socia de La Canasta.

#TodosJuntos

No todos los actos de solidaridad tienen detrás un aparataje, ni una gran logística, hay otros más cotidianos que de igual manera son invaluables: vecinos que se ofrecen para hacer el aseo de sus edificios o el cuidado de los jardines comunes, de manera que los conserjes puedan cumplir su cuarentena, sobre todo aquellos que son adultos mayores; aquellos que dejan libros en la entrada de sus casas para que alguien más  pueda leerlos; los músicos que tocan su instrumento desde el balcón; otros que se ofrecen a hacer las compras de personas pertenecientes a grupos de riesgo; ciudadanos que reparten comida en las largas colas que se hacen para cobrar el seguro de cesantía, o al personal de la salud que se expone día a día para enfrentar la pandemia. Todo esto nos dice que el contacto físico es importante, pero lo que mantiene el tejido social son la solidaridad y la empatía.

“Quizás esta crisis nos enseñe de una vez que no somos tan diferentes y que nuestra humanidad podría tener entre manos un destino común de empatía y cuidado por los otros. Y hoy como nunca en nuestra historia hemos experimentado esa certeza” reflexiona Nicolás Cruz, director ejecutivo de la Fundación base Pública.

Conoce más sobre estas iniciativas en nuestra Cápsula BP.

 

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