La Vida en el Vertedero de La Chimba

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Antofagasta es una ciudad llena de contrastes. El PIB per cápita promedio anual es de US$37.205, el más alto de Chile y similar al de países de Europa debido a la potente actividad minera que predomina en la zona, pero no todos los habitantes disfrutan de las riquezas que genera la minería.

Al vertedero municipal La Chimba van a parar cerca de 600 toneladas de basura al día. Se ubica al noreste de Antofagasta desde hace al menos 30 años y es uno de los más grandes de Latinoamérica. El lugar es un foco de riesgo sanitario, especialmente para las dos mil personas que viven en los cinco campamentos aledaños, en su mayoría extranjeros.

Juana Vivela, peruana, vive hace un año y medio en el campamento La Quebrada.  Con sus vecinos ha intentado disminuir la cantidad de basura con la que conviven diariamente. 

En 2014 el Gobierno Regional inició el Plan de Superación de Campamentos en Antofagasta con el fin de abordar la situación de las familias que allí viven y ayudar a estrechar la segregación de toda índole: educacional, laboral, de participación social, etc.

Paz Fuica es coordinadora del plan en la región y comenta el trabajo que han realizado para ayudar a los vecinos.

El sacerdote Felipe Berríos vive en La Chimba desde febrero de 2015 por designación de la Compañía Jesús. Durante este periodo ha ayudado a organizar a los vecinos del sector Luz Divina para que puedan mejorar sus condiciones de vida. Ya instalaron un portón, pintaron sus casas y les han puesto números y, aunque deben seguir colgándose de la luz, el lugar de a poco comienza a estar más ordenado.

La basura es el sustento de cientos de personas. En el vertedero trabajan cerca de 170 recolectores, los que hace nueve años se agrupan en el Sindicato de Trabajadores Independientes de La Chimba. Recogen todo tipo de desechos: Plásticos, latas, papeles o cartones que luego venden por kilo, y también juguetes y ropa, pequeños descubrimientos que ponen a la venta en ferias libres. Esta labor que les permite sobrevivir, al mismo tiempo ayuda a descongestionar el basural.

La mayoría de los recolectores vive en los campamentos de La Chimba. Suben cerca de las 6 de la mañana al vertedero e incluso algunos continúan trabajando en la noche. Aprovechan al máximo lo que les brinda el lugar. Acopian todo lo que les sirva para reutilizar, vender o incluso alimentarse. Otros viven ahí mismo, como Nelly Saavedra.

 

 

Francisco Figueroa, presidente del Sindicato, tiene 52 años y lleva 22 trabajando en el vertedero. Dice que el sueldo promedio de un recolector, cuando trabaja de forma constante, puede llegar a los 600 mil pesos. Por eso mismo no se ha cambiado de rubro. El mayor problema que advierte Figueroa es que la gente discrimina a los recolectores por trabajar en La Chimba y esa situación es precisamente la que lucha por revertir.

En el vertedero es habitual que se produzcan quemas ilegales de basura, dice Víctor Silva, vocero y vicepresidente de No Más Quemas, organización ciudadana que intenta erradicar los incendios en La Chimba. El perímetro del vertedero no se encuentra cerrado por completo y hay quienes se aprovechan de esto para escabullirse en las noches y eliminar los desechos o bien para incendiar postes de luz o materiales que les permitan obtener metales que luego venden por kilo. Una situación que es considerada sólo una falta y que ha sido difícil de revertir.

Los vecinos de la “zona roja”, como le dicen los lugareños, están cansados de lidiar con el humo e intentan por todos los medios paliar sus efectos. Utilizan trapos mojados en los marcos de las puertas y ventanas para que no entre a las casas o mascarillas durante el día. El olor se vuelve tan insoportable que dormir se convierte en una tarea compleja, lo mismo al momento de salir al trabajo o al colegio en la mañana, cuando el olor no cede pero se debe continuar con la rutina.

Tras varios años en que los vecinos de la zona norte lucharon por erradicar el vertedero debido a la contaminación, en 2015 la empresa Amphos 21 ganó la licitación para realizar estudios de recuperación de los suelos del basural y definir qué proyecto es factible desarrollar. Paralelamente se planea abrir el primer relleno sanitario de Antofagasta en Chaqueta Blanca, con el que se espera resolver la disposición final de los residuos domiciliarios, lejos de los habitantes de la comuna.

En abril del año pasado la resolución de calificación ambiental del proyecto fue aprobada y ya comenzaron las obras.

 

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