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Inclusión: La deuda pendiente con la discapacidad

Hoy en día según datos del Servicio Nacional de la Discapacidad, un 20% de la población total de Chile sufre algún tipo de discapacidad y un 59% de esta cifra se encuentra en una situación laboral inactiva. Más de la mitad de estas personas se encuentran frente a un escenario adverso y repleto de injusticias: la inclusión laboral en Chile está muy por debajo de los indicadores internacionales.

Al analizar los porcentajes internacionales, somos uno de los países de la OCDE con más bajo cumplimiento de la Convención Internacional sobre Derechos de Personas con Discapacidad, que establece una cuota laboral mínima de 4%, mientras nuestro país apenas puede alcanzar el 1%, según cálculos del Ministerio del Trabajo.

Dentro de este contexto es que la Red de Empresas Inclusivas (ReIN) de SOFOFA realiza su Cuenta Anual 2019, para dar cuenta de los esfuerzos que se han hecho para avanzar aún más rápidamente hacia un Chile más inclusivo y Justo, para luego dar paso a un panel titulado «Inclusión Laboral en una Sociedad Cambiante», moderado por Nicolás Cruz, Director Ejecutivo de Base Pública.

El espacio de discusión contó con la presencia de diferentes expertos y expertas en el tema como Ximena Rivas, Directora de SENADIS, Paulina Bravo, Abogada y Directora de Odisex, Denisse Goldfarb, Jefa de Recursos Humanos de Wallmart y la académica y Phd en filosofía, Cecilia Aguayo.

Conoce más sobre la situación laboral de miles personas en situación de discapacidad en esta nueva Nota BP.

El Desafío tras la Publicación del Conteo Nacional y Caracterización de NNASC en Situación de Calle

Chile aún marca un alto registro de niños que por diversos motivos se encuentran fuera del hogar. Esta semana el Ministerio de Desarrollo Social y Familia dio a conocer las cifras a la baja del pasado año y los lineamientos a seguir para los próximos años.

Base Pública observó el lanzamiento del informe, que entre otros indicadores, resalta la importancia y eficiencia del Plan Código Azul, estrategia de emergencia que duplica la capacidad de atención para proteger a las personas en situación de calle cuando las condiciones climáticas extremas pongan en riesgo su vida.

Avanza el otoño y se acerca la época dura y fría, el invierno. Desde el gobierno prometen celeridad y el aumento significativo de los recursos para hacer frente a esta situación que tiene a 547 niños en esta situación en 16 regiones y 80 comunas a lo largo del país.

Para enfrentar este flagelo, el trabajo colaborativo de los estamentos gubernamentales, la sociedad civil, el mundo privado y la ciudadanía parecería un buen comienzo. Revisa acá la nota del equipo de Base Pública.

 

Cerremos una Escuela: La del Bullying

a frase “cerremos la escuela” puede sonar como un eslogan de marketing, una controvertida consigna política, pero encierra un significado más profundo que eso. Este es el nombre de una campaña que difunde por las redes sociales la Fundación Todo Mejora y se suma a otros esfuerzos de comunidades que, en Chile, trabajamos para transformar las escuelas en espacios más seguros.

Hoy en nuestro país se ha comenzado a avanzar en la implementación de estrategias para enfrentar el bullying de manera más contundente, pero son desconocidas las fórmulas para evitar que éste se siga produciendo. Según la misma Fundación, tres de cada cinco adolescentes consultados presentan comportamiento suicida. Esto nos permite preguntarnos: ¿Cuántas muertes más tenemos que esperar para poder atacar este problema de raíz? Los distintos casos recientes de suicidio escolar se dan en un país que ya ha avanzado en que cada establecimiento tenga un Reglamento de Convivencia. El problema es que estos instrumentos pocas veces van más allá de la sanción, cuando lo que se requiere es prevenir.

En mi experiencia personal de la etapa escolar, cada vez que un adulto sancionaba a un estudiante por haber molestado a otro, sin querer lo hacía más popular ante los ojos de sus compañeros, de sus pares, porque en ese acto se acrecentaba el capital personal por haber desafiado, indirectamente, a la autoridad. Lo mismo pasaba cuando alguien encontraba un buen sobrenombre para otro y se celebraba esto como una muestra de ingenio, de rapidez mental y, en el fondo, de dominio sobre otro. Sin buscarlo, aplicar el protocolo de anotación o suspensión de algún modo también hacía parecer atractivo a quien ejercía la violencia. De lo anterior se podría deducir que una manera de cerrar la “escuela del bullying” no significa necesariamente llamarle la atención luego de haber sido testigos de algo grave, sino cuestionar profundamente las normas sociales detrás de la convivencia para atacar el problema de raíz. La alternativa no parece ser entonces la sanción, sino que los pares premien las conductas de cuidado y generen costos a las conductas de violencia.

¿Cómo se hace eso? Una posibilidad de respuesta se abre desde Comunidades de Aprendizaje, un proyecto de transformación social y educativa que trajo Instituto Natura a Latinoamérica. Dicho proyecto propone el Modelo Dialógico de Prevención y Resolución de Conflictos basado en el INCLU-ED, la investigación más grande que ha hecho la comunidad europea en educación (2006-2011).

Cuatro son las líneas del modelo dialógico que ayudan a prevenir el bullying. La primera es cultivar en el aula el aprendizaje a través del diálogo. Si no se aprende en clases la solidaridad y la igualdad de las diferencias, es imposible pretender que afuera de la sala pase algo distinto. La educación no sexista por ejemplo, no es efectiva si no se entiende cómo esta norma afecta también el modo en que se refleja el género en la escuela.

La segunda línea es reflexionar juntos respecto de cómo desde la publicidad, las películas, las redes sociales y las interacciones cotidianas se asocia a “lo bacán” con lo violento y a “lo perno” con el hacer el bien y cuidar.

La tercera línea, siguiendo a Paulo Freire, es ver los conflictos como el centro de la dinámica educativa. Apagar los conflictos es perderse oportunidades de aprendizaje. Desde este paradigma se promueve que estudiantes, profesores, apoderados y asistentes de la educación identifiquen los conflictos más graves que afectan a los estudiantes y que vayan a estudiar juntos a sus raíces, para luego realizar y monitorear planes de solución mancomunados. Esto está basado en la convicción de la importancia de la participación de todos y todas. La última línea, es promover que, entre compañeros, se frene la violencia generando costos a quienes la practican y beneficios para quienes son cuidadosos, inclusivos y se ponen del lado de la víctima.

En Chile pronto serán 60 las escuelas que están avanzando en la transformación hacia Comunidades de Aprendizaje. Hoy apuntamos a que este primer paso pueda convertirse en una política pública. Estamos seguros de que cerrar la “escuela del bullying” es abrir la escuela a una verdadera comunidad que apunte a la mejora de los aprendizajes y la convivencia.

*El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la fundación Base Pública.

CHARITYWASHING: Uno de los Problemas de cómo en Chile se Enfrenta la Discapacidad

Ha concluido la Teletón y se ha reabierto el debate sobre el origen, puesta en marcha y efectos del espectáculo televisivo que permite, cada cierto tiempo, aportar al funcionamiento de la fundación que ha asumido el importante desafío de ayudar a quienes viven en situación de discapacidad. Casi $33 mil millones alcanzados, la Teletón menos vista de una década, la felicidad de las familias beneficiadas y las duras críticas de Carolina Pérez son algunos de los saldos de una cruzada que cobija en su seno altos y bajos, principalmente solidaridad e interés privado. En el fondo, las luces y sombras que alberga toda institución que es impulsada por seres humanos.

Hoy un 20% de la población vive alguna situación de discapacidad, es decir, más de dos y medio millón de chilenos y chilenas. Los datos del Estudio Nacional de la Discapacidad de 2015 apuntan a que de este total sobre el 8% (poco más de un millón) presenta situación de discapacidad severa. Está claro, entonces: mientras no tengamos un Estado que se haga cargo en propiedad de esta realidad, iniciativas como la Teletón seguirán siendo ineludibles. Más aún, porque colaboran a que ciertos valores deseables sean socializados masivamente.

Pero así como el bono, el subsidio y la beca son necesarios por la urgencia que imprime la desigualdad, no se debe olvidar que el cambio estructural que se requiere no es el bono, el subsidio ni la beca. El cambio de fondo es aquel que haga innecesarios estos instrumentos. En el caso de la Teletón, buscar transformaciones para no tener que recurrir al bingo –según iluminara el ministro de Educación Gerardo Varela– para enfrentar situaciones que tienen que ser asumidas por la sociedad en su conjunto. En mi paradigma político social, a través del Estado.

Porque muchas son las reflexiones que se desprenden de un Estado ausente de sus responsabilidades.

Una de ellas es que al dejar espacio al involucramiento del sector privado empresarial, con su legítimo primer interés de rentabilidad económica, se trastoca el sentido de interés público que debiera existir en estos ámbitos esenciales.

En la Fundación Teletón hay varios ejemplos de ello: su directorio (solo hombres) está compuesto casi exclusivamente por ejecutivos de empresas, sin ningún representante de la sociedad civil ni del sector público que también trabaje en discapacidad. Esto permea, por cierto, la forma en que se enfrenta el desafío.

Ahí está el que aún hoy Cristal sea la cerveza de la Teletón, marca propiedad del Grupo Luksic desde mediados de los 80.  Este conglomerado también controla el emblemático Banco de Chile, el banco de la Teletón. Por lo menos Cristal ha corrido mejor suerte que Dorada, los vinos Santa Carolina, Clos de Pirque y Gato, y los piscos La Serena, Capel, Ruta Norte, Campanario y Control, que fueron en algún momento también sus auspiciadores.

Lo complejo es que el consumo de alcohol es en Chile, según el Estudio de Carga de Enfermedad y Carga Atribuible (Minsal-PUC 2007), el primer factor de riesgo de muerte y discapacidad. Aunque es clara la contradicción, para el mundo empresarial al parecer no.

Pero esta paradoja, esta colisión de medios con fines, no afecta solo a la Teletón. En Aysén, donde vivo, por estos días existe otro ejemplo concreto.

Desde 2004 funciona, al alero del Club de Leones, el Centro de Rehabilitación de Coyhaique. Este, al igual que la Fundación Teletón desde 2014, realiza una importante labor apoyando a personas en situación de discapacidad, más aún a quienes no cuentan con recursos. Por algún motivo, y similar a lo que ocurre en Magallanes, ambas instituciones trabajan en forma separada con sus propias campañas de recaudación, donde el Centro de Rehabilitación de Coyhaique también recurre al sector privado para cubrir sus costos operacionales.

Es en este contexto es que últimamente se ha visto por diversos sectores de la región un vehículo del centro, particularmente en la cuenca del lago General Carrera. Sus auspiciadores son tres empresas: Recasur, constructora LyD y la australiana Laguna Gold, controladora de minera El Toqui.

Sobre la compañía de repuestos automotrices y la constructora no hay mucho que decir, situación muy distinta a la de El Toqui. Esta faena fue la responsable de los casos de intoxicación de pobladores y muerte de animales en Alto Mañihuales por arsénicoplomo y mercurio constatados por el Colegio Médico en 2015. Y Laguna Gold hoy quiere avanzar hacia la cuenca del lago General Carrera, con varios proyectos de explotación minera de oro, principalmente a través del proyecto de prospecciones Terrazas que pretende instalar 101 plataformas a 3,5 kilómetros del poblado de Puerto Ingeniero Ibáñez.

El problema de coherencia, entonces, se produce al saber que el mercurio, en particular, es causante de múltiples patologías, entre ellas malformaciones severas. Y el plomo genera ciertas discapacidades en adultos, incluidas intelectuales en niños, según ha consignado la Organización Mundial de la Salud de la ONU. Su conclusión es clara: no existe un nivel de exposición al plomo que pueda considerarse seguro.

Esto pone en duda la pertinencia de que una empresa con este historial se suba al carro de la solidaridad por la discapacidad en una especie de charitywashing.

La filantropía privada y la solidaridad ciudadana son importantes y necesarias. Pero esta necesidad no debe ser motivo para obviar discusiones de fondo sobre el sistema social que estamos construyendo.

Uno donde asumir los desafíos estructurales no esté condicionado a la caridad individual (son demasiado relevantes para tener tal nivel de incertidumbre) y donde quienes son, en alguna proporción, causantes del problema, tengan espacio para legitimarse y así seguir como si nada hubiera ocurrido, haciendo empresa de la forma habitual. Es en este punto donde se presenta una profunda contradicción entre el interés público involucrado y los medios para alcanzarlo, nudo que definitivamente no puede ser resuelto simplemente con una óptica de mercado.

El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la fundación Base Pública.

Inclusión Laboral: Mirar las Capacidades

No cabe duda de que la Ley 21.015 de Inclusión Laboral, más conocida como Ley de Cuotas, ha revolucionado el mercado laboral. Esta norma, en su contexto general, exige a empresas privadas y a organismos del Estado con más de 100 trabajadores a tener al menos un 1% de personas con discapacidad. Lo más trascendente de esta ley es que, si bien anteriormente ya se había comenzado a contratar personas con discapacidad, ahora es más general y obliga a hacerlo también a aquellos indecisos o inseguros con poco conocimiento en la materia.

No obstante, aquellos que llevamos años trabajando en esto, con estudios pertinentes publicados en internet y de fácil acceso, lamentamos no haber podido volcar nuestra experiencia para haber hecho una mejor ley. De acuerdo a un protocolo que definimos según nuestra experiencia, son cinco los pasos que hay que dar inevitablemente para incluir y no solo para contratar.

La vida de una persona con discapacidad no es como debiera ser, porque la sociedad en su conjunto le pone barreras: el Estado, porque no ha legislado de acuerdo a los derechos de estas personas; la Sociedad Civil, pues no ha mostrado cuáles son los verdaderos problemas de ellas; y los empresarios, por prejuicios infundados.

Si miramos las necesidades de una persona con discapacidad, la primera y más evidente es superar sus dificultades a través de una rehabilitación. Luego viene su educación, para no quedar fuera de la competencia del conocimiento y habilidades. A continuación se enfrenta al enorme problema que es el acceso a la información, a la movilidad y al transporte; y una vez superadas todas estas barreras, se le presenta la discriminación en el trabajo, donde le destacan su discapacidad pero no le valoran sus capacidades.

¿Por qué se hizo una ley para ayudar a las personas con discapacidad al final de una carrera que es tremendamente difícil y que solo una minoría la logra ganar? Primero debió enfrentarse los problemas de educación y transporte –entre otros–, imprescindibles para salir airoso de ese largo trayecto.

Las empresas que han iniciado desde hace tiempo la inclusión de personas con discapacidad en sus planillas de trabajadores, ahora ven el problema de no encontrar personas capacitadas para ejercer los puestos vacantes que ofrecen a estas personas. La Red de Empresas Inclusivas que SOFOFA junto con la OIT han patrocinado desde el 2015, están detectando lo que se preveía, pues siempre lo han enfrentado como un proceso inclusivo y no solo como una contratación para cumplir con la ley.

Si se llegase a cumplir rápidamente lo que exige la ley, seguramente habremos defraudado a una gran cantidad de compatriotas –16,7% según la ENDISC del 2016–, que van a ser contratados en condiciones en que no se valorarán sus habilidades.

Lo bueno de esta ley es que ha producido un tremendo ánimo por parte de todos los involucrados para hacerlo bien, y eso es un cambio cultural trascendental.

*El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la fundación Base Pública.

¿Qué pasa con la Diversidad y la Inclusión?

Como una paradoja para estos tiempos, en estos últimos días hemos sido testigos de una serie de episodios de discriminación que han despertado la crítica social gracias a su difusión en las redes sociales. Conocimos el caso de un publicista que fue bajado de un avión porque éste no contaba con la infraestructura necesaria para transportar su silla de ruedas, al igual que el de una abogada con discapacidad visual que recibió un mal trato en un restaurante por asistir junto a su perro lazarillo. En la misma línea, una joven mapuche cuya cédula de identidad fue denegada en Santiago por aparecer en la foto con su vestimenta tradicional.

Se hace difícil comprender que estas situaciones sucedan en un contexto en que la diversidad está presente en todas las esferas del ámbito social y cuando desde el Estado se ha fortalecido el marco jurídico para sancionar conductas contrarias al espíritu de convivencia que él mismo intenta fomentar. Tenemos leyes recientes que promueven la inclusión laboral de personas con discapacidad; que sancionan la discriminación hacia grupos de la diversidad y contra el maltrato a comunidades en situación de vulnerabilidad, por decir sólo algunas. Entonces cabe cuestionarse qué nos está faltando, dónde estamos frenados y si los instrumentos públicos son o no suficientes para generar una cultura de respeto y erradicar conductas que atentan contra la sana convivencia.

En consecuencia, lo primero es saber que el respeto, la empatía y el compromiso social son todos valores que se desarrollan desde la educación y el hogar y que deben ser reforzados desde la política pública. Las leyes por si solas no serán nunca suficientes, porque es necesario trabajar desde lo humano.

Para ello hay algunos aspectos básicos y fundamentales por los que partir, como reconocer que existe la diferencia y verla sin distancia; involucrarse en entornos diversos y darse el tiempo de conocer y entender al otro. Asumir que somos reflejo de nuestras propias creencias y prejuicios y que podemos cambiarlos desde el momento en que los hacemos conscientes, dejar de lado la mirada lastimera y asistencialista, tan propia de nuestra cultura, y que no hemos podido erradicar en la implementación de los instrumentos públicos que ya mencionamos. Todo esto, que puede sonar evidente pero donde en realidad hemos avanzado muy poco, nos permitirá marcar la diferencia, ser una mejor versión de¬†nosotros mismos y abrirnos a la posibilidad de convertirnos en agentes de cambio, comenzando por nuestro propio contexto.

 

*¬†El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la fundación Base Pública.

Diáspora Venezolana en Chile: Una Comunidad Organizada

Tres millones de ciudadanos venezolanos están repartidos por el mundo, según informe de ACNUR, de los cuales 2.400.000 se encuentran en países de América Latina. En Chile son la tercera colonia más grande y destacan por ser una de las comunidades más organizadas. Este lunes 19 de noviembre se presenta el libro «Florecer lejos de casa» en Base Pública.

Las cifras son parte de la crisis política, económica y social que se vive en Venezuela y que ha provocado la migración del 10% de su población (3 millones), según un informe de la situación de la diáspora venezolana, realizado por la agencia de la ONU para refugiados, ACNUR. El destino de estas personas pareciera ser seleccionado por la cercanía, así, mientras un millón de personas se han quedado en Colombia, otro medio millón en Perú, 220 mil en Ecuador, en Argentina 130 mil y en Chile 108 mil migrantes y refugiados. En tota, son 2.4 millones los que se han dispersado por Latinoamérica.

“Millones de venezolanos en el exterior. Gente que huye de la crisis. La tendencia refleja que este número seguirá un dramático ascenso, del cual por ahora no conocemos tope”, introduce Ángel Arellano en su libro Florecer lejos de casa, que narra testimonios de la diáspora y que será presentado el próximo lunes 19 de noviembre en la Base Pública y contará con la participación de Arellano, quien coordinó la realización del libro con distintos profesionales venezolanos alrededor del mundo.

Esta obra se compone de breves relatos que dan cuenta de cómo ha sido la llegada de venezolanos a distintos países de América y Europa. Esta nacionalidad se ha convertido en la tercera colonia con más población en Chile, tras la peruana y la colombiana. Es que la llegada de migrantes y refugiados desde Venezuela, aumentó más de 200% desde el 2015, que coincide la llegada de Maduro al poder.

“Yo siempre repito esto: ‘es la mejor decisión que he tomado en mi vida’. Mi vida cambió drásticamente. De tener muy poco y con poca proyección, aún siendo profesional y de una familia educada, no había futuro allá, entonces llegar aquí y darte cuenta que las cosas las puedes lograr siempre y cuando trabajes, es maravilloso”, señala Jorge León, ingeniero informático radicado en Chile desde enero de 2014.

 

ORGANIZÁNDOSE EN COMUNIDAD

León fue el primero de su círculo cercano en llegar a Chile, por lo que desde Venezuela comenzaron a preguntarle por las posibilidades de trabajo, por las visas, por encontrar departamento. Entonces tomó la decisión de crear el blog Venezolano En Chile (VEC), un sitio donde publicar, desde su experiencia, información que puderan necesitar sus compatriotas. “El fin específico y pronto es ayudar a alguien en su caso particular, pero el fin último es lograr que la comunidad venezolana sea organizada, que haga las cosas responsablemente, correctamente; que no dañemos la imagen que los chilenos tienen de nosotros, al menos la mayoría de ellos, y lograr que esa imagen del venezolano se mantenga positiva”.

Es que Chile ha otorgado 130.406 residencias definitivas para refugiados y migrantes venezolanos, datos hasta el 31 de octubre de 2018. La crecida de estas cifras preocupan a León, quien cree que la imagen de su colonia pueda verse afectada, ya que “mientras más gente haya, más chance hay de que pasen cosas negativas, estas últimas hacen mucho más ruido que las las positivas”. Es por esto es que a través de su página intenta fomentar la migración responsable para que el que salga de su país no sea un problema para el país que lo recibe.

A nivel latinoamericano, sólo Colombia ha entregado más residencias definitivas que Chile a los venezolanos, con un total de 415.298, mientras que Perú (110.000), Ecuador (97.000) y Argentina (93.000) completan los cinco primeros de la lista. En total, un millón de permanencias definitivas han recibido ciudadanos venezolanos, mientras se tramitan unas 350 mil más en la región.

“Todos buscamos la forma de salir porque uno siempre aspira a tener calidad de vida, estar tranquilo, tener estabilidad y paz. Yo perdí eso hace tiempo en Venezuela”, narra Luna Ramírez, educadora de párvulos y migrante venezolana que llegó en abril de 2017. En pleno otoño y acercándose el invierno, se dio cuenta del problema que presenta el clima frío de la época, por lo que realizó junto a amigos un ropero para recibir donaciones y entregarlos a migrantes necesitados. Así formó la Red de Apoyo Solidario (RAS).

Posterior al ropero solidario, en RAS comprendieron que había más formas en las que podían ayudar: realizaron charlas, visitas al zoológico y  un evento navideño el año pasado. “Tratamos de vincularnos también con otras organizaciones que hacen actividades y brindan apoyo. Esa es otra de las funciones, tejer redes, porque de repente RAS no puede brindar un apoyo, pero sí conozco a quién lo podría hacer”, señala la fundadora.

Para León, la población venezolana, desde al menos los últimos cinco años, ha tenido los mayores índices de interacción a través de redes sociales, de esta forma “estamos bien conectados y se nos facilita conseguir objetivos porque la primera parte comunicativa ya la tenemos cubierta”.

Tanto el ingeniero como la educadora reconocen que existe una correlación entre el nivel académico de sus compatriotas migrantes y la capacidad organizativa de su comunidad. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) publicó en julio de 2018 la primera Matriz de Seguimiento de Desplazamiento, para caracterizar a la población venezolana en nuestro país.

Esta cuenta con una alta calificación académica, con un 63% de profesionales entre los entrevistados. “Cuando los reúnes ellos querrán aplicar sus conocimientos, experiencias y habilidades, no quedarse en lo básico sino que ir más allá. Eso es un punto importante. Nos falta mucho por crecer, pero vamos apuntando a ser una comunidad cada vez más organizada”, comenta Ramírez.

“Si vamos a ser parte de este país, hay que hacerlo civilizadamente, no hay otra manera. De lo contrario seremos un caos y sufriremos las consecuencias por no hacerlo bien. Mientras podamos mezclarnos, progresar y ayudar al país, nos irá bien”, cree Jorge León.

«Ningún país queda ileso de las migraciones, estos cambian y las personas también. Pero siempre es un cambio positivo, siempre es beneficioso», concluye Luna Ramírez.

De Robots, Empleo y Nuestro Futuro

Estos días he tenido la experiencia única de venir a China a conocer su plan estratégico para el 2025, cómo han reducido su pobreza extrema hasta llegar a sólo el 2% de su población y cómo han tomado como pilares estratégicos la innovación, el equilibrio, la inclusión y la sustentabilidad para su transformación económica y social. El giro radical, junto al cual también están desarrollando un singular modelo “comunista-socialista de mercado”, es comenzar a creer en la habilidad de sus ciudadanos de crear, incorporando alto componente tecnológico.

Es así que en menos de una década hoy tienen empresas enormes de comercio electrónico como Alibaba, JD.com y DHgate.com, que le han abierto las puertas a los pequeños productores rurales al mundo, educándolos, financiándolos y operando bajo una lógica colectivista emprendedora; o en el área del transporte como DIDI –que algunos mal llaman el Uber Chino– que no sólo genera más de 30 millones de viajes de pasajeros diarios, está bajando los atochamientos viales en algunas zonas hasta en un 20%, están integrando el transporte de taxis, buses, bicicletas y aspiran a agregar aviones y trenes, sino que también dan trabajo a millones de familias que antes no tenían posibilidades, ayudando a financiar su primer auto y aportando a la calidad de vida de los ciudadanos.

El vertiginoso avance del desarrollo tecnológico, nos está permitiendo a todos los países plantearnos desafíos grandes, que pueden transformar nuestras sociedades, pero con ello vienen preguntas como, ¿qué sucederá con nuestros empleos ahora que la inteligencia artificial es cada vez más inteligente? Aunque hacer futurología es muy difícil, hay dos corrientes al respecto: los más pesimistas que aseguran que casi la mitad de los trabajos que hacemos hoy los humanos serán muy luego reemplazados por robots, generando una enorme cesantía; y están los optimistas que auguran que la irrupción de las máquinas inteligentes crearán nuevas áreas de trabajos, nos darán más tiempo libre para todos, generarán más productividad, por lo tanto riqueza para distribuir y que cambiará la dinámica del empleo, aportando flexibilidad y habilitando que nazca la era del emprendimiento.

Lo cierto es que pesimistas u optimistas, el mundo del trabajo ya no será el mismo, y con más o menos tecnología corremos el gran peligro de volver a dejar atrás a los mismos de siempre y generar aún más desigualdad. Porque a la mayoría de las mujeres, los jóvenes que no trabajan ni estudian, los adultos mayores y quienes no han tenido acceso a educación de calidad, no les llega esta información. Desafíos como estos se debaten en seminarios de expertos, en medios de comunicación de las élites y en conversaciones de académicos y no los integramos en la conversación. Lo que viene es grande y no podemos enfrentarlo de la misma manera como lo hemos hecho en el pasado, tomando decisiones que afectan a todos, entre algunos. Al igual que los chinos, tenemos que creer en el potencial de crear de todos los chilenos y para ellos invertir esfuerzos y recursos en informar transversalmente, crear instancias de encuentros y conversaciones entre mundos diversos, generar oportunidades de abrir la educación y apostar por las nuevas ideas y en el desarrollo de soluciones, usando tecnología.

Soy una convencida de que en Chile estamos creando un modelo de innovación propio, basado en hacernos cargos de nuestros grandes problemas sociales, soluciones que podemos escalar al resto del mundo. Pero para lograrlo, no podemos seguir siendo grupos de mismos. Las mejores soluciones van a nacer cuando quienes sufren los problemas puedan cocrear el remedio con quienes tienen los recursos económicos, el poder político y los conocimientos técnicos. Sí, podemos ser potencia creadora, uniendo la sabiduría y el ingenio popular, con la gran preparación de nuestros profesionales.

Crear y creer.

El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la fundación Base Pública.