opinión

Las organizaciones de la sociedad civil en el apoyo a la niñez

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Fundación Educacional Oportunidad lleva ya 14 años potenciando el liderazgo pedagógico y directivo en educación a través de prácticas colaborativas que permiten fortalecer el aprendizaje de niños y niñas en nuestro país. Actualmente, la fundación acompaña a equipos docentes de 136 establecimientos educativos en 18 comunas a través del desarrollo de diversos programas. Desde esta experiencia queremos relevar el trabajo que realizan las organizaciones de la sociedad civil (OSC) en favor del bienestar de niños, niñas y adolescentes y la importancia de asegurar su sustentabilidad en los próximos años.

Actualmente hay cerca de 235.000 OSC en Chile, de acuerdo con la iniciativa Sociedad en Acción. Se trata de un conjunto diverso de instituciones que contribuyen al desarrollo social a través de la atención directa, acompañando en el desarrollo de capacidades, generando evidencia a través de la investigación o visibilizando los problemas de los sectores más postergados de la población. Muchas de ellas trabajan por la protección de los derechos de niños, niñas y adolescentes desde distintos frentes, como salud, educación, cultura, entornos urbanos y justicia.

Parte importante del valor de las OSC es que trabajan directamente con las personas, siendo en muchos casos parte de la comunidad, lo que les permite comprender la complejidad y la heterogeneidad de las situaciones que se viven en cada territorio. En el caso de Fundación Educacional Oportunidad, los equipos educativos trabajan con la metodología de mejora continua. Esta consiste en que cada docente identifica una dificultad en su sala, diseña una estrategia y la prueba. Los aprendizajes se comparten en una red que reflexiona sistemáticamente sobre cómo mejorar los aprendizajes de niños y niñas. Así, los equipos de distintas comunas se unen bajo objetivos comunes como reducir el ausentismo crónico o potenciar las habilidades comunicativas en sus escuelas.

Estas experiencias de desarrollo local se multiplican en nuestro país a través de las OSC, que operan con el apoyo de personas comprometidas con el desarrollo integral de la niñez, a través de la gestión de recursos públicos o privados. Estas organizaciones requieren hoy atención especial.

En primer lugar, es clave que las OSC formen parte de la discusión de las políticas públicas que tengan por objetivo resguardar el bienestar de niños, niñas y adolescentes en el marco de la crisis social. La visión de las OSC sobre las condiciones de vida en cada comunidad es un aporte imprescindible al momento de optimizar programas que logren tener efecto en la vida de las personas.

En segundo lugar, es esencial asegurar la continuidad operacional de las OSC durante la emergencia actual y para un futuro de mayores carencias. Por una parte, es necesario que las medidas de apoyo económico y los ajustes de recursos públicos consideren especialmente el correcto funcionamiento de las organizaciones que trabajan en primera línea con los niños, niñas y adolescentes que quedarán más desprotegidos en un entorno de mayor pobreza. Asimismo, resulta necesario facilitar los procesos de donaciones privadas para acelerar el flujo de recursos que puede canalizarse por esta vía.

El presente y el futuro de la niñez en nuestro país requiere de la voz y la acción de las organizaciones de la sociedad civil, complementando la acción pública y canalizando aportes privados. Hoy, más que nunca, es necesario mantener fuerte la capacidad de este sector para llegar donde otros no llegan.

*El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la Fundación Base Pública.

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