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Pensar cooperativamente: la clave de la reactivación económica y el nuevo emprendimiento

En momentos como los que estamos enfrentando por la pandemia del COVID-19 y la crisis social, el modelo económico de nuestro país ha estado constantemente cuestionado. La ciudadanía pide cambios estructurales y en la discusión, surgen modelos económicos que tienen como pilares la asociatividad y la ayuda mutua.

Las cooperativas han tenido un desarrollo exitoso en algunas naciones como Alemania, donde el 30% del sistema bancario responde al modelo cooperativo. O Estados Unidos, donde en general el aporte al PIB es cercano al 25%. La situación es muy distinta en nuestro país, donde hay más de 1.300 cooperativas activas según datos de la División de Asociatividad del Ministerio de Economía, pero el aporte al PIB es menor al 1%. 

En la siguiente columna de opinión, Mauricio Rojas, Vicepresidente de Cooperativa Libercoop y dirigente nacional en algunas organizaciones gremiales cooperativas, comenta la importancia de pensar cooperativamente para la reactivación económica y las nuevas generaciones de emprendedores.

Voces ciudadanas ven la economía desde el cooperativismo

Hoy en día, Chile vive un movimiento histórico que exige cambios estructurales del Estado, y es en este contexto donde las agrupaciones de emprendedores locales proponen una nueva forma de ver la economía: desde la perspectiva de la colaboración y el apoyo ciudadano. Esta idea de la necesidad de un cambio de sistema económico como elemento clave para avanzar hacia una sociedad más justa, es compartida por los casi 2 millones de chilenos que hoy son parte de una cooperativa.

Mediante el asociativismo, la sustentabilidad, reinversión en lo local y la comunidad, se logra plantear un modelo paralelo de llevar a cabo el emprendimiento y la economía de mercado, mientras se fomenta una nueva estructura que propicie el crecimiento económico sostenible, el desarrollo social y la responsabilidad ambiental.

Conoce las propuestas de la ciudadanía organizada en torno a la economía local en esta nueva Nota BP.

30 expertas ambientales por la innovación social: ComunidadMujer y fiiS en Base Pública

La participación de las mujeres en alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) es prioridad para el Festival de Innovación Social (fiiS), razón por al cual reunieron en Base Pública a 30 expertas en materia medio ambiental para proponer soluciones a los diversos desafíos que la humanidad se enfrenta en la actualidad.

Los alcances serán expuestos en un ciclo de charlas y talleres de liderazgo femenino que se realizará el próximo 4 de diciembre en Fundación Colunga, ya que la mujer es un agente clave para acercarnos a la innovación social en pos de los objetivos de desarrollo sostenible.

Así lo asegura Carola Fuentes, Periodista y directora de Fundación Base Pública: «Las mujeres somos esencialmente creadoras, desde tiempos ancestrales hemos tenido que crear soluciones para poder cuidar a nuestros hijos, para poder alimentar a nuestras familias (…) Estas particularidades son fundamentales para la innovaciónporque son las que nos hacen ver los problemas, y más allá, de asustarnos o quejarnos o reclamar, nos hacen ir a buscar las soluciones a esos problemas y esa es la esencia de la innovación«. 

 

 

El Sueño del Santiago 2030 Existe y es Sustentable

¿Qué dirías si te cuentan que ya hay gente planificando cómo debiera ser Santiago en 2030? Lo cierto es que ese proceso ya se está concretando en centros de estudios, reparticiones públicas, órganos de planificación urbana y oficinas de arquitectura, entre otros. Ello responde a criterios consensuados, para hacer paulatinamente una ciudad que sea más sustentable, integrada socialmente, más verde y amigable, con grandes obras de viabilidad y el acceso correcto de los más necesitados.

Santiago ha crecido hasta convertirse en una megalópolis, que tiene aspectos grandiosos y otros más bien tristes. Es una urbe administrada entre gobiernos locales, ministerios, y la constante iniciativa de cientos de actores privados y de la sociedad civil.

Entre las temáticas que abordan quienes planean e imaginan la Santiago del futuro, están los riesgos de inundación, el sistema de transporte y la calidad de aire, el consumo energético, la gestión de los recursos hídricos, el manejo de los residuos sólidos y una lista interminable de desafíos por resolver.

La verdad es que importan los bocetos imaginados, si se verá más moderna o con más vegetación, pero lo central es cómo debe mejorar la manera en que la principal de Chile acoge y trata a sus habitantes, como los barrios pasan a ser los protagonistas y las brechas urbanas logran ser acortadas. Pero no siempre lo que gana es la imaginación de los expertos y la voz de los ciudadanos. Muchas veces el mercado y otros poderes en el camino deforman lo que pudo ser.

¿Cuánto se tardará la mayoría de su barrio a su trabajo, dentro de una década? ¿Estaremos haciendo las cosas mejor? Según proyecciones de la encuesta Casen, se indica que en 2050 la población de 60 años o más será superior a aquella que se encuentra en el rango de entre 0 y 14 años. Por eso es de vital importancia repensar Santiago ya para el 2030.

Te invitamos a ver esta nota de Base Pública donde podemos adentrarnos más en los proyectos emblemáticos que van en esta línea, el sueño del Santiago 2030.

¿Por qué Deberías elegir Bolsas Compostables?

En esta columna, Coscione analiza las alternativas a las bolsas de plástico, a raíz del proceso en el que se encuentra el país para eliminarlas del mercado.

Hace tiempo se esperaba la concreta entrada en vigor de la primera parte de la ley 21.100, más conocida como “Chao bolsas plásticas”. Los grandes establecimientos comerciales, como los supermercados y grandes almacenes, ya dejaron de entregar bolsas plásticas para el transporte de la mercadería desde el establecimiento hasta los hogares.
Sin embargo, aún quedan todas las demás bolsas que se usan dentro del establecimiento comercial, como las que usamos para envolver fruta, verduras, pan, embutidos, quesos, pollos u otros alimentos no empacados y todos los embalajes. Un gran desafío.

La ley, por tanto, es seguramente mejorable. Sin embargo, no hay duda sobre su objetivo de largo plazo: eliminar las bolsas plásticas del mercado chileno. A pesar de este objetivo, ya estamos viendo cómo el “mercado” empieza a ofrecer alternativas poco sostenibles: las bolsas TNT (tela no tejida) y PP (polipropileno) laminadas se pueden reusar muchas veces, es verdad. Sin embargo también son de plástico, y cuando se rompen, pueden ser hasta más contaminantes que las típicas bolsas de plástico a las cuales estábamos acostumbrados.

Cualquiera de nosotros puede ver en la fila del supermercado, cómo varios consumidores compran este tipo de bolsas, de baja calidad, las llenan demasiado y sistemáticamente las rompen. Uno puede preguntarse: ¿existen alternativas más sostenibles? Sí, las bolsas compostables de origen vegetal, por ejemplo almidón de maíz.

Estas bolsas se pueden reutilizar hasta que ya se rompan. En ese momento se pueden compostar junto con residuos orgánicos y tierra. Por esta razón marcan una gran diferencia respecto a las bolsas TNT o PP. Lo mismo pasa con las bolsas en yute o algodón orgánico. También son compostables, siempre que sus diseños o logos sean de tintas naturales.

Una de las mayores críticas a las bolsas compostables es que se rompen fácilmente. Sin embargo, las probé personalmente con casi 4 Kg de tomates. ¡Y resisten! Siempre hay que encontrar un buen equilibrio y tener cuidado con qué y cómo se llenan las bolsas. Por cierto, eso también era válido para las bolsas de plástico.

Finalmente, estudios científicos de la Unión Europea han demostrado que el almidón de maíz, en ambiente marino, se degrada en sólo nueve meses. Un tiempo muy breve respecto a las bolsas plásticas que pueden demorar siglos.

Repensar nuestro consumo, reducir, reusar y reciclar, son elementos fundamentales. Pero también es importante empezar a producir de manera distinta, dejando el plástico y usando materiales naturales, hacia una economía circular y más sostenible.

Descolonizando el Comercio Justo

Desde sus experiencias pioneras, el movimiento por un comercio justo ha mantenido casi exclusivamente un enfoque Sur-Norte, donde los tres continentes “en vía de desarrollo” (África, América Latina y el Caribe, y Asia) producen las materias primas o los productos que serán transformados, terminados y comercializados en las regiones más industrializadas y desarrolladas: el “Norte” global. El desequilibrio en términos de agregación de valor es especialmente evidente en los productos alimenticios que, hoy día, representan gran parte de este nicho de mercado.

Hoy la necesidad de patrones productivos, comerciales y de consumo más sostenibles (ODS 12) nos obliga a una constante revisión y adaptación del modelo económico. El movimiento latinoamericano por un comercio justo puede y debe aprovechar esta necesidad, transformándola en una oportunidad. Sin embargo, a mi juicio, debe hacerlo desde una perspectiva decolonial.

Son muchos los desafíos que alimentarán una visión decolonial del comercio justo: aclarar qué entendemos realmente por comercio justo; relocalizar los circuitos de comercialización justos y plasmar su enfoque local en políticas públicas diferenciadas; entender que las certificaciones solo constituyen herramientas y no un fin en sí mismas; devolverles protagonismo a las organizaciones de pequeños productores y desarrollar opciones de autogestión y control obrero por parte los trabajadores rurales; promover la descentralización de las acciones y procesos dentro del movimiento, aún caracterizado por una toma de decisión fuertemente eurocéntrica; rescatar alternativas educativas para contrarrestar las imposiciones de modelos europeos que siguen replicándose en el Sur, con aval de quienes aún siguen atrapados en la “colonialidad”.  

Descolonizar la perspectiva económica y política del movimiento es fundamental para construir, en el Sur, otro camino más independiente de la división internacional del trabajo, impuesta por las economías de los países industrializados. La construcción de mercados atractivos, de calidad, rentables y sostenibles en el Sur depende, en gran medida, del proceso de incidencia, posicionamiento y sensibilización que logremos desarrollar.

Este proceso, empieza, en primer lugar, por el cambio de lenguaje y enfoque con el cual abordaremos la propuesta de sostenibilidad del comercio justo. El discurso que se usó en Europa desde la segunda posguerra hasta hoy, obviamente no es suficiente ni adecuado para la realidad y los mercados del Sur. Menos para un enfoque decolonial. Para armar y consolidar este discurso debemos profundizar la reflexión política y social sobre el comercio justo, y articular más estrechamente los vínculos con el mundo de la economía solidaria: cooperativismo, circuitos cortos, consumidores, sistemas de garantía participativos, entre otras iniciativas y movimientos desde abajo que intentan construir una economía “otra”.

Hay que repensar seriamente las prioridades del movimiento y abandonar la “ceguera” de la marca, porque todos los productos producidos bajo los principios y valores del comercio justo pueden y deben ser considerados como productos de comercio justo, no solo los que están certificados y se exportan. De este modo, empezaremos a contar con una canasta amplia de productos de comercio justo y agilizaremos el trabajo de sensibilización y mercadeo con los consumidores responsables.

Todos estos pasos facilitarán la adaptación del comercio justo a la realidad del Sur y posibilitarán mejores diálogos y negociaciones con los representantes políticos. Sin embargo, es necesario que esta adaptación se desarrolle en clave decolonial, donde el Norte no decida, no imponga y no se mantenga en una posición de privilegio en las relaciones comerciales; y donde los muchos “Nortes” y muchos eurocentrismos, que también existen en el Sur, empiecen a asumir el desafío de la decolonialidad.

Nota del editor:

El comercio justo es una forma alternativa de comercio promovida por movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales y por las Naciones Unidas. Promueve una relación libre, equitativa y voluntaria entre productores, comercializadores y consumidores, mediante la creación de canales comerciales innovadores, orientados al desarrollo sustentable y sostenible de la oferta. El comercio persigue la sustentabilidad económica, social y ambiental.

*El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la fundación Base Pública.

El Imperativo Relevo Generacional en las Cooperativas Campesinas

El investigador social Marco Coscione abre la discusión en un tema que pocos están mirando: no hay recambio generacional en las cooperativas campesinas del país. «¿Cómo les demostramos a los jóvenes la importancia de vincularse a la tierra y la agricultura? ¿Cómo los incentivamos a hacerlo de manera asociativa, sostenible y rentable?», se pregunta Coscione.

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¿Productos o Commodities de Comercio Justo?

Especialmente en el mundo anglosajón, pero en general entre todos los que usan el inglés como idioma de trabajo, existe una fuerte tendencia a usar la palabra commodities también para los productos de comercio justo. Sin embargo, me pregunto: ¿Es un producto de comercio justo un commodity? Yo creo que no y que muchos siguen equivocándose.

En español usaríamos los términos “materias primas”, por ejemplo, para los sacos de granos de café o de cacao, para las cajas de bananos o los tambores de miel no fraccionada. Al fin y al cabo, son materias primas y no productos terminados. Sin embargo, el término commodity se refiere a bienes que no tienen una diferenciación de calidad en el mercado, a bienes que no podemos identificar realmente quiénes los produjeron: sufren la llamada commodification o commoditization; un proceso muy usual dentro de la industria alimenticia globalizada. Es por esta razón que el precio de los commodities solo responde a la oferta y la demanda.

En el caso de los productos de comercio justo, por el contrario, sí hacemos una diferenciación clara. Sabemos quiénes y cómo los están produciendo, y sus precios no responden solo a la oferta y demanda del mercado, sino también a los principios básicos del precio justo: cubrir los costos de producción y proporcionar una remuneración digna. Además, a esto se añade el premio social de comercio justo, para inversiones comunitarias y productivas, de acuerdo a lo que los mismos productores establecen en asamblea para el desarrollo de sus comunidades y actividades productivas.

Si no logramos hacer esta diferenciación de calidad y proveniencia, así como esta valorización a través de un precio más justo, entonces está claro que estamos vendiendo un commodity y no un producto de comercio justo.

Por esta razón, es tan importante incluir información sobre la proveniencia y los productores en los empaques de un producto de comercio justo, a diferencia de lo que hacen muchos supermercados con sus marcas propias blancas certificadas. En los supermercados, lamentablemente, los productos de comercio justo sufren cada vez más el proceso de commodification.

Hoy día, desde los actores del movimiento, se hace muy relevante poder evitar este proceso y rescatar las historias de los productores y la calidad de los productos de comercio justo.

 

*Marco Coscione colabora con el Centro Internacional de Economía Social y Cooperativa de la Usach (Ciescoop).

*El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la fundación Base Pública.

Cosecha Justa: Repensando el Consumo de Granos en Chile

Entre las organizaciones chilenas de comercio justo hay varios emprendimientos privados que buscan desarrollar relaciones económicas más solidarias y escribir otro camino para el consumo local de ciertos productos chilenos.

Cosecha Justa es uno de estos emprendimientos. Nació formalmente a finales del 2015, gracias al empuje inicial de dos mujeres que repensar la comercialización de lentejas y garbanzos en Chile, ya que gran parte de esos productos que encontramos en los supermercados provienen de otros países como Canadá y Argentina.

En ese año, el proyecto ganó el Concurso de Emprendimiento Innovador – Jóvenes Innovadores de la Fundación por la Innovación Agraria (FIA): “Sabíamos que tanto las lentejas como los garbanzos se cultivan en Chile y, por tanto, había que rescatar su comercialización entre el campo y las ciudades”, me comenta Denisse, socia fundadora que sigue ahora el emprendimiento junto a cuatro personas más.

Hoy Cosecha Justa comercializa lentejas, garbanzos, quínoa y arroz de cinco productores familiares de las regiones de Valparaíso, O’Higgins y Maule. Además, gracias a un proyecto financiado por el Ministerio de Agricultura, también está comercializando las harinas de esos mismos productos, certificadas comercio justo y “sin gluten”. Entre granos y harinas, en 2018 Cosecha Justa alcanzó la venta de 9 toneladas de productos.

En la Región Metropolitana ya hay varios puntos de venta, pero también en otras ciudades del país. Cada vez más consumidores están comprando los productos de Cosecha Justa: “Les gusta que proporcionemos informaciones sobre los productores en los empaques y en la web. Y los productores también lo valoran, así como valoran la relación constante que tenemos con ellos, porque sienten que su trabajo es valorado y tienen la certeza que le compraremos el producto”.

Así se responde a dos de los principios fundamentales del comercio justo: la transparencia y la visibilización del esfuerzo del trabajo de los productores, y la relación humana de largo plazo que no existe con los intermediarios de turno.

En su desarrollo, Cosecha Justa encontró en la Organización Mundial del Comercio Justo (WFTO) un importante aliado para agregarle valor a los granos chilenos y a la manera de relacionarse con los productores y comercializar sus productos. Desde finales de 2017, Cosecha Justa es miembro pleno de la WFTO, después de haber concluido el proceso del nuevo sistema de garantía de esta red internacional: “el sistema no es difícil y por nuestra filosofía de trabajo lo cumplimos a cabalidad, aunque debemos mejorar en el cálculo de los costos de producción”, me comenta Denisse.

Según Denisse, Cosecha Justa aún es un emprendimiento “semi-viable”. Uno de los actuales retos es aumentar las ventas y crecer para no estancarse. Están pensando en nuevos productos pero aún no en nuevos productores. Los productos de Cosecha Justa son más caros que los similares disponibles en el mercado, justamente porque se incluye una remuneración más justa al productor y se valora la relación humana y de largo plazo en la comercialización. Pero también porque los grandes empresarios chilenos tienden a importar grandes volúmenes de granos desde el extranjero, casi sin trazabilidad, en lugar de promover la sustentabilidad de los pequeños agricultores chilenos, que aún trabajan de manera artesanal. Un reto que nos recuerda la importancia de promover políticas económicas que valoren más la producción y la generación de valor agregado a nivel local, de manera justa y sostenible.

 

* Marco Coscione colabora con el Centro Internacional de Economía Social y Cooperativa de la Usach (CIESCOOP).

El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la fundación Base Pública.