Ollas comunes: la organización comunitaria para subsistir

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Una olla común es una activación comunitaria independiente y autogestionada que se da entre vecinos y pobladores, y que busca resolver la necesidad básica de comer. Es esa necesidad imperiosa la que se ha expresado a raíz del tercer mes de la pandemia del coronavirus en nuestro país, sobre todo en la Región Metropolitana, que según el último reporte del Minsal concentra el 90% de los nuevos casos.

Ya son múltiples ejemplos donde se realizan ollas comunes que, con medidas sanitarias, se han manifestado en comunas como El Bosque, Puente Alto, La Pintana, San Bernardo, Lo Barnechea, entre otras que se suman a diario. Lo anterior evidencia  inequidad social, desigualdad de trato, bajos sueldos y pensiones indignas, entre otros múltiples factores. Reclamos que estuvieron muy presentes en el estallido social.

A nivel nacional podemos hablar de una tercera ola de este tipo de organización: en 1932 se dieron  a raíz del hambre que produjo la Gran Depresión, afectando las exportaciones de salitre y cobre, que se tradujo en cesantía, incluso gente sin casa se fue a vivir a cuevas existentes en la capital; luego  en 1983, en plena dictadura militar, cuando el desempleo en Chile alcanzaba el  30%, afectando una vez más a los sectores populares.  Actualmente, debido a la pandemia, las poblaciones que en Santiago organizaron ollas comunes -que en otros países podría conocerse como comedores comunes-, fueron La Victoria, Lo Hermida y La Bandera, pese a que se extrapola esta gestión a varios puntos del país, incluyendo también talleres y otras actividades.

Sociedad organizada

La Copam, Cooperativa Popular de Apoyo Mutuo, nació al alero del movimiento de pobladores Ukamau en Estación Central en abril pasado, cuando la crisis del Covid-19 no entraba en su etapa más conflictiva, se encarga de abastecer y distribuir canastas alimenticias de emergencia a precio justo a miembros de la cooperativa, vecinos, y ahora a cualquier persona. La instancia ha tenido un crecimiento exponencial, formándose filiales en San Antonio, Peñaflor y Cerrillos, en esta última ya organizaron  una olla común. 

“Es una alternativa en los territorios para paliar la crisis”, expresa Victoria Herrera, vocera nacional de Copam, y añade que se viene una ola de apoyo y organización en los territorios con movimientos populares, porque “estamos recién empezando esta crisis”. 

Sobre el rol activo de la mujer en las ollas comunes y su organización, Herrera expresa que “históricamente han sido las mujeres quienes han tomado ese rol” y “creemos que las mujeres tienen un rol fundamental en la sociedad, y lo vemos reflejado aún más fuerte en estas instancias, donde se levanta esta economía popular y del hogar”.

Contacto para ayuda: +56 9 9867 0167

Juan Francisco Abogabir, director del jardín infantil Idequitos de la Corporación Ideco de La Pintana, que se dedica desde 1991 de forma permanente a la atención de niños, niñas y adolescentes que han sido vulnerados en sus derechos fundamentales, ha sido un activador de ollas comunes en el sector de El Castillo tras el paso del coronavirus, en un proyecto de llamado Olla Común Móvil, activación que nace precisamente para no generar aglomeraciones y mantener la distancia física, pero abasteciendo de alimentos a los vecinos que han quedado sin empleo. “Nació como una iniciativa pequeña pero que día a día ha ido creciendo más, que permite a los particulares aportar tanto a la cuenta corriente como con productos”, cuenta Abogabir.

Sobre las medidas de higiene y sanitarias, tan presentes desde que comenzó la crisis, los alimentos propios de esta iniciativa, son bienes que son procesados en la cocina del propio jardín infantil, con voluntarias/os manipuladores de alimentos y que cuenta con resolución sanitaria, hecho importante de resaltar ya que la Seremi de Salud se ha encargado de fiscalizar algunas ollas comunes.  

 

Se cruzaron datos propios de la corporación, de la  municipalidad, y la opinión de dirigentes vecinales para saber a quiénes abastecer. “Nos dimos cuenta que teníamos que llegar mínimo a 400 personas, con vehículos de las mismas personas de acá”, añade el director.

Abogabir también resaltó el rol del municipio, liderado por la alcaldesa Claudio Pizarro, que dentro de sus posibilidades ha logrado abastecer de insumos de higiene y gas licuado a las más de 12 ollas comunes que tiene al día de hoy La Pintana.

Contacto para ayuda: +56 9 7979 2552

“La ayuda de las autoridades ha sido nula, y se ha instalado el lema solo el pueblo ayuda al pueblo”, aseguró Alina Sandoval, presidenta de la Asociación Nacional de Derechos Humanos, y vocera de la Asamblea de Organizaciones Sociales y Políticas de la Provincia Cordillera, que genera activación en Villa Arcoíris I, Nuevo Amanecer, Óscar Bonilla, el Volcán, Villa Raimapu y el Volcán 3 de Puente Alto

Sandoval recalca lo olvidada que está toda la periferia de Puente Alto,que el desempleo no es solo de ahora, “hay gente que tenemos desempleada por 5, 6 años”, y que el fuerte de su organización son los vendedores ambulantes “que aseguran el plato que necesitan todos los días en su casa”.

 

La situación de alimentación comunitaria en Puente Alto tiene  4 semanas, y la asamblea liderada por Sandoval completa 6 ollas comunes con base en donaciones populares. Lo anterior se traduce en unos 5000 almuerzos.

Contacto para ayuda: +56 9 8719 5035

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