La Urgencia de la Salud Mental de un Adicto

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El Dr. Juan Maass, director del Instituto Psiquiátrico Dr. José Horwitz Barak, participó en la presentación de la primera ley de salud mental, aún cuando reconoce que las leyes muchas veces no resuelven todas las problemáticas y se transforman en letra muerta si no hay una discusión ciudadana previa. Maass, con especialidad en psiquiatría, explica que los adictos son un grupo particularmente vulnerable, y más si son de sectores populares. En esta entrevista aborda la complejidad de los tratamientos voluntarios a los drogodependientes y plantea la posibilidad de que en una primera instancia la internación de un adicto pueda ser, de forma regulada, en contra de su voluntad.

Hay diferentes y contrapuestas opiniones sobre la internación voluntaria e involuntaria de una persona adicta.

– Existe la idea de que las drogas deben ser tratadas exclusivamente cuando la persona adicta voluntariamente decide suspender su adicción. Esto naturalmente es muy excepcional, porque los adictos normalmente no deciden, ya que están fuera de su plena conciencia, por eso se les exige a las familias que los ayuden a recapacitar. Los sectores que han perdido las redes sociales o que tienen pocos espacios sociales son los más vulnerables y los que definitivamente jamás van a encontrar esta solución.

¿Cual es la crisis o el drama más complejo que viven las familias vulnerables con relación a un integrante con consumo problemático de drogas?

– En primer lugar, las familias se hacen codependientes en cierta medida de estos pacientes. Entonces estos empiezan de a poco a abusar y no saben (la familia) hasta dónde ponerle límites. Llega un punto en que los pacientes son violentos y agresivos, les roban los pocos bienes que tienen, les roban la pensión a las personas ancianas y se va transmutando hacia una psicopatología bastante antisocial, porque justamente quieren recursos para obtener drogas. Esto hace que las familias que ya tienen fragilidades en este punto se hagan tremendamente frágiles y se derrumben. He visto muchas separaciones de mujeres abnegadas versus maridos que ya no soportan, se retiran y dejan la embarrada económica.

“Los sistemas de salud rechazan permanentemente a las familias de sectores populares porque la persona no quiere internarse voluntariamente”.

 En sistemas familiares vulnerables resulta muy complejo convencer o motivar a los adictos a que se sometan a tratamientos. ¿La internación involuntaria puede ser una alternativa viable?

– Tenemos que hacer algún esfuerzo para preservar un acápite especial para situaciones con esta magnitud, conservando los deberes y derchos habituales de un paciente. Yo veo que los sistemas de salud rechazan permanentemente a las familias de sectores populares porque la persona no quiere internarse voluntariamente. De hecho, hay un caso muy emblemático de Rancagua donde un padre se encadenó y exigió que se le hiciera tratamiento a su hijo.

Pero muchos especialistas plantean que para un mejor resultado en el tratamiento, es indispensable la voluntad del adicto.

– Efectivamente el tratamiento tiene un mejor pronóstico si hay voluntad de sanar. Pero una posibilidad, que el proyecto de ley que actualmente se discute podría contemplar, sería permitir aclarar la conciencia del paciente que está normalmente bajo los efectos de las drogas. Entonces, una vez aclarada, la persona estaría apta para iniciar un tratamiento. Pero hoy día se parte del momento en que se sorprende al individuo en su dependencia y habitualmente está en forma tóxica, de modo que es muy complejo tomar una decisión.

 

¿Hoy no hay ningún argumento legal o médico en el sistema público y privado de salud para someter involuntariamente a un familiar a algún  tratamiento contra la drogadicción?

– Existe la opción, pero es muy complejo, sobre todo para estos pacientes, porque tendría que haber una red familiar suficiente que haga una solicitud una en la Seremi o en la justicia. Pero aún así no es fácil porque el sistema pone en primer lugar a personas con problemas psiquiátricos o enfermedades graves.

 

¿Usted tiene alguna idea de cómo debiera ser el mecanismo?

– Debería ser un mecanismo que permitiera que la persona se desintoxicara, y una vez desintoxicada, eligiera si quiere seguir siendo un adicto.

 

¿Usted está planteando que involuntariamente, por vía familiar, administrativa o legal, se pueda someter a un tratamiento hasta que “despierte” un poco, se desintoxique, y nuevamente someta su voluntad a determinación?

– Claro, porque la primera parte, al no estar consciente pleno, nos enfrentamos a lo que legalmente se llama locura o demencia transitoria. Al despejarse de la adicción, y hay que tener gente con ese concepto en la cabeza, a tratantes me refiero, porque hoy día el concepto predominante es que si no es voluntario pues chao. Entonces no hay ninguna etapa que permita convencer a estas personas de buena forma, no convencerlo a través de forma coercitiva. La hospitalización sería coercitiva, pero requiere todo una acogida y un apoyo.

 

¿Lo coercitivo sería un  tiempo breve?, ¿un par de semanas?, ¿un mes?

– Hasta que se desintoxique. Normalmente dura entre 10 y 15 días en promedio. También hay adicciones más graves como morfina, que pueden ser de más tiempo.

 

En el caso de que la ley determine lo que usted está diciendo, ¿están los sistemas de salud preparados con los especialistas y camas de hospitalización necesarias?

– No, no lo está. Y en el caso de especialistas, más que eso, aquí se necesita gente con los suficientes criterios y conductas hospitalarias para aceptar a estas personas, cuidarlas y preocuparse de hacerles ver la realidad. Por eso yo digo que la discusión de especialistas a veces me choca un poco, ya que aquí se necesita gente con visión psicosocial, que tenga una visión de las drogas como un fenómeno sistémico y social.

 

¿Es este hospital, cuántas personas hay en tratamientos ambulatorio o permanente y cuántos son por adicciones?

– Es difícil decirlo en cifras absolutas, porque las adicciones hoy día se han combinado en forma muy frecuente con la mayoría de las enfermedades mentales, entonces cuando uno habla de un adicto puro, la cifra es baja, estamos hablando de un 2% a 3%. La mayoría son adicciones duales (adicción más enfermedad mental).

 

¿Cómo se explica que hasta ahora los parlamentarios no hayan metido mano a esto?

– Las cosas van evolucionando. Por diversas razones los parlamentarios han tenido un doble mensaje, porque por un lado han promovido un tipo de droga y por otro han restringido otras, lo que es muy maldito en acciones públicas. Pero ese doble mensaje es complejo, porque al bajar la percepción de riesgo de por ejemplo la marihuana, se produce el concepto de que no es tan mala, pero es un fármaco cada vez más concentrado que produce en los adolescentes una detención en el desarrollo de maduración del cerebro. Aquí nos damos cuenta de que el mensaje está siendo equívoco.

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