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Base Pública en el Festival Internacional de Innovación Social

La jornada del Festival de Innovación Social (fiiS) estuvo marcada por el diálogo en torno a la contingencia actual que se vive en nuestro país y además, por los diferentes emprendimientos e iniciativas ciudadanas que buscan construir una comunidad que involucre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en el ámbito social, ambiental y económico.

Base Pública estuvo presente en el evento con la Carpa de Participación Ciudadana, que tuvo diferentes actividades durante el día:

  • Cabildo #CONSTITUCIÓNCONMUJERES, liderado por ComunidadMujer
  • Taller: «¿En qué piensas?: La voz de la infancia en nuestro país» de World Vision
  • Charla: «Lo que es de todos, lo hacemos entre todos» y «Experiencia: Ecoplaza Barrio Las Palmas: de basural a mirador con Junto al Barrio. 
  • Charla: «Diseño de áreas verdes en el contexto de cambio climático», liderado por Mi Parque. 
  • Café del Futuro: «Comunicación en tiempos de crisis» de Fundación Encuentros del Futuro.

También organizamos un diálogo sobre interculturalidad con base en el documental «Kuikuitin; creando puentes», que da cuenta de un proyecto que acerca profesores de colegios de la élite chilena a colegios mapuche, buscando que los futuros líderes del país rompan con los actuales prejuicios que existen.

Conoce lo que fue un fin de semana lleno de emociones en esta nueva Nota BP.

 

El día de actuar: el 6D se vivió con una gran reforestación en Cerros de Renca

Pese a la decisión del gobierno de Chile de no ser sede de la COP25 debido a la crisis que atraviesa, el 6D se mantuvo como el gran día en el que el mundo entero realizó un conjunto de acciones para combatir el cambio climático, siendo promotores de esta iniciativa la fundación chilena Cultiva y la oficina nacional de la organización suiza Avina.

En este contexto, y tras un año de trabajo, se concretó la reforestación masiva en los Cerros de Renca, cumpliendo con el propósito de construir bienes públicos de alto estándar, en particular en el sector poniente de nuestra ciudad donde existe la menor cantidad de metros cuadrados de áreas verdes por habitante.

Sobre la acción, el alcalde de la comuna, Claudio Castro, afirmó que “este será además un acto de justicia territorial porque nuestra comuna es una de las zonas con menos áreas verdes por habitantes y con esta reforestación masiva de 15 mil árboles en esta etapa, estamos también contribuyendo a aminorar de alguna forma los efectos del cambio climático”.

La meta original de plantar 30.000 árboles nativos se mantiene, sin embargo se decidió plantar 15.000 árboles este 6 de diciembre, con la participación de 5 mil voluntarios, asegurando el sistema de riego para los meses de más calor, y 15.000 árboles durante los meses de invierno del 2020.

En Chile esta iniciativa reafirma un fuerte compromiso por incentivar alianzas público-privadas para el país. A ellos se suma CONAF con el aporte de los árboles nativos, así como también grandes empresas como Coca Cola Chile, CCU y Ceresita. 

Revisa nuestro registro a continuación en una nueva Nota BP, como parte de nuestra Alianza Ciudad y Territorio.

Otro factor a considerar: ¿puede la crisis climática aumentar la pobreza en Chile?

Erradicar la  pobreza es la base sobre la que asientan los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Es imposible lograr un futuro justo y equitativo sin alcanzar este objetivo.

En esa línea,  Fundación Superación de la Pobreza – Servicio País, América Solidaria y Comunidad de Organizaciones Solidarias, lanzaron este 17 de octubre una declaración pública  titulada  «Nuevas pobrezas y crisis climática», donde ponen la voz de alerta  sobre cómo  la crisis climática podría aumentar la pobreza en nuestro país. 

«Quienes viven con mayor intensidad esta crisis climática en nuestro país son los más de 3,5 millones de personas que sufren diversas experiencias de pobreza. De ellos,  casi 1 millón son niños, niñas y adolescentes, con altas desigualdades de oportunidades territoriales y medioambientales”, sostiene Tomás Reyes, Director Ejecutivo América Solidaria.

En la misma línea, Catalina Littin, Directora Ejecutiva de Fundación Superación de la Pobreza – Servicio País, declara que  “somos una nación que ha mejorado su nivel de vida, pero que se desarrolla con injusticia territorial y medioambiental, por eso los cambios decisivos deben implementarse hoy”.

Acá puedes revisar la declaración de Fundación Superación de la Pobreza – Servicio País, América Solidaria y Comunidad de Organizaciones Solidarias, llamada Nuevas pobrezas y crisis climática: 

http://www.superacionpobreza.cl/wp-content/uploads/2019/10/declaracion_ep19-1.pdf

Y sobre otros puntos de vista de la sociedad civil, te invitamos a ver nuestro vídeo recopilatorio sobre cómo la crisis climática puede aumentar y perpetuar la pobreza en Chile.

Áreas verdes: ¿problema o solución a la sequía? 

En medio de la discusión para encontrar soluciones a la crisis climática que vive el planeta, desde Fundación Mi Parque ponen hincapié en el diseño y construcción de espacios públicos sustentables .

Es el tema de la columna de opinión de esta semana en la voz de Trinidad Vidal, Directora de Investigación y Desarrollo de Fundación Mi Parque, donde destaca que Chile está a punto de entrar en la lista de los países más afectados por la crisis del agua y que en comunas como Rancagua y San Felipe el déficit de lluvias supera el 70%.

“El agua se acaba y tenemos que hacernos cargo de aquello”, plantea Trinidad Vidal, haciendo un llamado a pensar el diseño de plazas y parques urbanos con una lógica sustentable, para que sean una solución y no un problema más. Revisa aquí la nueva columna de opinión audiovisual de Base Pública.

Masificación de eficiencia energética y economía circular: Desafíos para la COP 25

Previo a la COP 25, se reunieron grandes exponentes de la arquitectura y sustentabilidad para combatir el cambio climático a través de la construcción responsable.

Los temas tratados fueron: cómo la construcción enfrenta los nuevos desafíos y generar nuevas estrategias enfocadas en la economía circular y la disminución en la huella de carbono.

La cita tuvo lugar en Renaissance Santiago, que es el único hotel en Chile que cuenta con la categoría LEED® Gold, por su carácter en diseño e implementación de prácticas sustentables en el inmueble.

El seminario contó con la participación del Comité Sustentabilidad Colegio de Arquitectos, la Secretaría Ejecutiva MINVU, Certificación CES, Área sustentable CDT, Chile GBC y Aiguasol.

 

Sociedad Civil: Los actuales indicadores son insuficientes en materia medioambiental

Este jueves se realizó la segunda reunión y también taller con enfoque ciudadano convocada por el Ministerio de Relaciones Exteriores, instancia que busca integrar la visión de la sociedad civil de cara a la COP25

Con gran participación de asistentes, entre ellos, miembros de fundaciones, estudiantes, y más, se hicieron presentes en una de las pocas instancias que hay para moldear las inquietudes en torno a la cita medioambiental que tendrá lugar en nuestro país en diciembre próximo.

Fueron decenas las preguntas en torno las llamadas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDCs en inglés) son herramientas claves para medir qué está haciendo cada país en materia de cambio climático, y sin lugar a dudas fueron las protagonistas de la cita.

Entre las organizaciones que se hicieron presentes, destacan Fundación Basura, Oceana, Amnistía Chile, Patagonia Sin Represas, Fiscalía del Medio Ambiente (FIMA), y Base Pública.

Revisa nuestra Nota BP y entérate más sobre estas instancias de diálogo ciudadano. Recuerda que eres parte de este factor de cambio.

 

Niños y Niñas: El Factor de Cambio (Climático)

El pasado 22 de abril se conmemoró en varios países del mundo el día de la Madre Tierra, fecha que comenzó a celebrarse en 1970, cuando el 22 de abril de dicho año se realizó la primera manifestación ambientalista masiva en Estados Unidos, en la que participaron millones de personas y que tuvo como resultado la creación de la Agencia de Protección Ambiental. Al cabo de casi cincuenta años hemos llegado a un punto en el que las consecuencias del cambio climático son innegables. En los últimos diez años hemos visto cómo los efectos de éste se han sentido cada vez con más fuerza.

Chile no está ajeno a las consecuencias del cambio climático, ni a la necesidad de instalar la temática medioambiental, tanto en la agenda política como en la conciencia de toda la sociedad. En nuestro país se han realizado esfuerzos importantes y se han endurecido las normativas para generar estándares más exigentes en nuestra relación con el medioambiente. En esta línea es que enfrentamos el desafío país de acoger la versión número 25 de la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP), lo que confirma el compromiso del país con el desarrollo sustentable.

Podemos sin duda ser críticos en relación a los avances de nuestro país en materia medioambiental.  Por cierto, no hemos sido ni lo rápidos ni lo exigentes que la realidad del cambio climático nos ha exigido, sin embargo, no quiero profundizar en esta crítica, sino que más bien pondré el acento en un ámbito que me parece crucial para la instalación – urgente – de una cultura de la sustentabilidad.

Si retrocedemos unos 30 años, recordaremos que fumar cigarrillos era una práctica habitual y poco sancionada en nuestra sociedad. Poco a poco, y apoyado por evidencia científica, se fue instaurando la idea de los efectos nocivos para la salud que provocaba el cigarro, no sólo para quienes los consumían, sino que también para sus cercanos y para la higiene ambiental. Hoy, el porcentaje de fumadores ha bajado drásticamente, y las restricciones para esta acción han aumentado de forma radical. Uno de los elementos claves en esta transformación fueron los niños, niñas y adolescentes, quienes, sin duda, interiorizaron más rápidamente la nueva información científica que indicaba las consecuencias negativas de fumar, y no dudaron en exigirle, no sólo a sus padres, sino que a todo su entorno adulto cercano, que abandonaran este nocivo hábito.

Los adultos cambian más fácilmente sus hábitos cuando éstos se ven amenazados mediante control, fiscalización o sanción. Sin embargo, los niños, niñas y adolescentes interiorizan más rápidamente los nuevos hábitos y actúan como un polo de cambio cultural, principalmente en sus núcleos familiares y principales espacios de socialización.

En nuestra experiencia como desarrolladores del Programa Escuelas y Jardines Cero Residuos, hemos visto que los niños, niñas y adolescentes son los motores del cambio cultural que requerimos para instaurar una cultura de sustentabilidad, no sólo en los establecimientos educacionales, sino que en toda la comunidad educativa. Son ellos quienes cambian rápidamente sus hábitos y comienzan a exigir, que los adultos también adopten estos nuevos hábitos.

Se avecina la COP25 en nuestro país, se están generando cambios, hay más conciencia. No desaprovechemos la gran oportunidad que tenemos de poner en el centro de nuestras tareas, tanto a nivel político, como social, el desarrollo de una educación para la sustentabilidad.

Nos encontramos en un punto de quiebre en que, si no cambiamos nuestra forma de relacionarnos con el medioambiente, los efectos del cambio climático serán irreversibles. Y para esto, la educación para la sustentabilidad es clave, no porque cambiará a futuro la forma en que nos relacionamos con nuestro entorno, sino que nos exigirá a todos el cambio cultural hacia la sustentabilidad que requerimos con urgencia.

*El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la fundación Base Pública.

¿Por qué Deberías elegir Bolsas Compostables?

En esta columna, Coscione analiza las alternativas a las bolsas de plástico, a raíz del proceso en el que se encuentra el país para eliminarlas del mercado.

Hace tiempo se esperaba la concreta entrada en vigor de la primera parte de la ley 21.100, más conocida como “Chao bolsas plásticas”. Los grandes establecimientos comerciales, como los supermercados y grandes almacenes, ya dejaron de entregar bolsas plásticas para el transporte de la mercadería desde el establecimiento hasta los hogares.
Sin embargo, aún quedan todas las demás bolsas que se usan dentro del establecimiento comercial, como las que usamos para envolver fruta, verduras, pan, embutidos, quesos, pollos u otros alimentos no empacados y todos los embalajes. Un gran desafío.

La ley, por tanto, es seguramente mejorable. Sin embargo, no hay duda sobre su objetivo de largo plazo: eliminar las bolsas plásticas del mercado chileno. A pesar de este objetivo, ya estamos viendo cómo el “mercado” empieza a ofrecer alternativas poco sostenibles: las bolsas TNT (tela no tejida) y PP (polipropileno) laminadas se pueden reusar muchas veces, es verdad. Sin embargo también son de plástico, y cuando se rompen, pueden ser hasta más contaminantes que las típicas bolsas de plástico a las cuales estábamos acostumbrados.

Cualquiera de nosotros puede ver en la fila del supermercado, cómo varios consumidores compran este tipo de bolsas, de baja calidad, las llenan demasiado y sistemáticamente las rompen. Uno puede preguntarse: ¿existen alternativas más sostenibles? Sí, las bolsas compostables de origen vegetal, por ejemplo almidón de maíz.

Estas bolsas se pueden reutilizar hasta que ya se rompan. En ese momento se pueden compostar junto con residuos orgánicos y tierra. Por esta razón marcan una gran diferencia respecto a las bolsas TNT o PP. Lo mismo pasa con las bolsas en yute o algodón orgánico. También son compostables, siempre que sus diseños o logos sean de tintas naturales.

Una de las mayores críticas a las bolsas compostables es que se rompen fácilmente. Sin embargo, las probé personalmente con casi 4 Kg de tomates. ¡Y resisten! Siempre hay que encontrar un buen equilibrio y tener cuidado con qué y cómo se llenan las bolsas. Por cierto, eso también era válido para las bolsas de plástico.

Finalmente, estudios científicos de la Unión Europea han demostrado que el almidón de maíz, en ambiente marino, se degrada en sólo nueve meses. Un tiempo muy breve respecto a las bolsas plásticas que pueden demorar siglos.

Repensar nuestro consumo, reducir, reusar y reciclar, son elementos fundamentales. Pero también es importante empezar a producir de manera distinta, dejando el plástico y usando materiales naturales, hacia una economía circular y más sostenible.

2018, Un año Contradictorio en la Agenda Ambiental

El año 2018 termina con varios hitos socioambientales que marcaron la agenda pública nacional. Quizás como fruto de lo anterior, hoy Chile muestra uno de los más altos niveles de preocupación por el medioambiente en las encuestas de opinión a nivel mundial, solo superado por China. La movilización social por estas causas así también lo demuestra.

El proyecto de ley para la reforma al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, la implementación de la ley REP, el inicio de la formulación de la ley marco de cambio climático pero, sobre todo, los nuevos episodios de intoxicación en la Bahía de Quintero y Puchuncaví visibilizaron y masificaron el uso del término “Zona de Sacrificio” en el sentido común de la opinión pública y la ciudadanía en general. En paralelo, el desistimiento de Chile de firmar el Convenio de Escazú cuestionó la coherencia del gobierno de Sebastián Piñera en materias ambientales y de relaciones internacionales. Y todo coronado por la elección de Chile como sede de la próxima COP 25 para discutir la implementación del Acuerdo de París.

Así, varios hechos y elementos se prestan para la reflexión. Uno de ellos es la transversalidad que tiene la participación ciudadana en materia ambiental, como una demanda constante y con posibilidades de mejora. Tanto la reforma al SEIA, el plan de descontaminación de Quintero, como el Acuerdo de Escazú ponen el acento en la necesidad de contar con mejores estándares de calidad en el proceso de participación ciudadana. Se toman mejores decisiones, en términos de información y legitimidad social, cuando éstas se realizan con participación. El hecho de que muchos mecanismos de participación sean procedimentales y no verdaderos insumos para la toma de decisiones desvirtúa estos espacios y les resta la relevancia que merecen. La ciudadanía quiere tener incidencia en las decisiones que las afectan. Por su parte, el gobierno insiste en afirmar que Chile cumple con los estándares que propone Escazú; sin embargo, basta una revisión del acuerdo para darse cuenta de que aún existen brechas que saldar. Solo como ejemplo el más evidente: la protección a los defensores del medioambiente constituye una garantía hacia la ciudadana que hoy el Estado está lejos de cumplir.

Otra característica que se revela como transversal a las temáticas socioambientales de este año es el cambio climático (y donde Chile ya es uno de los territorios más afectados por este fenómeno). Pareciera ser que nuestra institucionalidad ambiental no está preparada para adaptarse al modo y tipo de formas que necesitamos para tomar decisiones en este nuevo contexto. Por ejemplo, ¿cómo gestionar los pasivos ambientales de Quintero, cumpliendo las expectativas de sus habitantes, si no contamos con buenos mecanismos de fiscalización y tomamos decisiones con inventarios que están obsoletos cuando se están recién inaugurando?

Para que la política ambiental sea útil a la vida humana y al ecosistema, necesitamos repensar el modo en que estamos construyéndola. La COP 25 será una instancia única para dialogar en torno a estos desafíos y que Chile se comprometa en acciones concretas para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Todavía queda alrededor de un año para ser anfitrión del evento y, entretanto, tenemos la oportunidad de transformar esta instancia no sólo en una reunión multilateral, sino que en trasladar lo que allí se discuta en orientadores de la política pública nacional. Para ello, y demostrar consistencia entre su liderazgo internacional y acciones internas, el gobierno chileno podría partir por firmar el Acuerdo de Escazú como clara señal de compromiso con mejorar sus condiciones de democracia ambiental.

El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la fundación Base Pública.

COP25: ¿Puede Chile Salvar el Planeta?

¿Puede Chile salvar al planeta del cambio climático? Que pregunta más absurda pensarán algunos. Suficiente tenemos en Chile con la contingencia nacional para estar pensando en el planeta. Primero preocupémonos de solucionar el conflicto en la Araucanía; los desafíos con los migrantes; la crisis de confianza en las instituciones; la convivencia vial; reactivar la economía o cómo librarnos del mal de ojo, por mencionar solo algunos de los titulares que suelen ser noticia por estos días.

En cambio, el planeta y sus problemas son harina de otro costal. ¿Qué tengo que ver yo con el cambio climático?, pensarán otros tantos. O mejor dicho, ¿qué tiene que ver Chile con todo este embrollo que están generando países altamente industrializados como China, Estados Unidos o potencias europeas?

Me atrevo a pensar que la idea de que Chile puede contribuir a salvar al planeta tiene menos de absurdo y más de plausible y real. Y es que a raíz de la reciente adjudicación de Chile como el país sede de la próxima conferencia de cambio climático COP25, muchos nos preguntamos qué impacto o relevancia podría llegar a tener esta cumbre, no solo para Chile, sino para las naciones del mundo y para el planeta donde vivimos –hasta ahora el único que tenemos para sostener nuestro tipo de vida–. Aquí algunas consideraciones de cara al COP25 en Chile.

Primero, y para ser justos, la verdad es que en el concierto del cambio climático, Chile no es parte del problema, sino más bien parte de la solución. Aunque muchos no lo sepan, Chile se ha transformado en un país ejemplo en alternativas sostenibles en generación de energía limpia en el mundo. Y pese a todos los problemas que tiene nuestro país con las llamadas “zonas de sacrificio”, o la triste deuda ambiental en términos de calidad del aire, hoy Chile tiene el récord mundial de generación de energía solar y participación en energías renovables –actualmente Chile genera el 20% de su energía desde fuentes renovables no convencionales, convirtiéndose en líder mundial en la materia[1]–, cuenta con la flota más grande de buses eléctricos en transporte público de Latinoamérica y es el segundo país con la mayor flota, después de China –el pasado 14 de diciembre se incorporaron 100 buses eléctricos al Transantiago, y vienen 100 más en camino–, y cuenta además con una de las legislaciones más progresivas en términos de reducción de desechos, por nombrar algunas iniciativas dignas de destacar.

Algunos recordarán que desde 2018 Chile cuenta con el primer decreto de prohibición de bolsas plásticas en ciudades costeras de la región, y en 2019 se comenzará a implementar la llamada Ley del Reciclaje o Ley REP (por Responsabilidad Extendida del Productor), la cual regula a las industrias para hacerse cargo de lo que producen. Así, la botella de plástico que uno compra en el mercado –y que por negligencia colectiva termina junto a millones de otros residuos en un microbasural o en los océanos– se podrá evitar gracias a regulaciones al mercado en favor del medioambiente.

Con esto sobre la mesa, Chile acogerá a fines de 2019 la COP25 con más soluciones para el mundo, que problemas. ¿Cómo podemos como ciudadanos contribuir en todo esto? Abramos los ojos y entendamos dónde estamos parados. Por un momento, dejemos de mirarnos el ombligo y veamos el rol que jugamos a nivel mundial. Dejemos de lado ese complejo de lo chiquitito y veamos que Chile está a la altura de grandes soluciones. Cada uno de nosotros puede contribuir para hacer este cambio aún más evidente: cuidando los nuevos buses del transporte público; no consumiendo productos desechables; caminando un par de cuadras en vez de hacer viajes inútiles en automóvil cuando sea posible; respetar a los ciclistas y reducir la velocidad para incentivar a mujeres y niños a subirse a la bicicleta y llenas nuestras calles de ruedas sin motores.

Los ojos del mundo estarán puestos en Chile y en lo que podamos lograr como anfitriones. No dejemos que las discusiones y acuerdos de la próxima COP25 queden sólo en paneles de expertos, llevémosla a las calles, a la conversación de sobremesa de nuestros hogares, a los posteos de nuestras redes sociales, y hagamos de este encuentro un ejemplo de cómo Chile logra poner de acuerdo a las naciones del mundo en actuar ahora, de forma urgente, contra el cambio climático. Aunque suene disparatado, quizás con buenos ejemplos Chile puede inspirar al mundo a salvar al planeta (y a la Chilena!) No olvidemos que lo que la historia nos ha demostrado es que los cambios los producen un grupo pequeño de personas –aquellos que los tildan de locos o avezados– y que cuando estos se transforman en la corriente dominante, los cambios se producen mucho más rápido.

[1] Fuente: Climatoscope 2018.

 

*El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la fundación Base Pública.