opinión

Superar la crisis exige remar todos para el mismo lado

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La tecnología y el bienestar material nos ha transformado como especie en pocas décadas. En nuestro país habíamos dejado atrás, de cierto modo, la pobreza en sus formas más extremas. Queríamos vivir en una cierta seguridad, con acceso a ciertos medios de vida e incluso, meses atrás, se impulsó un importante movimiento exigiendo una sociedad más justa y sin abusos. Un nuevo Pacto Social.

Y vino la pandemia. Y con ella una circunstancia inédita que nos obliga a renunciar al encuentro tal cual lo conocíamos y reemplazarlo por nuevas dinámicas de hacer comunidad a pesar del distanciamiento físico, para poner en práctica el autocuidado y la corresponsabilidad en el cuidado de la vida colectiva.

Junto con todo lo que debemos comprender y aprender de esta inédita experiencia de incertidumbre y a la vez de solidaridad, creemos importante destacar tres aspectos que nos parecen fundamentales para enfrentar los desafíos que vienen. 

1.- LA SALUD DEPENDE DE TODOS

La salud y con ella la vida, es el primer bien que estamos resguardando. No saber si un día más es un día menos de distanciamiento, nos ha hecho aprender con mucha humildad que el trabajo, la educación, la economía, la sociedad, no son nada si no tenemos salud. Acá la clave es cuidarse y cuidarnos a todos manteniendo las recomendaciones de las autoridades y especialistas, y utilizar de la mejor manera posible los servicios de salud. 

Sabemos que en Chile existen graves brechas sociales en salud, y sabemos también que las personas en situación de pobreza y vulnerabilidad hoy son aún más pobres y más vulnerables. Las condiciones que agravan el comportamiento del virus en el cuerpo humano se dan con más intensidad en este sector de la población porque son quienes más sufren de enfermedades de base y quienes reciben peores tratamientos o acompañamiento médico en sus vidas. Ellos tienen menos salud “acumulada” en sus ciclos de vida. 

La cuarentena tiene también efectos negativos que se experimentan con mayor intensidad en los sectores vulnerables, producto del tamaño de las viviendas, del hacinamiento, del consumo problemático de alcohol y drogas y del aumento de la violencia intrafamiliar. 

Esta pandemia adelantó el teletrabajo y la teleeducación. A pesar de la voluntad y esfuerzos, se ha develado la brecha digital en el acceso que niños, niñas y jóvenes tienen a la tecnología para aprender y trabajadores a realizar parte de sus labores. Estas diferencias generan una tremenda frustración que tenemos que enfrentar.

2.- LA POBREZA Y LOS MEDIOS DE VIDA 

Para miles de familias, la «normalidad» es muy hostil. El país ha avanzado, pero paradójicamente las brechas sociales, económicas y culturales no han disminuido. En el actual contexto, se profundizan.

Vivir la pandemia sin agua para el consumo humano en una vivienda a la que le faltan varios metros cuadrados para acercarse a una vivienda digna, enfrentarse hoy a la pérdida de las precarias fuentes laborales, volver a vivir necesidades de alimentación que vuelven con fuerza y que pensábamos superadas, es una realidad preocupante que debemos superar con la colaboración de todos. 

No podemos permitir que la sobrevivencia de las familias más vulnerables esté en juego. Si antes había que nivelar la cancha con apuro, ahora lo debemos hacer con extrema urgencia. No podemos permitirnos como sociedad que esta crisis sanitaria signifique un retroceso económico y social irremontable para comunidades enteras. Aquí el esfuerzo del Estado, el sector privado y la sociedad civil, debe ser urgente y mayúsculo. 

Desde nuestro trabajo en territorios vulnerables y aislados sabemos que la clave está en la colaboración y cooperación que permiten construir un desarrollo inclusivo movilizando los recursos propios y acercando las oportunidades disponibles. La respuesta a la actual crisis y la fase de reactivación-recuperación que deje esta pandemia requerirá buscar y trabajar en soluciones de manera cooperativa como nunca antes. 

Quienes cooperan en un esfuerzo colectivo son capaces de pasar por momentos estrechos, innovar y prosperar permitiendo que las crisis pasen. Sabemos que las soluciones individuales funcionan muy limitadamente. Hoy ansiamos que lo positivo que nos deje esta experiencia, sea el valor de lo comunitario y la solidaridad, en formatos y dinámicas distintas a las que conocemos hasta ahora. 

3.- LA COORDINACIÓN DE LAS INSTITUCIONES 

Hoy más que nunca necesitamos que nuestras instituciones estén plenamente articuladas y disponibles para implementar una estrategia integral en el marco de la fase de asistencia a las personas más vulnerables y las ayudas disponibles, así como en la fase de recuperación que vendrá en el mediano plazo. Actuar sin un plan maestro y articulado es el peor escenario que podemos construir. Y como lo que vivimos es inédito, nadie tiene todas las respuestas. Las instituciones del Estado tienen un rol preponderante en la emergencia, pero el sector privado y la sociedad civil no pueden quedar fuera de la colaboración de conectar y generar oportunidades y asistir con soluciones de primera necesidad. 

Tiempos difíciles, nos ponen el desafío de remar todos para el mismo lado y mediar nuestras diferencias. Esto que parece obvio, no lo es. Lo vemos a diario en el debate público, en la información que muchas veces genera ansiedad y confusión en la ciudadanía. Tenemos que coordinarnos de la mejor manera posible, generando la capacidad de dirigir certeramente los esfuerzos hacia los más temas críticos. Solo así saldremos de esta crisis sin dejar a nadie atrás. 

Hoy desde SERVICIO PAÍS, nuestros jóvenes profesionales están ocupando la tecnología disponible, para que no decaiga el bien más importante con el que contamos: el vínculo y la confianza con las agrupaciones sociales y comunidades con las que trabajamos. Adicionalmente y de manera cooperativa, estamos a disposición de las necesidades de los 100 municipios con los que colaboramos, como de todos los gobiernos regionales y ministerios aliados para conectar los recursos disponibles con las comunidades que más los necesitan.   

*El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la Fundación Base Pública.

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