opinión

Situación de Calle: ¿cómo abordarla más allá de la Vivienda?

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on linkedin

“Personas en situación de calle” es un concepto relativamente nuevo para nombrar a viejos personajes de la historia y el folclore: vagos, vagabundos, mendigos, linyeras, locos de la calle. Para muchas y muchos, es un eufemismo que oculta realidades más-o-menos complejas y más-o-menos agradables de ver y compartir. En diversos lugares del mundo se asocia a la falta de techo a los embargados, a las víctimas de la especulación inmobiliaria, pero en la realidad latinoamericana se ve complementada por una serie de debilidades estructurales: carencia de seguridad social, aguda segregación urbana y altos niveles de desigualdad social.

En este contexto, se han desarrollado algunas visiones que muestran la vivienda como solución inicial o final de la situación de calle.

En Estados Unidos ha ganado terreno el paradigma de Housing First (“vivienda primero”) para los homeless (sin casa). Aquel modelo se comenzó a implementar en 1992 en Nueva York, y se ha expandido a otras ciudades estadounidenses, Canadá, países de Europa, Oceanía y Asia. La iniciativa busca una reorientación del gasto público de los programas asistenciales para esta población sobre la cual se puede ir generando un proceso de acompañamiento personalizado para la integración y revinculación social.

A este paradigma se contrapone uno más conocido en nuestra realidad: el modelo de la escalera de superación. Este formato es representado gráficamente como una escala hacia abajo (procesos de pérdida y caída), un fondo (situación de calle) y peldaños (cada subida es una etapa de bienestar), y ha sido aplicado en más de algún momento por la mayoría de las organizaciones que trabajamos con esta realidad social, bajo el paraguas técnico, normativo y financiero del Ministerio de Desarrollo Social.

La escalera de superación, sea como modelo mundial o en su versión chilenizada, relegaba el problema de la vivienda al último, como una coronación al sujeto que fue capaz de escalar a la cima para dejar atrás su pasado en calle.

De hecho, el presidente Sebastián Piñera consideró el modelo Housing First en su programa presidencial, comprometiéndose a “instalar un sistema integrado de servicios que promueva la superación de la situación de calle de manera alineada con las estrategias mundiales que abordan el tema y siguiendo la estrategia de ‘Techo Primero’, que asigna una vivienda como primer paso para salir de la situación de calle”.

Sin ir más lejos, como Fundación vemos que la situación de calle es la de sujetos vulnerados en uno o más derechos, tales como salud, educación, vivienda, trabajo o justicia. Se necesita una política de Estado que supere la mirada parcial de determinados ministerios y servicios sociales, así como la temporalidad de los gobiernos de turno.

Urge una política desde una perspectiva de Derechos Humanos, que apunte a erradicar las causas que generan la situación de calle a través del cumplimiento de la legislación interna, así como los acuerdos y tratados internacionales; y que se haga cargo de la complejidad de la calle a través de la generación de entornos especializados que sean protectores y de promoción, ya que en la calle podemos encontrar una diversidad de biografías y personalidades que hace imposible homogeneizar bajo una fórmula mágica la solución al problema

En las calles hay marginados de la sexodiversidad, mujeres abusadas, indígenas sin tierra, inmigrantes sin trabajo, depresiones no tratadas, sobremedicalización psiquiátrica, ex-presidiarios sin redes, infancia abandonada, vecinos con vivienda arrebatada, tercera edad denigrada, consumos desatados, discapacidades excluyentes.

Hoy, la situación de calle en Chile responde a causas estructurales injustas y excluyentes que promueven el sálvense quien pueda, y que no valora ni estimula las soluciones colectivas, la participación social y política, así como la responsabilidad comunitaria.

En ese sentido, el techo de las personas en situación de calle, más que un límite, es un colchón que se vincula al cumplimiento de todos los Derechos Humanos que nos debemos como miembros de una sociedad, y desde allí tenemos que ir generando las oportunidades necesarias para alcanzar una vida digna.

El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la fundación Base Pública.

Scroll to top

Contáctanos

Envíanos tus consultas o comentarios

Estamos en:

Victorino Lastarria 90
Santiago de Chile

Suscríbete y recibe nuestro Newsletter