“No podemos construir estrategias para jóvenes sin su participación”

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¿Puede ser exitoso un programa que no toma en cuenta la opinión de sus beneficiarios? En esta entrevista, el director social del Hogar de Cristo, Paulo Egenau, explica cómo se impulsa e incluye la participación de niños, niñas y adolescentes en el funcionamiento de su institución.

Paulo Egenau lidera una institución que acoge a parte de la infancia y adolescencia más vulnerada del país. Allí trabaja con jóvenes que, a pesar de tener problemas de adicción o de haber vivido en la calle, tienen el interés de opinar sobre la situación en la que viven y cómo salir de ella. Psicólogo de profesión y máster en drogodependencia, Egenau comprende que un tratamiento tiene mejores resultados cuando recoge las inquietudes y necesidades de quien lo recibe.

Ya son muchos los profesionales que sostienen que los niños, niñas y adolescentes no viven desconectados de la realidad en la que viven los adultos, sino que tienen un pensamiento político desarrollado. ¿Usted está de acuerdo con esta visión? ¿Lo ha visto en su trabajo?

Nosotros somos una institución convencida de que los servicios, los programas, las experiencias y las ofertas que se construyen para los niños, siempre tienen que ser con la participación de los niños incluida. De hecho, tuvimos una experiencia en el sector Las Compañías en la Serena, en una comunidad muy pobre con hartas dificultades. El programa se llama La Esquina y lo ejecutamos durante cuatro años. Hicimos una serie de evaluaciones acompañados por la Universidad Central y publicamos un libro llamado Nada sobre nosotros sin nosotros.

Ese concepto apunta a que cuando tú piensas en mí, en términos de prestar servicios, acompañar, orientar y resolver, hazlo conmigo. Escúchame, permíteme participar, déjame dar mi opinión y plantear lo que para mí es prioritario, independientemente de que yo también, producto de mi inexperiencia y juventud tengo que escuchar tu experiencia. Nada sobre nosotros sin nosotros es algo que caracteriza a los programas del Hogar de Cristo, en general.

¿Cómo se incluye la voz de la infancia en el funcionamiento del Hogar de Cristo?

Nosotros trabajamos varios temas con infancia. Uno es la educación inicial, que comprende salas cuna y jardines infantiles ubicados en sectores de pobreza a lo largo del país. Allí cuando se construyen los protocolos y las formas de trabajo con los niños, escuchamos la voz de la infancia, en el entendido de que estamos interactuando con niños de entre 0 y 5 años, por lo que la participación de las familias es muy importante.

Además tenemos los programas de la Fundación Educacional Súmate, que trabajan con adolescentes en escuelas de reingreso y hacen trabajos territoriales comunitarios en torno a la inclusión educacional. Ahí el nivel de priorización de los temas viene con una participación de los y las jóvenes de manera absolutamente directa. Lo mismo pasa en los programas terapéuticos para adolescentes, hombres y mujeres con consumo problemático de alcohol y otras drogas y con experiencias de victimización e historias de trauma que requieren de un apoyo terapéutico transitorio.

Según su experiencia de trabajo con niñez y adolescencia vulnerada y en situación de pobreza, ¿cree que estos jóvenes en riesgo social y con problemas inmediatos de adicción, delincuencia o conductuales, tienen la capacidad y el interés de participar?

Absolutamente. Hay muchos mitos respecto de las personas que vienen de historias de pobreza extrema, incluyendo a personas que se encuentran en situación de calle. Son personas con una capacidad de pensamiento crítico, que tienen el potencial absoluto de evaluar su realidad y fijar sus prioridades respecto de lo que para ellos es importante para salir de la situación en la que se encuentran.

Eso es lo que se puede encontrar cuando uno tiene la voluntad y la disposición de salir del mundo de los prejuicios y, a través de la construcción de vínculos, interactuar directamente con poblaciones sobre las cuales recaen estos estigmas y prejuicios. Muchos creen que son personas incapaces, irracionales, sin capacidad de juicio y eso es puro mito. Son muy pocas las personas que, por distintas razones, pueden llegar a tener dificultades serias en términos de la construcción de un juicio respecto de lo que les ocurre o de su futuro. La mayoría, a pesar de tener consumo problemático de alcohol y otras drogas, a pesar de tener años de vida en calle, a pesar de haber sido históricamente excluidos del sistema escolar por muchísimos años, a pesar de haber sido infractores de ley, son personas que tienen un potencial extraordinario para la autodeterminación. Creemos que el autogobierno y la autodeterminación son fundamentales en las políticas modernas y en los programas dirigidos a ayudar a las personas.

El Hogar de Cristo desarrolló un nuevo modelo de residencias para niños y jóvenes, donde no juntan a más de dos chicos por habitación y los separan por edades. ¿Cómo se incluyó la opinión de NNA en esa iniciativa?

Lo primero que hicimos antes de remitirnos a la literatura y a la evidencia internacional más académica, fueron dos estudios: uno cuantitativo y uno cualitativo. El estudio cuantitativo fue la caracterización de los y las jóvenes que históricamente han participado en nuestras residencias. Quiénes eran, cuál era su vínculo con la institución, las relaciones con su familia, historias de victimización y trauma, de consumo de drogas y alcohol; una caracterización importante para saber de qué tipo de niños estábamos hablando y cuáles eran sus experiencias de vida.

El estudio cualitativo fue dirigido específicamente a escuchar a los y las jóvenes en entrevistas personales y en trabajos grupales, respecto de cuál había sido su experiencia en los programas que el Hogar de Cristo les había ofertado como residencia de protección y terapéutica. Eso lo hicimos con quienes estaban en residencias en ese momento, con jóvenes hombres y mujeres que habían egresado de las residencias hace algún tiempo, con las familias de esos jóvenes, con los trabajadores y con los equipos técnicos y profesionales.

¿Por qué es importante que las instituciones y organizaciones que trabajan con infancia y adolescencia se preocupen de la participación de los NNA?

Las metodologías basadas en una mirada motivacional, son hoy en día las que han demostrado desde la evidencia ser mucho más efectivas. Si tú me escuchas y yo siento que el programa recoge mis inquietudes, mis necesidades, prioridades y sentimientos, ese programa va a tener una mucho mayor posibilidad de servirme para los objetivos de resolver un conflicto, de integrarme de alguna forma, de reparar historias de derechos vulnerados y superar crisis.

Las metodologías basadas en la autonomía tienen que estar presentes y tenemos que entender que el autogobierno es una necesidad fundamental para todas las personas de manera progresiva mientras uno crece. Ya en el mundo de la adolescencia el Nada sobre nosotros sin nosotros creo que es un sine qua non. No podemos construir modelos y estrategias para apoyar a grupos de jóvenes sin su participación. Hay que escucharlos sinceramente sobre cuáles son sus prioridades y necesidades en ámbitos que son muy sensibles como el consumo problemático, temas de sexualidad o temas de género.

Descarga aquí el libro “Nada sobre nosotros sin nosotros”

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