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Jorge Muñoz, gerente general Doble Impacto: “El sistema financiero tiene un rol que jugar”

El concepto de Banca Ética existe hace décadas en el mundo, pero su llegada al país se produjo hace pocos años de la mano de la plataforma de crowdlending, Doble Impacto. Regidos por principios como transparencia radical, criterios éticos de financiamiento e impacto, esta plataforma de inversiones que ha logrado conectar distintos proyectos y organizaciones que generan un impacto positivo en la sociedad con inversionistas que están dispuestos a financiarlos, planea estar operando como banco el año 2022

Jorge Muñoz, gerente general de Doble Impacto, recalca la relevancia de que este proyecto se concrete en Chile para que así podamos avanzar hacia una economía sustentable y responsable con todos los actores que intervienen en ella. “Es importante porque lo que busca es contribuir a cambiar el mundo desde el sistema financiero. El sistema financiero tiene un rol que jugar”, explica. 

Además, aclara cómo las inversiones de la banca influyen de forma concreta en los proyectos económicos y sociales del país. “Si queremos descarbonizar la matriz energética, dejemos de financiar plantas a carbón. Si queremos mejorar la calidad de los alimentos que comen nuestros niños, empecemos a preocuparnos de qué tipo de agricultura estamos financiando”, ejemplifica. 

Desde 2018, Doble Impacto ha movilizado $18.300 millones, financiando más de 317 operaciones pertenecientes a tres grandes áreas: Educación y cultura, desarrollo e inclusión social, y naturaleza y medio ambiente. 

Te invitamos a conocer más sobre este proyecto y el concepto de Banca Ética en la siguiente cápsula BP. 

 

“En medio de la pandemia hay un florecer de iniciativas que aportan a una mejor sociedad”

Gerardo Wijnant, Responsable de medioambiente en Doble Impacto, con 25 años de trayectoria en economías del bien común, en esta entrevista nos cuenta cómo desde el dolor de la pandemia comienzan a surgir emprendimientos con base en los valores de respeto a la diversidad y al medioambiente.

«Las actividades que tenemos que desarrollar deben ser mucho más colaborativas, mucho más empáticas«, asegura el también Ingeniero Civil Industrial, quien, además explica de qué se trata esta propuesta de nuevas economías y cuál es su balance en Chile.

Las Certificaciones de Comercio Justo

El comercio justo y solidario es un movimiento socio-económico internacional. Lo integran diferentes actores y redes, tanto locales como nacionales, regionales y globales. Una de las herramientas que este gran movimiento ha desarrollado para su difusión son las certificaciones.

En la “Guía Internacional de Sellos de Comercio Justo” (2015) se identifican ocho certificaciones que promueven abiertamente criterios de comercio justo: 1) “Fairtrade” de la organización “Fairtrade International”, fruto de la convergencia de las anteriores certificaciones “Max Havelaar” y “TransFair”; 2) el Sistema de Garantía de la “World Fair Trade Organization”; 3) el “Símbolo de Pequeños Productores – SPP”, creado en América Latina por organizaciones de pequeños productores; 4) “Fair for Life”, fruto de la cooperación entre la “Swiss Bio-Foundation” y el “Institute of Marketology – IMO”, hoy parte del Grupo ECOCERT; 5) “ECOCERT Fair Trade”, del grupo ECOCERT; 6) “Fair Trade Certified” de la organización “Fair Trade USA”; 7) “Naturland Fair” de la asociación alemana Naturland; 8) “Organic Fair Trade” de la organización francesa “Bio Partenaire”.

Estas certificaciones promueven enfoques internacionales, pero también locales; algunas prevén que sus productos de comercio justo sean necesariamente orgánicos. Las primeras tres, además, han desarrollado un sistema interno de gobernanza que garantiza la participación efectiva de sus organizaciones miembros de todo el mundo.

De manera muy general, podemos identificar cinco esquemas productivos certificados: a) pequeños productores agrícolas organizados en asociaciones, cooperativas u otros tipos de organizaciones democráticas; b) empresas u ONGs que compran las materias primas de pequeños productores agrícolas no organizados; c) empresas privadas del agro que emplean a trabajadores rurales; d) artesanos organizados; e) empresas u ONGs que compran materias primas o productos terminados a artesanos no organizados.

Como podemos notar, los productos de comercio justo, así como lo entienden las certificaciones internacionales, pueden provenir tanto de la economía solidaria, donde agricultores o artesanos son dueños de la tierra, de sus medios de producción y del negocio; o de la economía privada (social o convencional), donde los productores no son codueños del negocio, aunque puedan tener distintos grados de influencia en el mismo.

 

El contenido de esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la escribe y no representa necesariamente la postura de la fundación Base Pública.

Ciudades y Pueblos de América Latina por el Comercio Justo

Una de las maneras más concretas a través de la cual una municipalidad puede comprometerse con el movimiento por un comercio justo y solidario es la campaña “Ciudades y Pueblos Latinoamericanos por el Comercio Justo”, adaptación latinoamericana de la iniciativa global “Fair Trade Towns”. 

El principal objetivo de la campaña regional es la promoción de los valores, principios y prácticas del comercio justo desde lo local, a través de la estrecha colaboración entre pequeños productores organizados y artesanos de comercio justo, comercializadoras solidarias, organizaciones de la sociedad civil local y, obviamente, las autoridades locales municipales.

La campaña global empezó en el año 2000 y en la actualidad cuenta con casi 2.100 ciudades que se han sumado a ella. No todas logran ser muy activas, pero sí mantienen el compromiso con el comercio justo. En América Latina y el Caribe, contamos ya con varias ciudades que han empezado la campaña local y siguen desarrollando actividades como ferias de productos locales, orgánicos y de comercio justo; eventos de promoción; actividades culturales, académicas y deportivas; talleres sobre el comercio justo; sensibilización sobre el consumo responsable, entre otras.

Rio de Janeiro, Poços de Caldas y Boa Esperança (en Brasil), Quito y Riobamba (Ecuador), Arroyos y Esteros (Paraguay), Marcala (Honduras), Mao (Rep. Dominicana), Tibasosa (Colombia) y Sagrada Familia (Chile), han asumido el desafío de la campaña. Algunas ya fueron declaradas ciudades promotoras por el comercio justo, después de haber cumplido con los criterios establecidos localmente; otras han declarado su intención de sumarse, han establecido los criterios locales y empezado las actividades para lograrlo. 

La campaña “Ciudades y Pueblos Latinoamericanos por el Comercio Justo” es una herramienta de sensibilización e incidencia concreta que tanto las organizaciones de comercio justo como las municipalidades tienen para promover cambios en los patrones productivos y de consumo. Es además una manera muy concreta para estrechar vínculos de cooperación con más de dos mil ciudades en el mundo que comparten un mismo objetivo.